
Un cometa que lleva varios años deshaciéndose en trozos se está acercando al Sol, y hace poco pasó por el punto de máxima aproximación a la Tierra. Durante la segunda semana de mayo, uno de sus fragmentos, el C, estuvo a poco menos de 12 millones de kilómetros del planeta, y el domingo 14, el trozo B se acercó hasta unos 10 millones de kilómetros.
No había ningún riesgo de colisión pues esos minicometas pasan a unas 26 veces la distancia que separa la Tierra de la Luna.
Sin embargo, los astrónomos han seguido desde hace meses al cometa 73P/ Schwassmann-Wachmann 3 (SW 3) o, más bien, al enjambre de fragmentos que queda de él.
El caso más famoso de un cometa fracturado es el Shoemaker Levy 9, que, en 1992, al acercarse a Júpiter, se partió en 21 trozos.
El SW3 tiene una curiosa historia astronómica desde que fue descubierto, en 1930, con apariciones y desapariciones, y repentinos aumentos del brillo. Arnold Schwassmann y Arthur Arno Wachmann descubrieron el cometa en mayo de 1930, en una placa fotográfica obtenida con un telescopio en Alemania.
Luego no volvió a verse en casi medio siglo, cuando pudo identificarse en una foto realizada desde Australia, en 1979.
Pero en 1984, su siguiente paso por las cercanías del Sol, tampoco se vio. El próximo 6 de junio, el cometa pasará de nuevo por su perihelio, el máximo acercamiento a la estrella.
SW 3 sigue una órbita muy elíptica que cubre en poco más de cinco años, alejándose del Sol hasta la distancia de Júpiter. En 1995, el cometa volvió a sorprender a los observadores con un brillo inesperado, unas mil veces superior al normal.
Después se vio que el núcleo de SW3 se había partido en al menos, tres trozos; otros dos fragmentos se descubrieron más tarde, informó el Observatorio Europeo Austral (ESO). La destrucción ha continuado: los trozos siguen rompiéndose, y ahora son unos 40, algunos de ellos muy pequeños.
Así, SW3 es una cadena de fragmentos separados -bautizados con las letras consecutivas del alfabeto- que se extiende a lo largo de varios grados en el cielo.
Shoemaker-Levy 9 se fracturó por el fuerte efecto gravitatorio de Júpiter, pero en el caso de SW3, los expertos creen que se debió al creciente calor del Sol.