Los dioses están presentes en muchas de las más hermosas esculturas de la antigua Grecia, y algunas aluden a los Juegos Olímpicos. Estos tuvieron un origen religioso, y en tal espíritu continuaron realizándose durante los siglos “paganos”.
Un ejemplo de la fusión del arte y las Olimpiadas está presente en el pedimento oriental del templo de Zeus en la ciudad de Olimpia. Este se construyó entre el 470 y el 456 a. C. El edificio era de los más grandes en tierra firme, estaba decorado con esculturas en los pedimentos en los dos lados y por metopas esculpidas que ilustraban las doce tareas de Heracles.
La cella poseía filas de columnas dóricas que flanqueaban una gran estatua de culto de oro y marfil de Zeus, creada por Fidias hacia el final de su carrera.
Este edificio expresa el orden dórico en su forma desarrollada, y lo construyó un arquitecto local, Libón de Elis, con base en la repetición en toda su estructura de un módulo básico, o de fracciones de él, en una razón de 2:1.
Armonía. Las esculturas del templo de Zeus representan la summa de la naturaleza del denominado “estilo severo” de la primera mitad del siglo V a. C. Particularmente en la composición, los dos pedimentos muestran los rasgos característicos de dicho estilo.
El estilo severo se caracteriza por una clarificación de las formas y de las superficies, un nuevo sistema de proporciones que enfatiza la dimensión orgánica del cuerpo humano, y un regreso a la vestimenta dórica acompañado de una simplificación en el tratamiento de los pliegues.
Se percibe también una reducción en la representación de detalles ornamentales, así como la aparición de nuevos temas, que se muestran con frecuencia en movimiento o expresando una emoción.
En lugar de la acción en sí misma, se muestra comúnmente el momento justo (o poco antes o después) de una acción, o un instante de descanso tras un movimiento complejo.
En Olimpia sobresale la adaptación armoniosa de la composición de los pedimentos al inusual formato triangular y la disposición simétrica a ambos lados de la estatua de Zeus, ante la cual los competidores se inclinan.
El grupo central se encuentra flanqueado por dos carruajes con caballos. Tras ellos hay figuras recostadas o inclinadas, que llenan el resto del espacio del pedimento.
El tema es la preparación para una carrera de carrozas, en la que el héroe Pélope derrota con un truco al rey Enómao de Pisa. Este ofrecía el reino y a su hija, la princesa Hipodamía, a quien lo derrotase en una carrera. Pélope celebró su victoria y su boda instaurando los Juegos Olímpicos en honor a Zeus. Por su parte, Hipodamía honró a Hera, esposa de Zeus, con la consagración de los primeros Juegos Hereos, versión femenina de los olímpicos.
Lo que se representa en las esculturas de Olimpia es el momento previo a la carrera.
Estilo severo. Una mirada más cercana a las figuras individuales que forman esta gran composición revelará el estilo.
Se identifica generalmente como un viejo adivino al personaje que originalmente estaba colocado de tercero desde la derecha en el pedimento oriental, detrás del carruaje. El adivino mira al grupo central con un gesto de su mano: se tapa la boca, ademán que suele interpretarse como de horror y ansiedad ante la competición y lo que esta significa para el futuro. Solo él es capaz de prever las importantes consecuencias de las acciones.
La tentativa hacia el realismo en la representación del anciano es extraordinaria: la musculatura, la decadente línea recesiva del cabello y la frente arrugada. La expresión se encuentra toda en la superficie, como una máscara.
Las acciones representadas son ambivalentes y difíciles de sopesar. Enómao es un hombre violento y culpable de extraños pecados, pero víctima de una traición. Hipodamía lo ha traicionado, desgarrada entre el amor y el deber. Pélope asesinará al hombre que lo ayudó a vencer, y acarreará una maldición a sus descendientes. Finalmente aparece Zeus, el dios ante el cual prestaron juramento de honradez los competidores. Zeus está en el centro de todo; ¿actuará como juez o parte en los eventos que están por suceder?
Tomado en su totalidad, el pedimento oriental parece un episodio en un gran drama trágico. Como en el teatro clásico, las acciones violentas se ejecutarán fuera del escenario.
Todos los personajes son conducidos a su destino por motivaciones que les proporcionan distintos niveles de conocimiento e incertidumbre. Sin embargo, esa incertidumbre no es un espectáculo de gestos dramáticos; más bien se mantiene como tensión contenida, falta de movimiento. Esto otorga un aspecto de “noble simplicidad y silenciosa grandeza” a las figuras. En este pedimento no se encarna acción ( pathos ), sino pensamiento ( ethos ).
Las características del “estilo severo” de la escultura clásica griega temprana se perciben en el programa escultórico del templo de Zeus en Olimpia. Tal estilo puede entenderse como una reacción a las tendencias orientales del estilo arcaico anterior. Este nunca había perdido contacto con las tradiciones artísticas del cercano oriente, del cual derivó buena parte de sus convenciones y de sus esquemas decorativos.
Identidad. Así, los griegos adquirieron una identidad artística propia al renunciar a los patrones ornamentales y al énfasis en el detalle del estilo arcaico con sus dependencias del oriente. En cambio, los griegos prefirieron un conjunto de formas austeras, carentes de adornos superficiales, pero orgánicamente flexibles, capaces de expresar un amplísimo espectro de emociones, que iban desde la agitación pasional hasta estados de sombría reflexión.
A su vez, el estilo de las esculturas del templo de Zeus en Olimpia mira hacia el futuro. Los recursos formales y técnicos desarrollados por los artífices de la escultura clásica griega temprana consolidaron un repertorio de “fórmulas emotivas” y soluciones compositivas.
Tales soluciones –como el armonioso ajuste del friso a la forma triangular del pedimento– se conjugaron para consolidar el estilo clásico en las esculturas del Partenón en Atenas, construido entre 447 y 438 a. C. por los arquitectos Ictinos y Calícratres.
Los grupos escultóricos de los pedimentos del Partenón profundizan la solución compositiva encontrada en Olimpia. Idénticamente, la capacidad expresiva de pliegues simples, claramente delimita-dos y profundamente tallados alcanza nuevos logros en las esculturas del Partenón, tanto en los pedimentos como en las metopas y en el friso monumental de la Procesión panatenaica.
Lo mismo ha sucedido con las “fórmulas emotivas” y la representación de las emociones humanas fundamentales, así como con el interés en las proporciones orgánicas del cuerpo.
Por otro lado, el impulso hacia el realismo que notamos en la figura del viejo adivino desaparecerá en la segunda mitad del siglo V a. C. bajo la idealización del estilo de Fidias, que se encuentra detrás del programa escultórico del Partenón.