Sin Vergüenza.
Bacilos.
Warner Music.
Mucho ruido y pocas nueces es el Sin Vergüenza de Bacilos.
Caraluna –el disco anterior a esta tercera entrega del trío– no tenía canciones geniales, pero al menos no era aburrido. Iba medio disfrazado de no pretencioso, pero en realidad lo pretendía todo. Los Bacilos llenan lugares en conciertos y obtienen premios Grammy y Grammys Latinos. Prueba de que no siempre la mayoría tiene la razón.
Bacilos decía que Sin Vergüenza iba a ser un disco más maduro e intenso que Caraluna , después de Mi primer millón lo de “ambicioso” en manos de Bacilos podría poner a cualquiera a temblar. Pero en Sin Vergüenza las canciones románticas no sorprenden al corazón; las nostálgicas de haber tenido otro tratamiento ( En los 70s ) habrían resultados frescos recuerdos y no historias cajoneras y las canciones sociales... ¿qué es “social” para Bacilos? Será salir en defensa disfrazada de la latinidad ( Mi sangre americana ). Haciendo un esfuerzo por repasar el disco La olla no está nada mal. Tiene buena historia, y está bien contada.
Es cierto que las tonadas de cuatro del guitarrista venezolano Yasmil Marrufo y la participación del tecladista de la banda roquera brasileña Barón Rojo le dan peso al disco, pero este Bacilos sigue siendo un pluma. ¡Liviano, liviano!
Alguna vez, y como “halago”, un periodista extranjero dijo que al ver a Bacilos parecían otro grupo de rock en español, pero eran más que eso. Por suerte estaba equivocado, Bacilos –para jugar con su nombre– no ha infectado el rock sino el pop que ya de por sí padece de muchos males para los cuales hay pocas vacunas.