Nueva York. Para el legendario director italiano Federico Fellini sus películas eran su principal legado, y su máxima preocupación era que las cintas pudieran deteriorarse con el tiempo y desaparecer.
Hace pocos días se estrenó en Estados Unidos una versión recién impresa y parcialmente restaurada del Satiricón , uno de los filmes favoritos de Fellini, basado en la novela homónima del autor romano Gayo Petronio.
Cuando la cinta original se estrenó en Nueva York, en 1970, algunas de las críticas que recibió fueron muy negativas.
La crítica de cine de la revista The New Yorker , Pauline Kael, escribió en marzo de 1970 que la película era "una larga orgía en la que los personajes comen, beben, se solazan en las crueldades y se enfrascan en actos sexuales", y en la que el director "se entrega totalmente a su obsesión con el travestismo, la homosexualidad y los seres monstruosos".
Sin embargo, muchos de los que trabajaron en la cinta, protagonizada por Martin Potter, Hiram Keller y Max Born, la consideraron una obra visionaria.
"Se adelantó tanto a su tiempo", dijo el actor Gordon Mitchell, de 77 años, que hizo el papel de un ladrón que secuestra a un hermafrodita albino. "Presentaba cosas que parecían provenir del futuro".
Mitchell, que ahora reside en Los Ángeles, recuerda que en el rodaje de la cinta se trabajaba en ocasiones sin guión.
"Fellini era un librepensador", comentó a modo de explicación.
El texto
La novela original fue escrita en el siglo I antes de Cristo, tras una disputa de su autor con Nerón, el emperador romano al que Petronio servía de asesor personal.
La obra describe la avaricia y la decadencia de la Roma antigua. La interpretación de Fellini está transida de surrealismo, tanto en el aspecto visual como en el desarrollo del argumento y los personajes.
El hilo central de la historia, en que dos jóvenes estudiantes se disputan los favores de un tercero, se disuelve pronto en una serie de episodios apenas conectados entre sí, que incluyen un banquete epicúreo y un ensayo de funeral.
La cinta termina sin un final propiamente dicho, cuando la cámara se retira poco a poco de un foro tan desarticulado como el propio argumento.
El adiós
Fellini murió en 1993, a los 73 años de edad.
En una biógrafa del cineasta, Charlotte Chandler dijo a Fellini le preocupaba mucho que las copias de sus cintas se deteriorasen tanto que no pudiesen verse más.
En 1990, según Chandler, Fellini le dijo: "Cuando me preguntan si tengo hijos, siempre respondo rápidamente: No; mis películas son mis hijos".