La casa blanca con chimenea no despierta sospechas de que un restaurante mexicano habita en su interior, pero un rótulo con la silueta de un mariachi y el nombre Las Mañanitas anuncia que es el lugar indicado. Al entrar, ya no cabe la menor duda: manteles rojos y verdes, un cuadro del volcán Popocatépetl, un sombrero de charro y una foto de Vicente y Alejandro Fernández confirman que todo allí proviene de la tierra azteca.
En el fondo hay un pequeño patio y un corredor con dos mesas al aire libre, pero es de noche y el frío nos invita a elegir un sitio en el salón principal, donde se puede escuchar música de artistas mexicanos y ver la televisión que, por fortuna, permanece sin volumen para no interrumpir los diálogos.
El menú es la prueba más contundente de que México ha metido la cuchara en esta cocina. "Pa' picar" ofrece nachos, frijolitos, cazuelas de queso, guacamole y otras opciones; "Pa' empezar" se puede elegir sopa de tortilla o de mariscos, caldo tlalpeño o caldo xochitl; y en la lista de tacos los hay de chicharrón, de bistec, de alambre, al pastor, con queso, con pollo y muchos más.
Un pico de gallo con tortillas tostadas -cortesía de la casa para todos los clientes- nos sirve de tentempié, de modo que obviamos la entrada y pasamos sin preámbulos al platillo principal. Con el firme propósito de probar un poco de todo, optamos por un plato de antojitos.
¡Vaya antojos!
Nuestro pedido incluye un sope (tortilla con frijoles, pollo, queso y lechuga), media gringa (tortilla de harina con carne de res), un taco de chicharrón (con una carnita tradicional), y uno de los famosos tacos al pastor (es decir, al carbón), acompañados con frijoles y guacamole.
Todo tiene un gustito ciento por ciento mexicano, con salsas hechas en el propio restaurante, con cebolla y cilantro finamente picados, y cada tipo de carne cocido en su punto idóneo. Incluso el té frío, que elegimos por bebida, es exquisito, tanto como el servicio.
El plato de antojitos es más que suficiente para satisfacer en cantidad, sabor y variedad a una persona. Si es un grupo, es mejor pedir una tablita de antojitos o alguna de las "supertablas", con diversos tipos de bocas.
Por supuesto, además de esas ofertas variadas, se encuentra una gran cantidad de opciones entre los platillos mexicanos, las especialidades de cerdo, las carnes de la casa, el arroz arreglado de distintas maneras, y los pescados y camarones al estilo de Las Mañanitas.
"Lo que más nos pide la gente son fajitas de pollo, tacos al pastor, burritos y tacos de alambre", detalla Armando Hernández, dueño del sitio.
El menú también ofrece tentaciones especiales para los amantes del chile, como las enchiladas, el bistec con chilaquiles, la corvina enchipoclada, la corvina veracruzana, los camarones a la diabla y el platillo de cuatro tacos de la casa con carne de cerdo.
Uno de los orgullos de la casa son las pechugas al estilo de Las Mañanitas: rollitos de pechuga de pollo con jamón y queso, cubiertos con salsa picante.
Cuchara mexicana
Las Mañanitas abrió sus puertas hace dos meses y pertenece a una familia de mexicanos de apellido Hernández, oriundos del estado de Veracruz. Ellos llegaron a Costa Rica en 1999 y abrieron el restaurante María Bonita -cerca del Paseo Colón-, en el cual obtuvieron tan buen resultado que Armando y su hermano Oscar se animaron a inaugurar otro local.
Para bautizarlo con un nombre que reforzara su identidad, recurrieron al título de aquella pieza que fue popularizada por Pedro Infante y que ahora cantan los mariachis en cumpleaños y ocasiones especiales: "Estas sooon las mañaniiitas que cantaaaba el rey Daviiid&...;".
Yolanda Aquino, la esposa de Armando, es quien cocina en el nuevo restaurante, con recetas propias y con algunas que aprendió de su suegra. Esto explica por qué sus platillos poseen un sabor netamente mexicano.
"Lo más importante al hacer cualquier platillo es la sazón. Para la familia, yo cocino con bastante chile, pero aquí no lo hago porque la gente no está tan acostumbrada. Eso sí, si un cliente lo pide, le ponemos picante", afirma.
El restaurante cuenta con espacio para albergar a unas 60 personas, y su ambiente es acogedor, aunque las paredes claman, manito, por una manita de pintura. En el segundo piso hay un bar que se encuentra poco acondicionado, mas Oscar Hernández afirma que allí se sirve la mejor "sangrita casera" para acompañar el tequila y asegurar una experiencia aún más mexicana a los visitantes de Las Mañanitas.