Vargas Llosa y el dramaturgo peruano Alonso Alegría prepararon el montaje para estrenar la obra en 1992 , pero tuvieron que abandonar la idea tras el golpe de Estado del expresidente Alberto Fujimori. El Loco de los balcones fue estrenada en inglés un año más tarde en Londres.
El montaje muestra al anciano profesor de arte Aldo Brunelli, inmerso en una campaña particular: rescatar los balcones de la época virreinal en Lima, una ciudad donde la modernidad avanza mientras que el gobierno tira abajo las viejas casonas para construir grandes edificios y dar paso al progreso.
El personaje principal está inspirado en el italiano Bruno Roselli, quien en 1950 inició en el barrio limeño del Rímac una auténtica cruzada por la conservación de los balcones construidos en el siglo XVIII.
La obra recuerda el esplendor del Perú colonial y el Rímac donde, según Vargas Llosa, se consolidaron fuertes tradiciones, como el criollismo y la mitología pasadista de Lima. La intención es que el público no salga del teatro queriendo salvar balcones, sino que lo haga reflexionando sobre el mensaje de la obra: "hasta qué punto un hombre puede soñar y seguir adelante".