Catania (Italia). El Etna, único volcán activo de Europa, continúa sembrando la alarma entre la población y la fascinación entre los turistas con su erupción más violenta de los últimos 30 años, mientras los expertos insisten en que la lava no amenaza por el momento a los centros habitados.
La colada que presenta un mayor peligro y que se encuentra ya a cuatro kilómetros de la localidad de Nicolosi, la más cercana al volcán, ha reducido su velocidad en las últimas horas, según los vulcanólogos del centro de seguimiento "Poseidón".
Esta ralentización se debe a que la lava, expulsada desde un cráter situado a 2.100 metros de altitud, se ha estancado al llegar a un pequeño "valle" situado a 1.000 metros, lo que dificulta su avance y facilita su filtración por las grietas del manto solidificado de las antiguas coladas de 1892 y 1910.
Nicolosi, de 6.000 habitantes, se encuentra situada a 700 metros de altitud en la ladera sur del Etna, en la isla de Sicilia.
A este alivio temporal de la tensión ayuda también la última grieta abierta en la parte superior del volcán, en la zona desértica del Valle del Bove, que ayuda a aliviar la presión del magma en sus bocas inferiores, según aseguró el director nacional de Protección civil, Franco Barberi.
"Se trata de una 'válvula de seguridad' que nos permitirá tomarnos un respiro", señaló Barberi, a pesar de que el Gobierno declaró ayer la situación de emergencia en la provincia de Catania y de que el temor comienza a apoderarse de los residentes en la zona.
El propio alcalde de Nicolosi, Salvatore Moschetto, admitió que existe un "moderado optimismo", al tiempo que trata de tranquilizar a algunos de los 6.000 vecinos de la localidad que han solicitado ya ser evacuados.
Sin embargo, donde ya se han producido cuantiosos daños es en la estación turística situada alrededor del refugio "La Sapienza", donde la lava ha destruido remontes mecánicos de las pistas de esquí y obligado a evacuar parcialmente sus instalaciones.
La carretera de acceso a esta zona, punto de partida del funicular y de las excursiones guiadas al volcán, ha quedado cortada y los comerciantes locales se lamentan de que la próxima temporada invernal ha quedado comprometida, ya que la lava que ha invadido las pistas tardará años en enfriarse.
La estación ha sido tomada por equipos de televisión de todo el mundo que ofrecen las espectaculares imágenes de la erupción.
Helicópteros de protección civil y aviones Canadair continuaron arrojando hoy agua sobre las diferentes coladas para tratar de enfriarlas y apagar diversos incendios que su avance ha producido.
Al mismo tiempo, equipos de grúas realizan zanjas para tratar de "reconducir" la lava hacia zonas en las que no representen un peligro.
En total son seis las fracturas que expulsan material volcánico abiertas en el volcán, que experimenta su fase más activa en las últimas tres décadas y que mantiene en alerta a los expertos.
Desde que ésta comenzó, el pasado día 12, en la zona se han contabilizado cerca de 2.500 movimientos sísmicos de pequeña intensidad.
Una nube de cenizas se abatió hoy de nuevo sobre la vecina Catania, de más de 350.000 habitantes, aunque las autoridades decidieron reabrir al tráfico aéreo el aeropuerto de Fontanarossa, que ayer permaneció cerrado.
La enorme columna de gas y los vapores volcánicos que expulsa el Etna se pueden ver desde la vecina Calabria (en la punta de la bota italiana), al otro lado del estrecho de Messina, y desde la mayor parte de la isla de Sicilia.
Las autoridades han prohibido el acceso a la zona a los miles de turistas y curiosos que tratan de disfrutar del espectáculo terrible y fascinante de la actividad volcánica, especialmente durante la noche, por temor a accidentes y para no entorpecer la labor de los equipos de emergencia.
En plena temporada veraniega, una erupción del Etna, de 3.340 metros de altitud, representa sin duda una fuerte atracción para la avalancha de visitantes de toda Europa que se desplaza a Italia.
Sin embargo, no hay que olvidar que el volcán que por ahora es tan sólo un espectáculo para los turistas ha originado a lo largo de los siglos una terrible destrucción, como cuando en 1699 una erupción arrasó casi totalmente la ciudad de Catania.
El conocido músico siciliano Franco Battiato, que posee una casa en Milo, en las faldas del Etna, y que ha dedicado una canción al volcán, ha exaltado "la grandeza estética inigualable" del espectáculo ofrecido por "la madre Tierra" del que ha disfrutado en los últimos días.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, Nacion.com Fuente: agencias.