Para algunos el destino es algo predefinido. Lo escrito en piedra no se puede borrar y tanto los acontecimientos gloriosos, como aquellos fatales, son imposibles de predecir, y por lo tanto, tampoco se pueden evitar.
Para otros, al destino se llega a través de una conjugación de circunstancias. Las decisiones propias y las de otras personas, sumadas a acontecimientos fortuitos nos colocan cara a cara con nuestro devenir.
Encuentros fatales , la nueva serie de Investigation Discovery (ID, los jueves a las 9 p.m.), aborda las vicisitudes del destino por medio de las historias de dos personas cuyas vidas se cruzan en un momento clímax en el tiempo. Se trata de individuos comunes y corrientes quienes, sin siquiera sospecharlo, se han embarcado en un itinerario que los llevará hacia una trampa mortal. Mientras el reloj en pantalla va marcando los segundos y minutos, una serie de eventos en marcha conducirán inexorablemente a un terrible desenlace.
El espectador podrá ser testigo de cómo las decisiones capitales que toman los protagonistas de estos angustiosos relatos y los caprichosos giros del destino se confabulan con la tragedia.
En el lugar equivocado
Asesino y víctima. Depredador y presa. Las fuerzas psicológicas y ambientales que llevan a la pérdida de una vida son exploradas –en cada capítulo – por medio de entrevistas con personas ligadas de manera íntima con cada caso.
Se trata de encuentros casuales o planeados por una mente perturbada, como le sucedió a la joven Sarah Brady, de 26 años de edad y nueve meses de embarazo. A punto de dar a luz en cualquier momento, una llamada telefónica la atrae a la casa de habitación de una mujer, en apariencia normal, pero con una psique retorcida. De esto se dará cuenta Sarah en menos de 24 horas, cuando se vea obligada a luchar por su vida y la de su hijo aún por nacer.
Pero no todos los casos presentados en Encuentros fatales corresponden a mentes criminales. Las circunstancias pueden llevar a personas con vidas normales a verse involucradas y enfrentadas con otras en un duelo mortal.
Es el caso de Stuart Alexander, conocido en California como “el rey de los embutidos”. No era este un negocio cualquiera. La empresa familiar tenía 80 años de funcionar y a él le tocaba ahora ocupar el lugar de orgulloso heredero. No solo daba empleo y sustento a los suyos, Santos Linguisa Factory también ofrecía reputación e identidad a toda su familia.
En el otro lado de la historia tenemos a Jean Hillery, una madre dedicada, conocida y admirada en su comunidad por sus fuertes valores familiares. Según rememora uno de los entrevistados, a ella todos los niños, y no solo los suyos, la llamaban “mamá”.
Cuando sus hijos crecieron Hillery decidió volver al trabajo. Recién ascendida al puesto de oficial de cumplimiento de las normas establecidas por el Departamento de agricultura de los EE.UU. su misión era hacer valer las leyes de seguridad en la producción de carne.
Como es lógico suponer, este tipo de trabajo implica frecuentes líos y enfrentamientos entre las autoridades encargadas del cumplimiento de la ley, y los empresarios de la industria cárnica.
Así, el encuentro entre Stuart y Jean es solo cuestión de tiempo, y cuando suceda, el choque de intereses de cada uno propiciaráun trágico final. 1