
Los Ángeles. EFE Los primeros pases de Sicko, la nueva película del polémico Michael Moore, han impresionado a la prensa de Hollywood con su dura crítica al actual sistema sanitario estadounidense.
Moore, galardonado con el Oscar en el 2003 con Bowling for Columbine , se adelantó esta semana al estreno estadounidense de su último documental el próximo 29 de junio con proyecciones previas de una cinta, que está dando mucho de qué hablar.
El nuevo trabajo del autor de Fahrenheit 9/11 una vez más dividió al público entre acérrimos críticos y fervientes seguidores.
Dos bandos que al menos están de acuerdo en dos puntos: la presencia de Moore es menor que en sus otros trabajos a la hora de “perseguir” al entrevistado y los horrores sanitarios desgranados en Sicko son suficientes para enfermar a cualquiera.
Ese es el esquema seguido por Moore desde los primeros fotogramas de Sicko, cuando presenta al espectador a Adam, a Rick, o a Larry y Donna, entre otros muchos de los citados por nombre, protagonistas en sus propias carnes de los problemas que genera la carencia de un sistema público de sanidad en Estados Unidos.
Como recuerda Moore en voz en “off” como narrador de una historia que cuenta con tono de cuento de hadas, Sicko no habla solo de los horrores que viven los 50 millones de estadounidenses sin seguro médico, sino también de los otros 250 millones que completan la población de Estados Unidos y que pagan por este servicio.
El documental alterna los testimonios de afectados con datos históricos o declaraciones desde el otro lado de la barrera.
Sin entrevistar a los dirigentes de las principales aseguradoras en Estados Unidos, encargadas de proporcionar la cobertura médica a sus abonados, ni perseguirlos en busca de declaraciones como en sus obras anteriores, Michael Moore cuenta en esta ocasión con testimonios de personas que trabajaron para estas firmas.