A un paso de ser alcohólico; separado de su esposa; fumador empedernido; indisciplinado; rudo hasta decir basta; especialista en ignorar a sus superiores, y acostumbrado a resolver las cosas a la brava. Sí, ese es John McClane, el héroe.
Quizá el personaje más vapuleado en la historia del cine de acción, McClane es además el arqueotipo del rudo, del que solo sabe una manera para lidiar con las adversidades: la suya. Pues bien, después de más de una década de retiro, John está de vuelta. La temporada de patear traseros está abierta.
Duro de matar 4.0 se estrena esta semana en los cines de todo el mundo, Costa Rica incluida, para deleite de los amantes de las explosiones, el humor negro, las explosiones, las golpizas, las explosiones, las piruetas increíbles y, desde luego, las explosiones.
Al igual que sus antecesoras, la cuarta parte de la popular saga de acción protagonizada por Bruce Willis no se anda por las ramas: este no es cine con mensaje ni que busque cultivar el espíritu. No. En el momento en que Willis y McClane se hacen uno, sus leales ya saben que verán entretenimiento puro, acción en sobredosis y adrenalina como para salir del cine sintiéndose el más macho. ¡Grrrrrrrr!
Va de nuevo. Si Sylvester Stallone, con 60 años, pudo volver a calzarse, con más éxito del esperado, los guantes de Rocky Balboa, entonces por qué el buen Bruce no iba a convertirse en McClane una vez más.
En realidad, el proyecto de Duro de matar 4.0 se viene gestando desde hace buen rato, básicamente por insistencia de Willis. El actor ha tenido buenos trabajos en la última década, pero para nadie es un secreto que su carta ganadora siempre ha sido el problemático sargento de la policía de Nueva York.
Pese a las buenas intenciones de Bruce, la idea rebotó por distintos directores, hasta que fue acogida por Len Wiseman, cineasta detrás de las dos películas de la saga Underworld . Y ahí sí, con estrella y director confirmados, los estudios 20th Century Fox dieron luz verde para la producción.
La película empezó a rodarse en setiembre del año pasado y durante su filmación hubo varios inconvenientes, como cuando Willis fue herido con una patada mal dada que lo impactó encima del ojo.
Sin embargo, el accidente más grave lo sufrió el doble de Willis, Larry Rippenkroeger, quien cayó desde una altura de 10 metros al pavimento y, como resultado, se quebró varios huesos de la cara y ambas muñecas. Un acongojado Bruce pagó el hospedaje de los padres de Larry en un hotel cercano mientras este se recuperaba.
Hasta ahí todo iba dentro de lo esperable en una filmación de este tipo. De hecho, el principal problema entre la estrella de la película y el estudio no se dio en el plató.
Aunque las tres primeras Duro de matar fueron clasificadas como solo aptas para mayores de 18 –como tiene que ser–, la Fox decidió editar la nueva película, a fin de obtener una clasificación más baja y acceder a un público mayor.
La medida molestó mucho a Willis, quien consideró que los recortes le restaban fuerza al filme. Aún así, el actor se declaró más que satisfecho con el producto final.
Terrorismo digital. John McClane sabe cómo hacer explotar las cosas. Eso siempre le ha bastado. De ahí su embrollo cuando supo que su nuevo adversario no hace estragos como bombas, sino desde el teclado de una computadora.
En Duro de matar 4.0 , John, otra vez, transforma un día normal en el apocalipsis. El testarudo policía anda de malas: tuvo una discusión con Lucy, su hija universitaria (Mary Elizabeth Winstead), y recibió la aborrecible orden de custodiar al hacker Matt Farrell (Justin Long) a un interrogatorio.
Todo esto ocurre el mismo día que un grupo de terroristas cibernéticos ocasiona el caos y paraliza todos los sistemas digitales del Gobierno estadounidense. Para su desgracia, McClane de computadoras no sabe nada... él es análogo, de la vieja escuela.
Así, el duro, sardónico y adorable John se interpone de nuevo en los planes maquiavélicos de los malos. Eso sí, en esta ocasión el héroe más antiheroico echará mano a los conocimientos cibernéticos de Farrell, pues él de geek no tiene nada.
La llegada de la película viene a romper la norma imperante en los grandes estrenos de esta temporada, todos dominados por los efectos digitales. En cambio, McClean es acción pura, exagerada a más no poder, pero, al menos, real y no creada en una computadora (la escena del choque aéreo entre un helicóptero y una patrulla se hizo con vehículos de verdad).
Este John McClane ya no es el mismo de antes. Aún así, a la hora de exterminar terroristas no hay quién le gane. Los amantes del cine de acción saben que cuando John dice su famoso “ Yippee-ki-yay ”, a alguien le va a doler.