
Bogotá. AP. Los melodramas de las tradicionales telenovelas colombianas rivalizan con un programa de televisión que parece inspirado en las enseñanzas del artífice del comunismo, Karl Marx.
Los principios expuestos por Marx en su teoría de lucha de clases resucitaron en Colombia en uno de los más exitosos productos de la sociedad de consumo: un reality show . La lucha entre ricos y pobres es explotada todas las noches en Desafío 2006 , un programa que transmite Caracol, la cadena propiedad del hombre más rico del país y símbolo del capitalismo, Julio Mario Santodomingo.
En cada capítulo un equipo de las clases alta, media y baja luchan entre sí ante las cámaras para llevarse un premio final de unos 300.000 dólares.
“ El programa es muy similar a la vida real”, dijo la vicepresidenta de Caracol, Cristina Palacios.
En un país que sufre una guerra civil desde hace medio siglo y padece altos niveles de concentración de riqueza, la versión endulzada que presenta el programa sobre las divisiones sociales ha sido fuertemente criticada.
Desde su lanzamiento, en julio, Desafío 2006 puntea en los índices de audiencia, aunque no ha superado a otros reality shows que lo sucedieron. Quizá falló porque no detonaron las horribles diferencias de clase que padece Colombia, aunque los productores lo intentaran.
Los productores conformaron tres equipos: los privilegiados (ricos), los rebuscadores (clase media) y los llevados (pobres) y los enviaron a una playa en República Dominicana, en donde lo primero que hicieron fue recordarles su lugar en la jerarquía social.
Los privilegiados llegaron directo a un lujoso hotel donde les servían vino blanco y langosta. En la jerga del programa, el sitio era playa alta.
Los rebuscadores solo pudieron llevar tres mudadas y otras cuantas pertenencias a playa media, que tenía algunas comodidades pero no suntuosidades.
Para los llevados, en playa baja, escaseaba la comida y dormían en un fría cueva de piedra, sin ninguna pertenencia.
El reto del programa consiste en mejorar socialmente: ganar pruebas físicas y mentales para dormir en playa alta.
Tras perder varios eventos, los privilegiados no tuvieron más remedio que irse acostumbrando a la playa baja.