Los instrumentos que hoy se utilizan para afinar diagnósticos son maravillas de la tecnología. Entre los que permiten ver hacia el interior del cuerpo sin maltratarlo, dos son extraordinarios: uno que todavía no hay en Costa Rica, la Resonancia Magnética Funcional (FMRI), que deja ver los caminos que recorren las descargas eléctricas codificadas –los llamados pensamientos– al viajar por el cerebro, lo cual ha permitido saber que personas, aun en coma profundo, siguen oyendo, procesando y respondiendo aunque no puedan verbalizar; y otro con que sí contamos, conocido como Ultrasonido de Cuarta Dimensión (4D-US).
La aplicación del ultrasonido al diagnóstico médico empezó hace ya 50 años, décadas menos en Costa Rica, y ha alcanzado muy altos niveles de claridad y precisión: espiar a un bebé durante su desarrollo en el vientre materno es magia que no tiene parangón; apreciar las maravillas de la formación de un ser humano desde el principio, el milagro de ver una bolita con su corazón latiendo. ¡Con su corazón latiendo!
Surgen preguntas a mi mente: ¿Cuántas mujeres buscando un aborto habrán observado así a su bebé? ¿Y cuántos de quienes provocan abortos? ¡Quizás, si primero lo vieran'!
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