
Berlín. efe. El director de cine alemán Tom Tykwer logró embriagar a Alemania con el estreno de su película El perfume. Historia de un asesino , basada en la novela homónima de su compatriota el escritor Patrick Süskind.
Aunque muchos de los 15 millones de lectores de la obra de Süskind (traducida a 45 idiomas) podrían sentirse decepcionados con la adaptación cinematográfica de la novela, el filme de Tykwer cosechó fuertes aplausos en los estrenos de Múnich y Berlín.
La cinta narra la historia del joven Jean-Baptiste Grenouille (Ben Whishaw), quien alardea de tener un fino sentido del olfato, que perfeccionará dedicándose a crear esencias para el perfumista parisino Baldini (Dustin Hoffman).
El director de El Perfume declaró que “una de las mejores partes de hacer esta película fue rodar en España”, y agregó que eligió Barcelona y Gerona para rodar en vez de París y Grasse porque “han guardado mejor la esencia de la arquitectura” de la época.
Reto. Whishaw, que para preparar su personaje vio la película El hombre elefante , explicó la dificultad que supone para una actor interpretar a un personaje como Grenouille obsesionado por los olores, “algo que es intocable e invisible”.
El joven actor británico, que en su próximo filme encarnará “al Bob Dylan poeta”, no acudió a ninguna fábrica de perfumes para adentrarse en el arte de crear fragancias porque Grenouille "no tenía un conocimiento técnico sobre cómo crear perfumes, sino que lo suyo era instinto puro”.
Junto a Whishaw y al veterano actor Dustin Hoffmann, completan el reparto Alan Rickman, en el papel del comerciante Richis, y Rachel Hurd-Wood, de 16 años, que interpreta a su hermosa hija Laura, la última obsesión del asesino.
El productor Bernd Eichinger logró convencer a Süskind en el 2001 para llevar su novela al cine y el resultado es la película más cara de la historia del cine alemán: una superproducción con sello “made in Germany” con un presupuesto de 50 millones de euros.
El director Tom Tykwer no ha querido recurrir a efectos especiales para evocar los olores que obsesionan a Grenouille porque “si el libro no huele, ¿por qué tiene que oler la película?”, afirmó Tyker.