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Enfoque

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Los cuentos siempre empiezan con eso de “Había una vez...”. Pero: ¿por qué una vez y no muchas veces? O por qué no entrarle directamente al trapo con algo así como: “A las 3:45 de la tarde, mientras llovía, la princesa vio un sapo”. Quizá se pierde en evocación, pero economizamos verbos, cosa hoy muy valiosa. Más aún, ¿por qué siempre tiene que existir una princesa en cuestión? Eso ya ni se estila. Y, puestos en vena crítica, Caperucita Roja (¡quién viste hoy caperuzas!) debiera usar minifalda; el lobo feroz debiera reciclarse como banquero inescrupuloso, un personaje real, a fin de poner salsa a la historia. La cosa es que los cuentos de hoy ya no son lo que eran.








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