El tipo alto no había terminado de pararse en el escenario, y aquello ya era locura. Así, sin mucha explicación, se entiende el efecto que Ricardo Arjona causó en los miles de almas que llenaron el sábado el Palacio de los Deportes para ver y escuchar al chapín.
Los que opinan que Arjona es un trovador comercial, ni se asomaron por allí, y la verdad nadie los extrañó. Aquel lugar se colmó de muchachas deshechas ante sus historias de amor y de personas que encuentran en Arjona a una de las voces y mentes más admiradas de la música latina.
Un reconocimiento se le debe hacer a los organizadores porque este ha sido uno de los pocos conciertos donde todo sale bien. En esto ayudó el público pues, aunque la gente llegó a hacer fila desde temprano, aguantó el rato con buena cara.
Mercado y reventa
Mientras se acercaba la noche, el mercado se intensificó en las afueras del recinto, con vendedores de camisetas y fotografías con la cara de Arjona moviéndose de lado a lado. Y, claro, los revendedores hicieron el negociazo al vender tiquetes de gradería, que costaban ¢9.000, en hasta ¢15.000.
Las puertas se abrieron y pronto la cancha y las gradas del Palacio se colmaron de un público que no podía ocultar sus ganas de música. Los que llegaron tarde tuvieron que conformarse con los peores espacios porque la seguridad no dejó que nadie se quedara junto a las barandas. Bien hecho.
Tito Oses fue el telonero y estuvo a la altura. La gente le respondió bien, en especial con su tema más sonado, Prohibido prohibir . La inclusión de Bernal Villegas en el número fue una buena idea y el público la agradeció.
Arjona y punto
La asistencia quería a Arjona, y por eso empezó a llamarlo al corear sus temas, algo que no se ve aquí todos los días. El guatemalteco es un éxito indiscutible, y su ausencia en tarima era ya insoportable para algunos.
A las 8:15 p. m., el telón que tapaba el escenario cayó y reveló un bar con todos los requisitos que pide la bohemia: barra, mesitas, ceniceros, meseros, botellas y hasta una rocola acogieron a los músicos que acompañan al cantante. Una vez que la banda estuvo colocada, y el público, histérico, apareció el ídolo.
Vestido de negro total, Ricardo arrancó con Si yo fuera y dejó claro que ese no sería un concierto de trámite pues, aunque las piezas eran recontraconocidas, todas sonaron distintas, con arreglos nuevos y un sabor a lo Galería Caribe .
Sabedor de que su repertorio está lleno de éxitos y de que la gente quería oírlos todos, el artista optó por hacer versiones más cortas de sus principales temas.
Historia de taxi , Primera vez , Quién diría , Así de ilógico , Receta , Lo poco que queda de mí , Si el norte fuera el sur, Te enamoraste de ti, Señora de las cuatro décadas ... Los éxitos se sucedían sin pausas, y, a medio concierto, ya varios estaban afónicos.
Recuerdos
Arjona sabe que su pegue en Costa Rica viene de rato atrás, por lo que sacó un espacio para los recuerdos. "Tengo 10 años de no cantar esto, pero sé que ustedes me ayudarán", dijo, y seguido vinieron Hay amor , ¿Por qué es tan cruel el amor? y S.O.S . Buena parte de la muchachada estaba en la escuela cuando esos temas sonaron, pero eso no impidió que todos cantaran.
Con Buenas noches, don David, el público enloqueció pues cantante y músicos intercalaron la canción con tertulia y comedia, al mejor estilo de un bar trasnochado.
Es de apreciar que Ricardo sabe cuándo hacerse a un lado para dejar que la atención caiga sobre sus compañeros, quienes también se ganaron el favor de la gente (en especial el trompetista Juan Quiñónez). Y, cuando una bailarina muy elástica y poco vestida salió a recorrer la tarima, el cantante sonrió al ver cómo las damas bramaban mientras la danzante le plantaba un beso en la mejilla.
"Hubo un tiempo en que la gente no se sabía mi nombre, pero conocía esta canción", recordó Arjona antes de arrancar con una rejuvenecida Jesús verbo, no sustantivo .
El concierto había pasado las dos horas, y Ricardo se despidió con ¿Cuándo? y Te conozco; y, como la gente le exigió volver, retornó para entregar Un Caribe en Nueva York , Tu reputación , Me enseñaste y Dime que no .
Arjona se marchó y volvió de nuevo para cerrar con Mujeres , pues ellas son su principal fuente de inspiración. Y cuando salió definitivamente de escena, el público no le reclamó pues Ricardo se dio por entero a esa gente que le agradece su oficio de contador de historias.