Blaise Pascal, matemático, físico, filósofo y escritor francés (1623-1662) expresó su miedo ante la inmensidad y los secretos que esconde el universo que se abre a la ciencia con la frase: “El silencio de los espacios infinitos me aterra”.
Ciertamente la inmensidad, la infinitud, la incertidumbre, el desconocimiento y los secretos del universo son aterradores. Y hay un tipo de silencio que también lo es.
No el silencio de la paz, de la armonía, de la gestación, de la creación, del equilibrio. Pero sí el silencio de la indiferencia; el silencio que encubre y esconde.
Hace un año ya que se publicó el III informe del Estado de la Educación en Costa Rica en el que se señalan aspectos urgentes de atender y corregir en nuestro sistema educativo. En respuesta, el silencio de la sociedad costarricense ante la situación de la educación del pueblo, es aterrador; el de las universidades, patético; el de las facultades de educación y centros formadores de docentes (más allá del análisis sin propuestas), esperable.
Inmediatamente después de publicado ese informe, mi colega Silvia Chacón Ramírez y yo pedimos una audiencia al Consejo Universitario CU de la Universidad de Costa Rica para presentar nuestras inquietudes en relación con la responsabilidad que tiene la UCR con la educación pública nacional. Durante el año transcurrido entre entonces y hoy, el CU ha recibido en su seno a los sectores más conservadores del pensamiento educativo. A Silvia y a mí nos ha obsequiado silencio. Pero no del que tranquiliza... del que atemoriza.
Fue por ese tiempo que la Escuela de Formación Docente de la UCR le pidió a la señora vicerrectora de Docencia que me inhabilitara en mi función como directora del Centro de Evaluación Académica, aduciendo un supuesto conflicto de intereses. Me apersoné voluntariamente a la Asamblea de la Escuela para solicitar que me pusieran en conocimiento de los cargos, pero la Asamblea guardó silencio. Un triste silencio. El caso fue desestimado por la vicerrectora pues la Asamblea de Formación Docente nunca presentó cargos ni aportó pruebas.
En julio del 2011, un equipo especializado presentó al señor ministro de Educación Pública una esperanzadora propuesta para renovar el aprendizaje de la matemática en el país. Se incluyen temas y conceptos muy relevantes al mundo actual organizados en un diseño curricular espiral, que se complementa con el aprendizaje activo y colectivo y con el uso de tecnologías digitales. El silencio cauteloso y analítico del Consejo Superior de Educación en relación con esta propuesta es desalentador.
Hace ya más de cuatro meses que se publicaron los resultados de PISA (Programme for International Student Assessement) que confirman que el sistema educativo nacional, en particular en áreas de lectoescritura, matemática y ciencia, necesita cirugía mayor. Aparte de un foro sobre estos resultados organizado por el semanario El Financiero, un general silencio indiferente recorre el país.
El 2 de febrero de 2012 este diario divulgó (lo que en educación sabíamos hace años) que el MEP contrata docentes a ciegas y es “vox populi” que la formación de docentes en nuestro país tiene muchas décadas de retraso en relación con el avance de las ciencias, las artes, la matemática, la filosofía, el desarrollo tecnológico la organización social y las necesidades e intereses de las nuevas generaciones. Una combinación letal, ante la cual hemos reaccionado con un silencio infinito.
El 28 de marzo pasado la vicerrectora de Docencia de la Universidad de Costa Rica, la Dra. Libia Herrero Uribe, a pocas semanas de cumplir su gestión se ve obligada a renunciar a su cargo debido a que una mano misteriosa impidió por más de cuarenta días que se publicara en la Gaceta Universitaria un proyecto de innovación en la formación docente que se había gestado por más de 11 meses, con la participación de 14 unidades académicas de esa universidad.
Posterior a la renuncia de la Dra. Herrero, la excusa de una suspensión temporal del proyecto (aún sin publicar en la Gaceta Universitaria ) alegando posibles vicios jurídicos, es un silencio disfrazado.
¿Vamos a continuar en silencio? Yo no. He dedicado mi vida a defender la educación pública del país y lo continuaré haciendo. El silencio indiferente y encubridor me aterra, tanto como a Pascal el de los espacios infinitos.