
De adolescente, Gore Verbinski creía que la música punk sería su futuro. Claro, eso fue hasta que vendió su guitarra para comprarse una cámara de video.
Sus buenos años han pasado desde que aquel joven cambió los sueños roqueros por los hollywoodenses. Hoy, Verbinski no es un director muy popular, al menos no al estilo de los Spielberg, Scorsese, Singer, Tarantino, Rodríguez o Burton, cuyos apellidos bastan para atraer espectadores en masa.
Sin embargo, Gore Verbinski ya se garantizó su página en la historia del cine, en vista de que ha sido el cerebro y socio del productor Jerry Bruckheimer detrás de la trilogía Piratas del Caribe , cuya tercera parte, En el fin del mundo , se estrenará esta semana.
Si bien Gore es uno de los directores que más dinero ha generado en todos los tiempos, injusto sería limitar su obra a cuentos de piratas, pues ya había dado qué hablar con un trío de ranas cerveceras.
Inicios. Nacido en Tennessee en 1964, este descendiente de polacos en su adolescencia se dedicó a la música, siendo el guitarrista de la banda punk Daredevils, en la que tocó con Brett Gurewitz (Bad Religion) y Josh Freese (Vandals).
Las ganas de hacer videoclips bastaron para que Verbinski se enamorara de la producción audiovisual y pronto estaba dirigiendo videos para bandas como L7, Bad Religion y NOFX.
Con facilidad, el joven realizador saltó a la publicidad, donde hizo comerciales para Nike, Cannon y Coca-Cola. Sin embargo, su trabajo más recordado es el famoso comercial de las ranas que dirigió, en 1993, para la cerveza Budweiser, y que le valió múltiples premios.
El siguiente paso fue el cine, donde debutó con el corto The Ritual , en 1996, y al año siguiente hizo Mousehunt .
Su perfil se elevó en el 2001, cuando dirigió a Brad Pitt y a Julia Roberts en La mexicana, pero su gran momento se dio con el exitoso refrito de terror El aro , en el 2002.
Lo que sigue es historia conocida: Verbinski se vistió de pirata y los millones empezaron a llover.