Todos los domingos, un grupo de familias de ascendencia china se reúne en el restaurante Dragón Oriental, en San José, para desayunar el
Aquellos foráneos echaron raíces aquí y sus descendientes ya alcanzan, en algunos casos, hasta cinco generaciones. Son parte de la población costarricense y, al haber logrado integrarse tan bien, resulta difícil determinar cuántos hay, aunque una estimación de la Embajada de China en Costa Rica indica que son alrededor de 60.000 personas.
Es común que los ticos relacionen a estos individuos con esos restaurantes pintorescos donde se sirve
Si bien muchos son comerciantes, también hay una sustancial cantidad de profesionales destacados en áreas tan diversas como la medicina, la ingeniería, el derecho, las letras y las ciencias, en cuenta el científico y astronauta Franklin Chang Díaz.
El lazo entre chinos y ticos se fortaleció con el paso del tiempo e, incluso, se ha renovado desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Costa Rica y la República Popular de China, en el 2007. Los costarricenses muestran hoy un creciente interés por conocer la cultura y aprender el idioma del gigante asiático, una potencia de gran peso en el escenario geopolítico mundial.
La forma de percibir a la población china parece estar cambiando. Así lo siente el médico cirujano Gil Reinaldo Con Chin, tico de ascendencia china, con 42 años de edad.
“Cuando mis hermanos y yo estábamos en la escuela, con frecuencia nos molestaban por nuestros rasgos y nos llamaban de manera peyorativa. Ahora nuestros hijos pueden hablar de sus raíces con mucho orgullo, pues sus compañeros tienen un mayor conocimiento sobre China y los respetan más”, afirma.
Lo cierto es que esa gran joya arquitectónica, –el nuevo Estadio Nacional– no es la primera ni la más importante de todas las herencias que ha recibido Costa Rica de parte del pueblo chino.
Gracias a la mezcla de culturas, favorecida por muchos matrimonios entre chinos y ticos, los miembros más jóvenes de estas familias pueden decir que son “más ticos que el gallo pinto, pero más chinos que el arroz cantonés”. Y es que si alguno viaja a China y pide arroz cantonés, probablemente no recibirá lo que espera: este platillo se adaptó a la cocina costarricense como una síntesis de la gastronomía china, que utiliza el arroz blanco para acompañar una variedad de carnes y vegetales servidos por aparte en porciones pequeñas. En otras palabras, lo que conocemos como arroz cantonés es el resultado de un intercambio de larga data entre dos culturas.
La gran mayoría de los inmigrantes que llegaron a Costa Rica en el siglo XIX provenía de la provincia china de Cantón, por lo que casi todos sus descendientes hablan cantonés y no mandarín, que es el idioma oficial.
Los primeros vinieron alrededor de 1885 para trabajar en labores agrícolas; luego, en 1873 y 1887, el Gobierno de Costa Rica autorizó de nuevo la contratación de chinos para la construcción del ferrocarril al Atlántico. Muchos de ellos se asentaron en la región del Caribe y en Puntarenas al finalizar sus contratos.
Pese a que hubo severas leyes migratorias, numerosos chinos se las ingeniaron para ingresar sin haber sido contratados, en busca de mejores condiciones económicas.
Una de las personas que más ha estudiado este fenómeno y ha promovido el respeto intercultural es la historiadora Hilda Chen Apuy, ganadora del Premio Nacional de Cultura Magón 2003.
Como hija de un inmigrante, ella ha descrito que miles de chinos salieron de su país porque esperaban encontrar la fortuna en San Francisco, California, pero el ingreso a Estados Unidos fue restringido y algunos de esos viajeros desembarcaron aquí. Entre ellos estaba su padre, José Chen, quien llegó a Puntarenas cuando tenía 16 años.
“Él fundó la colonia china en el puerto de Puntarenas, adonde llegaban los barcos procedentes de California y otros lugares del continente, así como los que venían de Hong Kong y otros puertos de Asia”, explica la historiadora en una ponencia que presentó en el VII Congreso Internacional de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y África, realizado en México en 1992. “A lo largo de los años, trajo a muchos jóvenes. Según personas ancianas que lo conocieron, él trajo a Puntarenas a unos 200 compatriotas –cifra sin confirmar–”, añade el documento.
José Chen creó la primera asociación de comerciantes chinos en Costa Rica, en 1910, de la cual fue su primer presidente.
Hoy, los chinos conforman la principal minoría étnica asiática en el país y la colonia tiene varias asociaciones. Esto les permite preservar sus lazos y mantener sus tradiciones en ocasiones especiales; por ejemplo, en la festividad del Año Nuevo Chino.
La más reciente es la Asociación Colonia China en Costa Rica, creada tras el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Su presidenta es Isabel Yung, originaria de Hong Kong.
“Tenemos raíces chinas pero hemos adoptado a Costa Rica como país. Por eso, nuestro objetivo es fomentar la integración y la cooperación entre ambas sociedades, por medio del intercambio cultural y de nuestro apoyo al desarrollo del país”, asegura.
Como parte de su labor, la asociación ha participado en el Festival de la Luz e impulsa programas de responsabilidad social en comunidades de escasos recursos. Yung también ha apoyado las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre China y Costa Rica, así como la creación del Barrio Chino, que se construirá en la capital, por iniciativa de la Municipalidad de San José.
Mientras algunos ya tienen toda una historia en Costa Rica, otros han venido en épocas recientes, generalmente en busca de nuevas oportunidades.
Uno de ellos es William Xie, quien salió de China rumbo a Venezuela en 1990. En el 2003, arribó a Costa Rica y hoy es dueño del restaurante Nuevo Oriente, en Sabana sur.
“Yo estoy orgulloso de ser chino, pero tuve que dejar mi país en una época en que la situación económica era muy difícil. En Venezuela trabajé en un supermercado, hasta que empezaron a surgir problemas y me vine para Costa Rica. Aquí me siento bien, me gusta mucho el clima y es un lugar más tranquilo”, afirma este cantonés de 40 años.
Según cuenta, al principio fue muy duro estar lejos de sus parientes porque solo podían comunicarse por medio de cartas que tardaban mucho tiempo en ir y venir de China. Ahora pueden permanecer más en contacto, gracias al correo electrónico.
Como muchos de sus compatriotas, él trabaja de lunes a domingo y reside en la misma propiedad donde tiene su negocio, lo cual le permite estar cerca de su esposa y sus dos hijas, de 3 y 7 años. Para él, como buen chino, la familia es el eje de su vida.
“En Costa Rica, me sorprende que muchos papás descuidan a sus hijos, algunos se limitan a darles una pensión y otros los abandonan por completo. Creo que los niños necesitan estar con sus padres, aunque vivan pobremente, pero lo importante es darles amor”, expresa mientras abraza a su pequeña Sofía.
Según datos de la Dirección General de Migración y Extranjería, en los últimos cinco años se duplicó el ingreso de personas de nacionalidad china al país: se pasó de 1.622, en el 2005, a 3.559 en el 2010. Alrededor de 1.300 trabajadores, entre obreros, ingenieros y arquitectos, vinieron en el 2008 y el 2009 para participar en la construcción del moderno Estadio Nacional, donado por el gobierno comunista de China.
La apertura de relaciones diplomáticas entre ese país y Costa Rica ha favorecido que los chinos se interesen en esta tierra. Así lo afirma el abogado Álvaro Cedeño Molinari, quien trabajó en Pekín, la capital china, cuando se abrió la Embajada tica.
“Nuestra tarea fue dar a conocer a Costa Rica, pues muchos no sabían ni dónde estamos ubicados. El hecho de ser la primera nación centroamericana en entablar relaciones diplomáticas con ellos nos dio una posición importante e hizo que nos vieran como un país con visión y liderazgo. Muchos grupos de empresarios se interesaron en explorar las oportunidades que existen aquí”, explica Cedeño, quien viajó como parte de un equipo de la Promotora del Comercio Exterior (Procomer).
Según cuenta, un momento clave para ese acercamiento fue la visita a Costa Rica del presidente chino, Hu Jintao, en noviembre del 2008.
“Los periódicos de China le dieron un gran despliegue a la noticia, ya que ese es un pueblo obediente que le presta mucha atención a lo que dice su gobierno. A partir de ese acontecimiento, cualquier taxista o vendedor del mercado reaccionaba con interés cuando uno le decía que era de Costa Rica”, añade.
Después de haber vivido dos años y medio en China, Cedeño considera que la sociedad costarricense puede enriquecerse con un mayor conocimiento de los valores chinos.
“A pesar de haber sufrido tanto, es un pueblo que mantiene la filosofía de vida y la disciplina de los agricultores de arroz, que se levantan muy temprano y trabajan sin descanso. Son muy ordenados y mantienen la cultura del ahorro, no son consumistas, lo que les ayuda en tiempos de crisis y les ha permitido crecer como país”, afirma.
Por otro lado, añade, hay que aprender las lecciones que ha sufrido el pueblo chino, como las consecuencias ambientales causadas por la explotación de los recursos naturales. La escasez de agua y de tierras fértiles afecta a una gran parte de la población de China, con más de mil millones de habitantes.
Muchos ticos se han convencido de lo importante que es ahora poder entablar una buena comunicación con los chinos, de manera que no es casual la proliferación de escuelas que enseñan el idioma mandarín.
El Programa de Difusión de la Cultura China, de la Universidad de Costa Rica, abrió en el 2009 con 64 estudiantes, y actualmente cuenta con más de 200 alumnos matriculados. “Existe un gran interés por conocer el idioma y la cultura de China, principalmente entre los jóvenes, ya que es un valor agregado que les puede abrir puertas en nuevos mercados laborales. Ciertas empresas están buscando trabajadores que hablen mandarín y que, además, sepan relacionarse adecuadamente con sus clientes o socios de China”, afirma Mayra Achío, coordinadora del Programa.
El Centro Cultural y Educativo Costarricense Chino, en San José, cuenta con el apoyo de la Embajada de ese país, que se encarga de traer a los profesores graduados en la enseñanza del idioma. La entidad también ofrece clases de
Entre sus alumnos, hay varios descendientes de familias cantonesas que desean aprender o reforzar el mandarín, ya que es diferente aprenderlo “por herencia” que estudiarlo. Uno de ellos es Armando Chan Lee, de 22 años, quien estudia ingeniería civil.
“Estoy aprendiendo mandarín porque sirve para conseguir mejores trabajos; en el ámbito comercial es cada vez más importante. Yo hablo un poco de cantonés, pero este idioma es distinto y solo sirve en Cantón y Hong Kong, mientras que el mandarín es oficial”, afirma.
Ciertas escuelas poseen grupos diferenciados para niños y adultos, y ofrecen cursos individuales o para instituciones. Tal es el caso del Instituto Dongfeng –Viento de Oriente–, ubicado en San Francisco de Heredia.
“Tomo clases privadas porque me resulta más fácil aprender así. Empecé hace dos años, cuando estaba la crisis económica mundial, pues me di cuenta de que hablar mandarín mejoraba mis oportunidades en caso de quedarme sin empleo. Algunas empresas pagan hasta dos o tres veces más si uno habla este idioma”, manifiesta el ingeniero eléctrico José Pablo Hernández, alumno del Instituto.
Las opciones no solo están en Costa Rica, pues el Gobierno de China brinda alrededor de 50 becas al año para el estudio del mandarín en ese país. Más de 200 personas han aprovechado ya esta oportunidad.
El Embajador de la República Popular China en Costa Rica, Li Changhua, escribió lo siguiente en un artículo publicado en
“Siendo países en vías de desarrollo y amantes de la paz, China y Costa Rica enfrentan la misma tarea de promover su desarrollo económico y mejorar el nivel de vida popular. Existe un gran potencial en las cooperaciones en aras de la economía, comercio, finanzas, educación, tecnología, protección ambiental y reducción de emisión de carbono”.
Si por la víspera se saca el día, la historia común entre chinos y ticos tiene aún muchos capítulos por escribirse.