En las mañanas, los rayos del Sol brillan sobre el rocío de la madrugada. Las copas de los árboles se mueven por el revoloteo de oropéndolas, colibríes, saltarines y tangaras, que cantan en coro mientras el río y las cataratas hacen de orquesta. Desde temprano, un grupo de pajareros observa la actividad y, a las 7:30 a. m., la campana del desayuno suena para llamar a los más dormilones.
Así amanece en Rara Avis, una reserva biológica que se ubica en Sarapiquí, a 700 metros sobre el nivel del mar. Por su altitud tiene un clima agradable (24° C) en pleno bosque lluvioso.
Si usted decide visitar este tesoro escondido, definitivamente tiene que pasar ahí por lo menos una noche. No solo el viaje en "chapulín" desde Horquetas cambiará los planes de quienes pensaron visitar la reserva en un solo día: sobre todo, los cambiará la riqueza natural que se encierra en Rara Avis, tan imponente que los sentidos no dan para más. Lo que se pueda ver, oler, escuchar, sentir y disfrutar, vale la pena.
Rara Avis es un proyecto que se inició hace 16 años, gracias a la iniciativa de Amos Bien, un estadounidense que llegó a Costa Rica en 1977 como estudiante de biología. En vez de trabajar en investigación del bosque, Amos prefirió dedicarse a la conservación del lugar. Hace nueve años, Rara Avis fue declarada reserva biológica privada.
"La idea de este proyecto es demostrar que un grupo de gente puede vivir únicamente de la conservación, sin necesidad de la agricultura o del ganado", explica Johnny Vargas, gerente general de Rara Avis.
Durante todo el año, varios grupos de biólogos, estudiantes e investigadores visitan esta reserva para realizar proyectos. Por ejemplo, hace poco se redescubrió aquí la palma de vidrio (Geonoma epetiolata), que se creyó extinta por más de medio siglo. El 90 por ciento de la población mundial de esta planta vive en Rara Avis.
Quienes visitan el lugar se ven envueltos en su magia. Aquí, los cuartos no se cierran con llave, los focos para alumbrar el camino en las noches no se pierden, los libros de la biblioteca se renuevan cuando los turistas dejan uno ya leído y se llevan otro. En la noche, la luz la dan las lámparas de gas y la gente se quita las botas y camina en medias en el comedor y en los cuartos. Todo es relajado. Los visitantes agradecen este espacio tranquilo donde pueden disfrutar de la naturaleza.
Aventura
En el trayecto para llegar hasta la reserva empieza la aventura. Las personas deben llegar hasta las oficinas de Rara Avis en Horquetas de Sarapiquí (vea recuadro). Ahí se les dan botas de hule y se montan en el "chapulín". Este es un tractor grande con un asiento largo a cada costado, que lleva a los turistas y a su equipaje.
¿Y por qué el tractor? Bueno, usted se imaginará cómo está el camino. Durante el verano es posible que algún carro de doble tracción llegue, pero en invierno es mejor dejar los autos en el parqueo de la oficina de Rara Avis y montarse en el tractor. ¡Y nada de caritas!
El tractor recorre un camino de 12 kilómetros hasta llegar a El Plástico, un lugar que antiguamente se utilizó como cárcel y cuya estructura se conserva intacta.
Ahí, quienes lo deseen pueden bajarse y caminar hasta la reserva. Dependiendo del sendero que se tome, la caminata puede durar de 45 minutos a una hora y media. Es recomendable tener buena condición física. Si no, es mejor terminar el recorrido (de tres kilómetros) en tractor.
El destino final es el albergue La Catarata, donde hay un rancho, un comedor y hasta una pequeña tienda. Ahí lo esperarán algunos guías (generalmente son estudiantes de biología extranjeros que anda haciendo su práctica), quienes lo recibirán con un fresquito y le darán las instrucciones del caso.
Una vez allá, usted puede escoger qué tipo de actividades le gustaría hacer: desde bañarse en las cataratas hasta subir a la Casa Árbol (a 30 metros altura), o recorrer el orquideario, el mariposario y los múltiples senderos.
Con frecuencia hay mucho barro, pero también un espectacular bosque. Y no hace falta decir que este lugar es buenísimo para los pajareros, con más de 350 especies identificadas. A propósito, esta reserva no recibe su nombre porque ahí aparezcan aves raras. En latín, Rara Avis significa también "algo diferente, fuera de lo común"..., ¡y en verdad lo es!
Cómo, dónde, cuándo
Lugar: Reserva Biológica Rara Avis.
Transporte: Si viaja en bus: Autotransportes Sarapiquí (Tel. 250-2798) ofrece el servicio a Río Frío. Sale a las 7 a. m. de la antigua parada de Puntarenas. Debe bajarse en el cruce para Horquetas y haber arreglado con la gente de Rara Avis para que lo recojan. También puede tomar el bus hacia Puerto Viejo que sale a las 8 a. m. y llega directamente a Horquetas. Si toma este bus, debe llamar a la oficina para avisar que lo esperen.
Si viaja en carro: Debe tomar la autopista a Guápiles y doblar a la izquierda en el rótulo para Puerto Viejo. De ahí son 16 km hasta Horquetas. La carretera tiene letreros hacia Rara Avis. El tractor de Horquetas hacia Rara Avis sale a las 9 a. m. y regresa a las 2 p. m. El trayecto dura tres horas y media. Si lo desea, también puede subir a caballo hasta El Plástico y caminar tres kilómetros más.
Comodidades: Rara Avis tiene un hotel con ocho habitaciones -sencillas, dobles y cuádruples-, con baño y balcón. Si se quiere algo más privado, hay dos cabinas un poco más alejadas, cada una con dos camas dobles y baño. Para los aventureros está la Casa Árbol, construida a 30 metros del suelo. Además está La Casita, cabina con cinco camas, y la casa de El Plástico, para grupos de investigadores.
Precios: Los precios van de $45 a $90 por cuarto, por noche, para los extranjeros, y ¢12.500 para nacionales. Esto incluye transporte, alimentación y guías.
Más información: Teléfonos 256-4993, 253-0844 y 764-4187.