Paloma Pedrero habla sin tapujos de ninguna clase. Es de esas personas consecuentes con su trabajo y con su vida: defensora de los derechos de la mujer, pero no "terrorista" del feminismo.
Actriz, dramaturga y antropóloga, cree en la fuerza del teatro. No le preocupa para nada la competencia de la televisión porque "el teatro no debe entretener, sino conmover, divertir en el sentido profundo para que la gente tenga una experiencia interior", dice Paloma.
Acaba de llegar desde Madrid en un vuelo de esos que son matadores. Al principio de la entrevista, parece cansada, pero el tema la anima y parece quitarle el sueño.
Vino para dirigir dos talleres de teatro y para el estreno de El color de agosto, obra escrita por ella y que se presenta esta noche en el Teatro Giratablas, bajo la dirección de Fernando Vinocour.
El color de agosto cuenta la historia de dos amigas: una cumple las metas que la sociedad exige; la otra representa la rebeldía. Una es fracasada, y la otra, triunfadora.
-¿Es el color de agosto teatro feminista?
-No, para nada. Da un poco de miedo hablar de feminismo. Siempre pensamos en el feminismo como una ideología. Eso es castrante, limitante.
-Aunque el tema sea de mujeres...
-Es intrínsecamente femenina y feminista. Habla de mujeres libres que ya no se plantean el problema de la dependencia. Ellas no son la mujer de nadie, la amante de nadie. En el teatro, la mujer juega un papel de madre, de hermana...; pero, en este caso, la mujer es la protagonista. No se centra en la relación entre un hombre sino en ellas mismas. Hay un hombre, pero el hombre está como una sombra en la relación de estas dos mujeres, y ellas son protagonistas de su propia historia.
-¿Qué paso deben dar las mujeres para ser dueñas de su destino?
-Desde el punto de vista personal es bastante complicado, ¿no?; pero llevar las riendas de su vida, eso es lo que hacen las protagonistas de El color de agosto, ellas están en esa lucha. Son mujeres libres. No dependen de un hombre para nada. Solo tienen dependencia emocionales, aunque las tenemos todos -los hombres, las mujeres-, pero no son dependencias económicas o sociales.
-Pero el lenguaje de la obra sí que es muy femenino
-El lenguaje es muy importante. Hay un subtexto completamente nuevo que extraña porque las mujeres hablan de sus cosas como nunca se ha hablado, porque los hombres no saben esas cosas que nosotras vivimos.
-El tema de la mujer en las artes, ¿es una moda?
-No. Ojalá se pusiera de moda y trabajáramos todas como locas. Sería una cosa tremenda. Decir que es una moda es una tontería. Los hombres se encargan de no poner de moda las cosas de mujeres. Hay sectores no muy grandes. A las mujeres nos gustan las cosas auténticas hechas por mujeres.
-En comparación con otros países europeos, ¿es aún difícil la situación de la mujer española?
-Cuarenta años de dictadura y el peso de la religión católica influyen. España ha sido un país machista. La revolución más grande que se ha dado es la de la mujer, pero todavía hay machismo y todavía hay poder, y lo tienen los hombres. Las mujeres tienen parcelas, porcentajes. Por ejemplo, en el teatro ha habido muy pocas mujeres dramaturgas, y casi no han estrenado. Hasta mi generación ha habido escritoras de teatro. Las cuentas con los dedos de una mano.
-¿Procura usted reflejar esa ideología en el teatro?
-No hace falta tener una actitud militante. En el teatro, cuando te pones a hacer militancia, es muy peligroso porque te pueden salir panfletos. A mí no me interesan los panfletos. Mi teatro no es un teatro político, es poético. En El calor de agosto hay un mundo femenino o feminista, pero lo importante es que se habla de un problema existencial del ser humano. Se habla del triunfo y del fracaso.
"¿Qué es el triunfo en la vida? ¿Quién gana? ¿El que tiene? De eso habla la obra. Esos han sido temas siempre de hombres porque son los que se han tenido el poder, y ahora se lo están planteando dos chicas" (en la obra).
-¿Debe competir el teatro con la televisión?
-La televisión cada vez es peor y más superficial. Sirve para desconectarte. La enciendes y dejas de pensar, de sufrir...; es como si te tomases una droga. El teatro tiene que ser justamente lo contrario. El teatro debe hacer que el espectador viva un viaje interior.
"Si logramos eso, no competiremos con la televisión porque esta cada vez te hace pensar menos. El teatro no debe entretener, sino de conmover, de divertir en el sentido profundo para que la gente tenga una experiencia interior. Tiene que ser teatro original, auténtico. Hay una tendencia a hacer teatro muy bueno en imágenes, pero no le llega a nadie. Es volver a lo original."
Con la conversación, el sueño y el cansancio inicial se han esfumado, pero es tarde. San José duerme. "Todavía no me acostumbro al cambio de horario...". El tiempo interrumpe la entrevista.
Muy personal
Otras actividades: Colaboradora del diario español ABC. Integra el consejo de redacción de la revista Primer Acto.
Otra pasión: Además del teatro, la antropología.
Premios: Tirso de Molina en 1987 y Premio a la Mejor Autoría de la VI Muestra Alternativa de Teatro del Festival de Otoño de Madrid en 1994.
¿Cómo es el color de agosto? Rojo porque, en agosto Madrid es caliente, muy caliente.