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Esa hipótesis no necesaria

La negaciónde la conciencia universal no es más que arrogancia

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El primero de enero los nortes se calmaron, el sol calentó y el atardecer encendió en rayos rojizos que se escapaban entre las nubes y alumbraban en conos invertidos al valle o sus montañas. Una leve brisa agitaba las campanas para atrapar el viento y emitir sus notas tranquilizantes. Luego del frío y la llovizna pertinaz, esa tarde, las orquídeas exhibían su delicada belleza y las hortensias rebosaban en sus tonalidades diversas, mientras los colibríes salieron de sus escondites para merodear las flores de los rabos de zorro.








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