"En el nombre de cielo, os pido posada pues no puede andar mi esposa amada". Ese estribillo, conocido de memoria por la mayoría de los ticos, volvió a sonar en los últimos días con el inicio de las tradicionales posadas navideñas.
La costumbre, que recrea el camino que San José y la Virgen María hicieron de Nazaret a Belén, es la ilusión de los niños y el recuerdo de los adultos, pues entre cantos, comidas y alegría, ya son varias las generaciones que han acompañado a la santa pareja en su recorrido.
Aunque en los últimos años los aspectos tradicionales de la celebración navideña han cedido espacio ante la avalancha de signos de la época provenientes de Estados Unidos (Santa Claus, osos blancos y nieve), las posadas han sabido mantenerse, evolucionar y tomar lo mejor de lo foráneo y asimilarlo.
"Campana sobre campana"
Aunque es muy posible que se alíen en función de los niños, lo cierto es que sus perfiles diferencian mucho al Niño Dios del gordo Santa Claus. Sin embargo, en las posadas es común verlos, o al menos, oírlos juntos.
Esta es una tradición de origen español que encontró en México una gran acogida. En ese país se celebran con la tradicional piñata y fiesta en grande.
La actividad se desarrolla en los nueve días previos a la Navidad, que corresponden a la novena del Niño Dios. Los participantes acompañan a la María y José (ya sean de yeso o encarnados por miembros de la comunidad) a una casa distinta cada noche, donde se pide la tradicional posada. Durante el camino se entonan cantos propios de la época como Campana sobre campana , Pastores venid y Los peces en el río . En el acompañamiento ocasionalmente va una guitarra, pero las que nunca faltan son las panderetas.
Pese al frío viento navideño, en Curridabat decenas de niños equipados de panderetas y enfundados en sus gorros rojos acompañan a las imágenes de un caminante José y una embarazada María sobre la mula más famosa de todos los tiempos, a su pedido de ayuda casa por casa.
En esa comunidad, la organización de las celebraciones está a cargo de doña Norma Monge, quien por más de 15 años se ha encargado de ser el motor de las posadas.
"Siempre lo he visto como un modo de cooperar con la iglesia y mantener viva la tradición. Pese a los aires modernos, las posadas han logrado mantener gran parte de su esencia", asegura esta mujer, que antes llevó a sus hijas y hoy se acompaña de sus nietos en el recorrido.
Desde el 15 de diciembre, al terminar la misa de las 6:30 p. m., las familias van acercándose a la iglesia curridabatense. "Los días que llega mucha gente a veces pareciera que no van a dejar terminar la misa al padre. Los niños son los más eufóricos y también contamos con buena cantidad de padres y de jóvenes", explicó Monge.
Distintos barrios del cantón reciben a la comitiva y ya en cada casa los anfitriones ofrecen confites, helados y galletas para los pequeños y agua dulce y hasta tamales para los más grandes.
Bien arraigadas
Según Fray Bernard Rojas, de la iglesia de La Dolorosa en San José, las posadas siguen muy presentes entre las tradiciones de los ticos, especialmente en las zonas rurales y poblados periféricos.
"En la capital no se dan pero fuera de San José y en el área rural se conservan como una tradición, enfocada especialmente hacia los niños", aseguró el religioso.
A su criterio, el que los más chiquitos participen de las posadas es un buen mecanismo para que conozcan el recorrido de María y José. "Eso son las posadas: la recreación del camino que los padres de Jesús hicieron hacia Belén".
En el caso de La Dolorosa, la novena se celebra y los feligreses asisten, además, para apreciar el famoso portal que se coloca allí todos los años.
En el recorrido de Curridabat, mientras que los padres de familia cuidan de que ningún niño tenga un accidente (más de una vez han debido hacer las veces de oficiales de tránsito), los niños se entregan al canto y a la espera de la comida que recibirán en la casa del día.
"En algunas comunidades se acostumbra rezar un misterio del rosario cada noche, pero con el inconveniente de que los chiquitos se aburren. En nuestro caso, el sacerdote hace una oración y les explica el significado de la fiesta y después viene la diversión. Hay que ver la ilusión con la que esperan los confites y las galletas", dijo doña Norma.
Tantos años de posadas le han dejado una cosa clara de esta mujer: "Con las posadas podemos ver cómo la gente le abre sus casa a José y María, quienes solo buscaban un lugar para pasar la noche".
El canto de diciembre
En el nombre del cielo, os pido posada, pues no puede andar mi esposa amada.
Aquí no es mesón; sigan adelante, pues no puedo abrir; no sea algún tunante.
Venimos rendidos desde Nazaret; yo soy carpintero de nombre José.
No me importa el nombre, déjenme dormir. Porque ya les dije que no voy a abrir.
w Mi esposa es María, es reina del cielo y madre va a ser del Divino Verbo.
¿Eres tú, José? ¿Tu esposa María? Entren peregrinos; no los conocía.
Entren santos peregrinos, peregrinos...
reciban este rincón, que aunque es pobre la morada, la morada... os las doy de corazón.