
Por fin llega una película muy esperada por los fiebres de Internet, en donde ha sido muy mercadeada, dándole cierto aire de “extrañeza” o de “veracidad” a lo que acontece en Cloverfield: Monstruo (2008), donde el único “monstruo” es la propia película, de calidad mediocre, por más que se pretenda pasar por “experimental”, “rupturista”; “atípica” o “atópica”.
Dirigido por Matt Reeves, este filme basa su éxito en la buena campaña publicitaria que tuvo, semejante a la que en su momento gozó El proyecto de la bruja de Blair (1999), con el cuento de montar una retórica visual para hacernos pasar por real o, por lo menos, por creíble, ¡vaya!, algo absolutamente impostado (artificial, falto de naturalidad, fingido).
La trama es simple: un grupo de muchachos está en una fiesta de despedida para uno de ellos. Un joven va grabando todo cuando sucede. En eso, se oyen ruidos groseros que anuncian la presencia de figuras horrorosas (una es enorme, otras son pequeñas), que uno nunca sabe cómo llegaron ahí, ¿fue por un paquete exprés o expreso? Entonces el joven de la cámara sigue filmándolo todo, recurso que deviene aburrido al rato de cierto metraje y mareante para muchos espectadores (aburrido y necio).
Hay secuencias bien logradas, para qué negarlas, pero el resto del filme exhibió un abandono total del encuadre y del plano: nada se ve bien. Lo raro es que todo se oye a la perfección, con un sonido fino, grandilocuente, expresivo y fortachón que, de ninguna manera, podría tener la cámara de video que anda el mentado personaje hasta el final de la cinta (¡desastroso, por cierto!). En la pantalla todo lo vemos descuadrado, desenfocado y patas arriba o patas abajo, pero los parlantes de los cines se dan gusto con el sonido.
De las actuaciones hay muy poco que hablar: el estilo de la película las oculta. Por cierto, el título del filme, Cloverfield , es jerga policiaca para sucesos como los que vemos en esta película.
Les garantizamos que si ustedes vieron los avances, ya vieron lo mejor de la película. Es Hollywood en su esencia truculenta: juega de novedoso con ardides hartamente expuestos y sin contenido de nada.