Los juegos de mesa, lamentablemente muy venidos a menos en estos tiempos de entretenimiento tecnológico, son una buena escuela de formación de carácter y de habilidades para la vida cotidiana.
Planeamiento, manejo del tiempo, previsión, paciencia, visión de conjunto, observación, pensamiento crítico, seguridad al momento de tomar decisiones y asumir sus consecuencias, autocontrol y manejo de la frustración, conocimiento y respeto al contrincante, prudencia vs. toma de riesgos y el momentum para una u otro, son parte de las destrezas que se adquieren con la práctica de juegos como el ajedrez, las damas, el póquer, y otros más comerciales pero de alta exigencia estratégica como monopoly, scrabble, o risk.
En scrabble , por ejemplo, gran parte del éxito dependerá del momento en que se toman ciertas decisiones. Como en la mayoría de los juegos, hay un aspecto sobre el que no se tiene control, y ese es la suerte; de ahí que la toma de decisiones estratégicas es determinante, y en este juego en particular, el momento en que se elige una u otra opción, puede definir el resultado.
De quienes son expertos en él se aprende que, sobre todo al principio del partido, una mala combinación de letras se debe desechar lo antes posible y cambiar por una nueva, sin miedo a obtener puntuación de cero en ese turno; porque arrastrar durante varios turnos un lote de letras estéril, como podría ser un grupo de consonantes o una q sin una u, es condenarse a ir formando lentamente palabras de bajísimo puntaje, lo que a la larga resulta la peor de las decisiones.
Por otra parte, el cambio del lote de letras cuando el juego está muy avanzado, generalmente no da tan buen resultado porque la mejor oportunidad ya pasó y es tarde para recuperarse. Por eso, vencer el miedo a correr el riesgo, y correrlo en el momento adecuado, ha demostrado ser una excelente estrategia. Aferrarse a lo que se tiene, sabiendo que es malo, por descuido o por temor al cambio y a lo no conocido, casi nunca trae buenos resultados.
En la empresa o Gobierno. Destrezas como esta, trasladadas al escenario del manejo de una empresa o de un Gobierno, pueden ser la clave para una gestión fecunda. Haciendo un paralelismo con el scrabble , cuando se está dentro del primer cuarto del período presidencial, es el momento para cambiar las fichas que por diversas razones no auguran o no realizan un buen desempeño, por ineptitud, por falta de habilidad política, por errores graves, porque no suman nada al resto del equipo –o incluso le restan en eficacia y en imagen– y, desde luego, cuando hay indicios de corrupción.
Arrastrar más allá de los primeros meses de gobierno a funcionarios que por esas u otras razones se revelan como un lastre, es un lujo que ningún gobernante responsable debe permitirse.
Tampoco está bien incurrir en lo contrario, es decir, desperdiciar o dejar ir fichas valiosas por falta de previsión o de conocimiento del escenario que puede llevar a un excelente funcionario a renunciar.
En otras palabras, se debe hacer lo posible por retener a quien es capaz y proveerlo de las mejores condiciones posibles para que pueda hacer su labor. Por el contrario, lo(a)s inepto(a)s deben ser removido(a)s del cargo en cuanto se hacen evidentes sus primeros tropezones o desaciertos, en vez de privilegiarlo(a)s con una salida voluntaria y además tardía.
El no ser asertivo en el momento apropiado y mantener en el tablero las fichas que no están dando la talla ni logrando resultados positivos, tiene consecuencias perjudiciales no solo sobre la gestión misma del Gobierno, sino sobre la imagen que proyecta en el espacio nacional e internacional; da combustible a quienes le quieren dificultar la gestión, y le quita recursos y tiempo valioso al país.
Por eso, la Presidenta debe dejar claro que tiene la visión, la firmeza y el control necesarios para garantizar a la ciudadanía la calidad de su Gabinete. Somos mayoría los que queremos que su Gobierno sea exitoso, por lo que deseamos que haga las jugadas necesarias sin dilaciones.