Si el legendario Conde Drácula siguiera vivo sería muy fácil identificarlo. A menos, claro, que haya sufrido un fashion emergency , pues los de su “raza” dejaron de usar su sombría vestimenta de corte victoriano –capa incluida– y la cambiaron por jeans ajustados y camisetas al cuerpo que evidencian sus (ahora) musculosos torsos.
Ni qué decir de las mujeres de su descendencia, quienes, cuales modelos de portada, son el sueño de muchos caballeros que gustosos se dejan morder por ellas en sus placenteras fantasías.
Parte de la dramática metamorfosis que han sufrido estos seres, otrora de presencia pálida y lúgubre, tiene que ver con el tono de su piel: hoy, no solo no le temen al sol, sino que lo sustituyen por cámaras de bronceado en invierno.
En lo que definitivamente coinciden todas las generaciones de vampiros televisivos es en su predisposición a la seducción y la lujuria, y su desesperado deseo de sangre humana.
Aunque desde hace varias décadas estos seres mitológicos empezaron a ganar miles de adeptos en la televisión, es un hecho que en los últimos años se ha convertido en una verdadera mina de oro para las productoras estadounidenses.
Uno de los corolarios de este fenómeno es el furor que ha causado Twilight (Crepúsculo), la saga de películas basadas en las novelas de Stephenie Meyer, que se convirtió en un boom total (especialmente entre los más jóvenes), desde el 2008 cuando debutó el primer filme.
Ese impacto de masas movió las neuronas de la industria televisiva, que decidió emular a vampiros como Robert Pattinson, capaces de hechizar no solo a su coprotagonista, sino también a millones de adolescentes a nivel mundial.
De la misma forma que en la gran pantalla, los chupasangre en la TV siguen parte de los clichés y tópicos literarios acumulados a lo largo de las décadas, aunque se han valido de otros géneros como la fantasía, el romance, la aventura y el humor para capturar a diversos públicos.
Tal ha sido el éxito de los recientes proyectos que en la entrega de los Teen Choice Awards 2010, Twilight y la teleserie The Vampire Diaries ( TVD ) –que apenas lleva su segunda temporada al aire– arrasaron con todos los galardones. Es más, el actor Ian Somerhalder, Damon Salvatore de TVD , le quitó el puesto del vampiro más sexy a Pattinson.
Tétricos antepasados
Según la cultura popular de varios países, un vampiro es una criatura maligna que se alimenta de sangre de seres vivos para poder mantenerse activo: no podría decirse que “vivo” porque, según el estereotipo, eran humanos que en algún momento fueron mordidos por un vampiro y, al morir, renacieron pero reconvertidos en muertos vivientes.
La mayor parte de materia especializada en este tema, sugiere que el mito de estos seres se popularizó en Europa después del siglo XVII, como una forma de explicar las muertes que azotaron a sus pobladores (más tarde, la ciencia descubriría que se trataba de lo que hoy se conoce como epidemias).
La literatura ha sido la que más popularidad ha conferido al vampirismo, y cada autor ha realizado una descripción física particular para estas criaturas.
Eso sí: la mayoría de atributos de los vampiros contemporáneos provienen del inmortal Drácula , protagonista de la emblemática novela homónima del irlandés Bram Stoker (1897).
Este relato está basado en Vlad Draculea, un antiguo Príncipe que reinó en lo que hoy es el sur de Rumanía, y dio pie a una incontable lista de versiones de cine, cómics y teatro. Se dice que Draculea fue un gran luchador y cosechó una sólida fama de sádico por la cruel manera en que castigaba a sus enemigos.
En Rumanía se consideraba que los vampiros eran flacos, pálidos y poseían unas largas uñas, así como sus más que necesarios y delatores colmillos. Se dice que estos seres podían transformarse en insectos, especialmente en murciélagos.
Irrumpen en la pantalla
Bela Lugosi fue el primer actor en interpretar a un vampiro en la televisión estadounidense, en el año 1954, cuando apareció en el programa You asked for it , donde realizó una escena de Drácula , película clásica que protagonizó en 1931 (vea nota aparte sobre Lugosi en la sección Página Negra de esta edición).
Dos años después, fue el actor John Carradine quien apareció en el programa Matineé Theatre (NBC) vestido de Drácula, y esto le valió el papel del primer telefilme sobre el tenebroso Conde .
Entre 1964 y 1966 se emitió en Estados Unidos la emblemática serie familiar The Munsters , que se inspiró en los clásicos de terror de los Estudios Universal. Y aunque no fue señalado como tal, en varios episodios se insinuó que el abuelo Monster era el mismísimo Drácula .
Pero fue la serie de misterio y terror Dark Shadows , de ABC, la que incluyó a un vampiro como personaje principal. Se trató de Barnabas Collins , inmortalizado por el canadiense Jonathan Fried. Esta serie se transmitió entre 1966 y 1971, pero fue en su temporada de 1967 cuando el no tan apuesto vampiro debutó.
Justo un año después, en 1972, el programa infantil Plaza Sésamo introdujo al personaje Conde Draco . Este vampiro marioneta estaba obsesionado por los números en vez de la sangre. Por eso se pasaba enseñando a los niños nociones básicas de matemáticas.
Durante los años 70 y 80, el vampirismo ejerció su impacto más que todo en el cine. En 1990, el malogrado proyecto gringo Dracula: the series los regresó a la televisión, aunque se emitieron muy pocos episodios por su raquítico éxito. En la trama, Alexander Lucardm , interpretado por Geordie Johnson, se enfrentaba a un grupo de jóvenes cazadores.
En 1991 Dan Curtis, creador de Dark Shadows , lanzó una nueva versión de su serie con motivo del vigésimo aniversario del final de la original. En esta el papel de Barnabas fue interpretado por Ben Cross, pero corrieron con tan mala suerte que estalló la Guerra del Golfo y la serie se retiró del aire después de emitir solo 12 episodios.
En 1992, en Canadá, se estrenó la serie Forever Knight ( El señor de las tinieblas ) que se basó en el filme televisivo Nick Night (1989) y contaba la historia de un vampiro que renegaba de su naturaleza y pretendía encontrar la redención al ser ayudando por los mortales. El protagonista fue Lucien LaCroix, quien tenía un cierto atractivo pero sin ser apabullante . Este show duró tres temporadas y su trama ya incluía tintes más pasionales.
En 1996, el recordado y exitoso productor de 90210 Beverly Hills , Aaron Spelling, decidió arrancar con su proyecto Kindred: The Embraced .
Esta serie, inspirada en las convenciones que generaba el juego de mesa Vampiros: La mascarada , contó con el creador del juego como guionista. El programa presentó a vampiros de diferentes clanes que luchaban entre sí, pero por su escaso éxito solo tuvo ocho episodios.
‘Buffy’, la reina
Sin duda la serie contemporánea más emblemática sobre estos entes es Buffy, la caza vampiros , debido al éxito que logró desde que comenzó en 1997 hasta su final, en el 2003, tras siete brillantes temporadas. Esta fue creada por Joss Whedon, autor del guion de la película homónima que se rodó en 19 92.
Interpretada por Sarah Michelle Gellar, Buffy revirtió el cliché de mujer-víctima y fue emblema del poder femenino.
Esta serie ideó una mitología propia, y su trama tuvo elementos sobrenaturales como alusiones de la vida real, en una mezcla de géneros como el terror, las artes marciales, el romance, el melodrama familiar y la comedia.
Otra película que inspiró su serie fue Blade , que a su vez se basó en un personaje de Marvel (la marca de cómics). A la pantalla chica llegó en el 2006, y su protagonista siguió la premisa del hijo de una mujer mordida por un vampiro durante el embarazo, quien se dedicó a cazarlos.
En el año 2007 se estrenó Moonlight , una serie romántica y paranormal que se centró en la historia de un investigador privado, Mick St. John, cuya novia lo convirtió en un vampiro 55 años atrás.
The Lair fue otro estreno del 2007, aunque más polémico, pues mezcló el vampirismo con la temática homosexual. Su trama giró en torno a una disco gay que era visitada por estas criaturas para cazar a sus presas.
¡El ‘sex appeal’ manda!
Con un marcado referente estético –que se propusieron superar– sobre lo que era ser un vampiro en la actualidad, True Blood revolucionó la oferta “vampiresca” en setiembre de 2008 cuando HBO estrenó su primera temporada.
Ideada por Alan Ball, el creador de Six Feet Under , este pasional e intrigante espacio se basa en la saga de novelas literarias The Southern Vampire Mysteries.
Su historia central se desarrolla en una pequeña ciudad donde estos seres han revelado su existencia y conviven con los humanos. Ese “conviven” es total porque lo hacen hasta en el plano más intimo y sin importar preferencia sexual.
Sus personajes principales son Sookie (Anna Paquin), una camarera con poderes psíquicos que se enamora de Bill (Stephen Moyer), un vampiro al que no le puede leer la mente.
En setiembre del 2009 fue el turno de The Vampires Diaries , serie basada en los libros del mismo título escritos por L.J. Smith, que narra una historia de amor juvenil. La protagonista es Elena Gilbert (Nina Dobrev), quien flecha a dos hermanos vampiros, uno bueno y otro malo. Los galanes son Stefan Salvatore (Paul Wesley) y Damon Salvatore (Ian Somerhalder).
El año pasado también se estrenó Being Human , serie inglesa de la BBC. Cuenta cómo conviven, en un mismo apartamento, un vampiro, una fantasma y un hombre lobo, quienes intentan llevar una vida normal.
El más reciente proyecto “vampiresco” es la serie adolescente Split , de Boomerang. Estrenada en junio pasado, dio a conocer a una chica introvertida de 15 años quien descubre que es parte de un mundo mágico y catastrófico.
Como puede verse, parece que todavía le queda mucha “sangre” a la TV...