
Durante diez años reinó en el área chica. Se retiró en olor de multitudes y extendió sus dominios a Las Cumbres, una inmensa propiedad en San Pedro de Poás, donde campea a sus anchas.
Tal vez Erick Lonis Bolaños parezca un sabelotodo, pero la esencia de su aprendizaje es que ha sabido rodearse de los que más saben de todo. Por eso le va bien en los negocios, ya sea como desarrollador inmobiliario, en la lechería o en
Así como Tom Sawyer se ganó unos dólares poniendo a sus amigos a pintar la cerca de la tía Polly, también Erick dio muestras de su precoz genio infantil para los negocios aquella vez que vendió las hortalizas de su tío Luis y aprendió el valor del dinero y del trabajo.
Apenas se estiró y echó cuerpo encontró “bajo los tres palos”, frase cliché de los comentaristas deportivos, una forma de vida que le permitió estudiar y grabar su nombre en la historia del futbol nacional.
Amigo de los retos tras el retiro de las canchas en el 2003 ingresó al mundo de los negocios y –usando la jerga futbolera– incursionó “con pelota dominada” en la televisión, ya fuera en proyectos de bien social, otras como comentarista y más recientemente productor de sendos programas.
Los lunes presenta
Erick Lonis dejó Turrialba a los 18 años, llegó a San José porque quería ser ingeniero industrial; por dicha le faltaron dos puntos en la nota de admisión y el país ganó un extraordinario portero.
Supo escoger a sus amigos y se arrimó a buenos árboles, pero el éxito lo alcanzó porque lleva dentro de su corazón “un enorme deseo de superación en todo, una gran dedicación al trabajo; una actitud valiente ante los obstáculos y pasión por todo lo que hago.”
En Las Cumbres todas las mañanas tiene una prueba diferente: cómo mejorar el ganado, fertilizar el suelo, producir más leche, aprovechar mejor los recursos naturales, reparar la maquinaria y tratar con la gente.
Como Robert Fulghum bien se podría decir que Lonis aprendió en la cancha todo lo que hay que saber sobre cómo vivir, qué hacer y cómo se debe ser. Y es feliz' aunque tiene camisa.
--¿Ahora es empresario?
--No me gusta que me llamen así. Cualquiera se hace llamar empresario y desvirtuaron ese calificativo. Un empresario de verdad es el que la pulsea para cuando llega fin de mes pagar la Caja, los Seguros , la planilla de sus trabajadores y aun así tener ganancias.
--¿Cómo deben llamarlo?
--A mí me gusta que me digan que soy productor de leche o productor de un programa de TV o que vendo propiedades y construyo cabañas; pero empresario no, porque ahora cualquiera sale diciendo que es empresario y no se sabe de dónde viene su dinero o qué tipo de empresa tiene y entonces echan a un montón en ese mismo saco.
--¿Es un poco obsesivo?
--Realmente así soy yo. Soy algo obsesivo con mi forma de pensar y me gusta reflejar realmente lo que soy y me cuido mucho de evitar falsas percepciones sobre mí. Además heredé la obsesión por hacer las cosas bien de mi mamá que es una perfeccionista en todo.
--¿El éxito genera envidia?
--En este país perdonan todo, pero jamás el éxito. Mi papá –don Lasel– llegó a Turrialba con un par de tacos, era muy pobre, se le dificultaba el español; se casó con mi mamá que es blanca y de clase media; 20 años después era un hombre con una empresa sólida, líder comunitario reconocido, y un día me dijo: “aquí hay mucha gente que me quiere, pero nunca faltará alguien que diga ‘mirá a ese negro hijueputa, vino hace veinte años sin plata y vea lo que tiene ahora’”.
--¿Su papá es negro?
--Mi tata es el hombre negro con más “guevos” que he conocido. Trabajador, líder y valiente. Fue jugador de futbol y se lo trajeron en los años 60 de la Francia de Siquirres para que fuera portero de Turrialba. Era un arquero ágil y rápido. Como yo no toleraba la leche materna me la compraban enlatada y mi tata tenía que tener tres trabajos para que yo tomara leche de calidad: en la mañana era operario en el ingenio Aragón; en la tarde trabajaba en un almacén y en la noche en el salón de baile Moon Río. ¿Cómo no voy a admirarlo?
--¿Usted es creído o malcriado?
--Malcriado nunca pero sí muy exigente conmigo mismo y la gente que me rodea. Me dicen que manejo niveles de calidad demasiados elevados, pero no me importa, no me estreso. Trato a mis trabajadores bastante bien, no me creo más que nadie. Talvez soy algo tímido en público porque nunca se sabe por dónde te sale la gente. Algunos te saludan y otros te vuelven la cara, entonces soy algo serio; pero creído nunca.
--¿Ganó buena plata en la cancha?
--El futbol me dejó dinero porque nunca me lo gasté en extravagancias o vicios. Después de los 30 años invertí en proyectos que me dejaron dividendos. Llega un momento en que el futbolista debe invertir en bienes de capital. Me compré una casa, después una finca, ganado y así crecí. Me ha ido bien con el negocio inmobiliario, la lechería y en otros proyectos.
--¿Qué es mejor: la cancha, la finca, la tele?
--Las dos primeras. En tele lo difícil es opinar porque la gente cree que pensar diferente es ofender, debemos preguntarnos por qué y dar argumentos que sustenten la respuesta. Disfruto mucho hablando con gente que piense diferente, si todos pensáramos igual, las conversaciones serían muy aburridas y los programas de TV también.
--¿De dónde sacó el talento para los negocios?
--A los seis años me gané mi primer salario. Mi tío Luis me enseñó a manejar un viejo Land Rover y andaba para arriba y para abajo en su finca. Él sembraba hortalizas pero tenía un serio problema de comercialización, así que un día junté a la barra de amigos y le dije que las vendiéramos. Me gané seis colones con setenta y cinco céntimos y con eso monté una fiesta con meneítos, granizados, ‘chiwis’, refrescos y tarritos de leche condensada. También vendí nances, fui empacador en un supermercado y nunca me gustó andar limpio, aprecié desde niño el valor del dinero y del trabajo.
--¿Qué le dio por los negocios?
--A punto de retirarme estaba seguro que no me gustaba estar en una oficina, tampoco tener un patrón porque siempre fui un rebelde y deseaba algo propio. Primero compré un terreno para tener ahí a mi yegua Venus, luego compré ganado, inicie venta de quintas y construcción de cabañas y por último monté una lechería.Todos proyectos retadores.
--¿Cuántas yeguas tiene?
--Llegué a tener siete, ahora solo tres:
--¿Para qué tanto afán?
--Me gusta impulsar proyectos y realizarlos. Disfruto teniendo el control y si algo sale mal o bien es por mí responsabilidad y de nadie más. Suena individualista y seguro por eso no me atrae ser entrenador, no quiero que mi futuro dependa de lo que otros hagan en la cancha.
--¿Ser conocido es una molestia?
-- Depende de si los demás se aprovechan de eso para ventilar problemas privados o sacar provecho de tu condición. Una vez apareció mi nombre en una lista de testigos en el caso Parmenio y no tengo idea por qué, si tenés un problema con alguien sobran abogados para acusarte de gratis, hasta me han demandado; pero excepto por esos detalles ser conocido no representa ningún problema.
--¿Por qué lo demandaron?
--Por cortar cinco árboles de ciprés; pero nadie me dijo nada porque sembré tres mil árboles nativos. Algunas personas han creado una secta con el tema del ambiente, como si fuera una religión en vez de un compromiso. Están jodiendo muchos proyectos que generan empleo y lo peor, es que algunos de estos ambientalistas no han sembrado ni una lechuga. Hay que proteger el ambiente; pero también hay que generar empleo y ambas cosas se pueden hacer bien en forma paralela.
--¿Cómo llegó a Saprissa?
--Muchos niños quieren ser saprissistas en algún momento de su vida. Hice dos buenos años con Carmelita y de ahí me ofrecieron irme a Saprissa, le dije a don Enrique Artiñano que me contratara por el salario que pedía porque dentro de dos años la gente iba a relacionar mi nombre con el equipo. Creo que no falté a mi promesa.
--¿Por qué se retiró?
--Una mañana ya no tuve ganas de entrenar y dije hasta aquí llegué, además tenía cinco cirugías en la rodilla y era mejor que me pusieran ahí un zíper. Me apasionaba ir a entrenar y tenía ganas de superarme todos los días, pero se me acabó la gasolina. Tenía 37 años; a esa edad ya no quería más concentraciones donde me dijeran a qué hora salir, qué comer, cuando hacer esto o aquello. Ya estaba muy grandecito para eso.
--¿Era un buen arquero?
--Sí, era muy buen arquero, me siento orgulloso de ver algunos porteros achicando como yo lo hacía, pero lo importante es que defendí la camisa de la Sele y de Saprissa con todo lo que tenía, nunca me guardé nada. Una vez en Guatemala yo mismo me saqué líquido de la rodilla antes de un partido para poder jugar, porque Galvez no quería hacerlo. Era una locura; pero el futbol nos hace así de irracionales. Aun así, no me arrepiento.
--¿Tuvo momentos de frustración?
--Los seleccionados del 2002 teníamos capacidad para estar entre los ocho mejores del mundo; no logramos pasar a la segunda ronda y no nos gusta hablar de eso. Tuvimos un día malo contra Brasil. Ni siquiera veo los resúmenes de esos partidos en Corea-Japón.
--¿El futbol es todo?
--Jugar es solo un momento; primero está el hombre y después el futbolista, si se invierten esos factores baja la autoestima y todo se cae cuando te retirás. Con el futbol aprendí disposición para trabajar en equipo, dar lo mejor, tener un objetivo, saber comunicarme, disfrutar de lo que se hace y competir.
--¿Pudo graduarse?
--Mis padres me inculcaron el valor del estudio; cuando me vine para San José fue a eso, quería ser ingeniero industrial. Aunque no era bueno en el colegio, en la sede universitaria de Turrialba llegué a ser el tercer mejor promedio en estudios generales, pero la nota no me dio para ingresar a esa carrera. Obtuve una beca y duré 15 años para obtener la maestría en administración. Impartí clases en la Universidad Nacional en un curso de mercadeo internacional y cuando entré al aula los alumnos pensaron que era otro compañero; les vi la cara y seguro pensaron que no sabía nada. Me calificaron muy bien.
--¿Y a qué hora estudiaba?
---El jugador tiene más tiempo que otras personas; si entrena en la mañana, le queda el resto del día libre. Puede conseguir becas y aprovechar Internet. Cuando sale de gira solo tiene que adelantar exámenes o trabajos. Es disciplina.
--¿Ha tenido suerte?
--Preparación y suerte. Hay ciertas circunstancias que se dan alrededor de uno que le ayudan. Suerte, destino, Dios, como se llame encontré personas que en algún momento aparecieron y me ayudaron. En mi carrera: José “Pepe” Acuña; Carlos Watson y Enrique Artiñano.
--¿Le va bien porque se acomodó al sistema?
--Uno tiene que saber con quién se asocia; hay que hacerlo con personas que reflejen nuestra manera de ser, tengan los mismos valores y siempre he tenido cuidado de escoger con quién haré un negocio. Si quiero obtener un nueve, busco personas con diez.
--¿Canal 7 es un buen padrino?
--Sí. Los padrinos los escogí yo. Empecé con el 7 en el 2000 en una campaña llamada
--¿Cuáles son los defectos de la prensa deportiva?
--Muchas veces se ha dicho que los jugadores siempre responden de la misma forma, en parte es por falta de preparación de algunos y otra porque los periodistas siempre hacen las mismas preguntas. Aunque algunos se preparan poco y especulan mucho siempre los respeté y nunca discriminé a ninguno. Lo mismo hablé con los del Eco Católico que con la Voz de Matina, porque uno debe respetar al aficionado de todo el país. Nunca me enojé con ellos ni les negué declaraciones.
--¿Pero lo hizo con Intrusos de la Farándula?
--Es increíble que haya gente que crea que uno tiene la obligación de darle entrevistas a cuanto periodista aparezca. Lo que es peor es condicionar la visita de uno a ciertos lugares al hecho de dar declaraciones o no. Por mí se pueden ir al carajo y lo puedo decir sin ningún tapujo. Si siento que un programa es una basura entonces no quiero que mi imagen y mi nombre aparezca ahí.
--¿Qué es lo más difícil para el futbolista?
--Ubicarse. El futbol es un deporte y un medio de vida y debe haber un absoluto compromiso de superación. Nunca distraerse con modas, ostentaciones, carros, programas de televisión, revistas. Todo es secundario.
--¿Hay corrupción en el futbol tico?
--Casos aislados, en general es bastante limpio. Pero lo malo opaca a lo bueno, en general el futbol tico es administrado por gente muy honrada.
--¿Qué es peor: dirigentes, futbolistas o afición?
--Los dirigentes se quedaron atrás porque no se profesionalizaron, siguen haciendo su trabajo gratis y por eso lo hacen bien, mal o regular. Si tuvieran salario o dividendos razonarían mejor sus decisiones y serían más eficientes. El futbol es una industria; el dirigente de un club administra millones de colones o dólares. No me parece mal que algunos dirigentes utilicen el futbol para escalar puestos políticos, eso no es pecado.
--¿Faltan líderes en Costa Rica?
--Se hicieron a un lado porque hay mucha mediocridad; los líderes no quieren meterse a trabajar con los malos; pero hay gente valiente que quiere hacer bien las cosas y son admirables.
--¿Está mal el futbol tico?
--Es una idea mal fundamentada; tenemos un nivel mayor al que la gente cree y de acuerdo con nuestras posibilidades. La prensa ha vendido la idea de que todo está mal. Hay tres factores que inciden en el desarrollo futbolístico: población, ingreso per cápita y experiencia. Hemos ido a tres mundiales y hay países con más ventajas y no han ido a tantos.
--¿Somos muy pesimistas?
--Siempre buscamos excusas para sentirnos mal. Aquí se vive superbien. Tenemos buen clima, agua, recursos naturales, no hay ejército, la educación es aceptable, estamos en una zona geográfica libre de conflictos, podemos producir casi cualquier cosa, no cae nieve, no hay sequías como en África. Somos un país privilegiado.
--¿Usa las redes sociales?
--No tengo Facebook y ya me criticaron por eso en un periódico y en dos programas de televisión. No lo tengo y no creo que lo llegue a tener. Es una pérdida de tiempo y ya he descubierto facebooks falsos con mi nombre.
Soy totalmente reacio a esa herramienta.
--¿Aprendió a bailar?
--Es más fácil atajar. No quería, no me gustaba, no sabía bailar y además los liguistas no iban a ver el programa, pero don René Picado me embarcó y acepté porque me iban a eliminar rápido. Pero me salió el espíritu competitivo, comencé a prepararme, le tomé el gusto y decidí aceptar el reto. Obtuve el tercer lugar y algo me quedó. Lo más importante de esa experiencia fue aprender a no tomarse algunas cosas de la vida tan en serio y reírse de uno mismo.