Resulta innegable que el nombre que nos eligen nuestros padres al nacer nos marca de múltiples formas para el resto de la vida.
Algunos, como yo por ejemplo, nos acostumbramos desde la infancia a deletrearlo continuamente a petición de los demás o por iniciativa propia, cada vez que hacemos trámites o dejamos recados por teléfono (máxime cuando el apellido le complica más la cosa a la mayoría de los interlocutores).
Otros deben armarse de paciencia para narrar, a miles de curiosos a lo largo y ancho de sus vidas, la historia del origen de su nombre, ya sea porque evoca a un personaje famoso o porque fue una "creación inédita" de sus padres.
Son muchas las razones por las cuales algunos progenitores deciden alejarse de lo convencional para elegir inusuales combinaciones de letras o de sílabas, de difícil pronunciación y grafía. Yuri Jiménez e Ivannia Varela se dedicaron a escudriñarlas para escribir el reportaje con que abrimos hoy nuestra edición. También hablaron con algunos de los portadores de tan singulares nombres y recabaron así una serie de anécdotas tan curiosas como divertidas.
Si usted decide empezar a leer la revista a partir de "El humor de Maitena", se encontrará con algunos rasgos de personalidad que afloran claramente cuando las mujeres vamos a la playa. Ah, y en "El otro yo", entrevistamos a Porcionzón, quien se revela más allá de su humor. Feliz domingo.