San Lucas (21,25-28.34-36)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habrá signos en el Sol y la Luna y las estrellas, y en la Tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros temblarán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la Tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del hombre".
Palabra del Señor.
Comentario dominical
Pbro. Juan Luis Mendoza
Se acerca vuestra liberación
Con este domingo arranca el nuevo tiempo litúrgico, el Adviento. Esta palabra equivale a "advenimiento" o "venida", y se refiere a la próxima venida de Jesús en la Navidad y a la que tendrá lugar al final de los tiempos.
El tiempo de Adviento, unas cuatro semanas, es para prepararnos espiritualmente a la celebración de la Navidad, natividad o nacimiento de Jesús. Y, considerando la vida toda como un Adviento, lo sería para disponerlos al encuentro con el Señor a la hora en que él venga a buscarnos en la muerte. En ambos casos, el Adviento tiene un hondo sentido de esperanza y gozo, y es una invitación a que levantemos la cabeza pues se acerca nuestra liberación.
El evangelio de hoy consta de dos partes: la primera referida a las catástrofes cósmicas y la venida del Hijo del Hombre; y la segunda a que estemos atentos para no ser sorprendidos.
¿Cuál es el significado de esas conmociones celestes y su repercusión en la Tierra? Dentro de un lenguaje propio de los profetas, esos fenómenos indican las poderosas intervenciones de Dios en la historia de la salvación; en este caso, y más allá del rechazo del Mesías, el triunfo final del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, a cuya cabeza va su jefe, el Hijo del Hombre, el Señor que después de su pasión y muerte ha resucitado, y es su salvador y guía.
San Lucas advierte expresamente que las "señales" del cielo no necesariamente han de relacionarse con la ruina de Jerusalén ni con cualquier otro acontecimiento del momento o del futuro próximo. Se trata de recordar a los seguidores de Jesús, sobre todo en medio de las persecuciones y pruebas, que no teman, que Dios está sobre ellos con su gracia y su poder; que, aunque les cueste, sigan dando su testimonio, porque al fin todo acabará bien: recibirán el premio de su victoria en el cielo.
Lo del Hijo del Hombre que viene "en una nube, con gran poder y majestad", está tomado de Daniel 7, 13ss, y tiene que ver con lo que sigue y es punto central del texto que comentamos: "Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
Se cumplirá del todo y para siempre la misión de Jesús: la redención del mundo. Notan los entendidos que la traducción del término griego original por "redención" y no liberación (como consta en el versículo más arriba transcrito), solo aparece en este lugar de los evangelios; en cambio, en San Pablo hasta siete veces. También se puede traducir como "rescate". En todo caso, es la intervención de Dios, mediante el Hijo, para liberar, redimir o salvar a los hombres.
La segunda parte es una exhortación a la vigilancia, tanto del espíritu de este tiempo del Adviento, espera de la Navidad, como de toda la existencia humana, preparación para la vuelta del Señor que, en nuestra muerte, vendrá a llevarnos con él. El modo mejor de vivir esa espera y esa preparación es la oración, que implica la escucha de la Palabra de Dios, la conversión y el amor; principalmente el amor, objeto principalísimo en el día del juicio (cf Mateo 25, 31-46).