La dignidad siempre busca un lugar para manifestarse, así sea en las más difíciles condiciones, como las que viven distintos prisioneros en un campo de concentración alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Sobre ese tema gira el argumento de una nueva película que le permite a Hollywood volver con el género bélico: En defensa del honor, filme dirigido por Gregory Hoblit.
Se trata de una cinta con una narración más bien lenta, a la que le cuesta encontrar sus momentos de impacto y que escudriña en las contradicciones de la guerra (por ejemplo: en la intolerancia racista que manifiestan los soldados estadounidenses blancos ante sus compatriotas negros, lo que los asemeja a sus carceleros alemanes y nazis).
Cuando sucede un asesinato entre las barracas, se abre una corte militar que no solo da lugar a un drama judicial, sino que aviva a un filme que se entretenía demasiado en pocas cosas. Incluso mejoran las actuaciones de sus histriones: Bruce Willis, Colin Farrell y Marcel Iures.
Ciertamente, el filme no cae en el patrioterismo barato ni en la exaltación militarista de otras películas del género, pero nos queda debiendo como drama: pudo ser más crítico y valioso.