EL DELIRIO VISUAL es la tónica de la segunda entrega -en cine- de El señor de los anillos, lo que se complementa con un relato siempre ardoroso en imaginación. Es el momento de Las dos torres (2002), la película más esperada del año luego del éxito de su antecesora La comunidad del anillo (2001).
Ya conocemos la historia: el realizador neozelandés Peter Jackson ha filmado -de una sola vez, durante un año y medio de producción- las tres cintas que recogen los títulos de la trilogía escrita por el sudafricano Ronald Reuen Tolkien (1892-1973). Si La comunidad del anillo nos sedujo con su relato y sus personajes, ahora Las dos torres continúa la historia del anillo maligno en un viaje más fantástico por la Tierra Media. Este es el paso intermedio, mágico, para llegar el año entrante al cierre del ciclo fílmico con El retorno del rey.
Ustedes recordarán el final de La comunidad del anillo. Hay que recordarlo, porque -de ese punto- la trama de esta segunda aventura se divide en tres espacios fundamentales. Veamos.
Primero: el hobbit Frodo, con su amigo Sam, se adentra en el territorio de Sauron (Señor Oscuro), por las Ciénagas de los Muertos, para destruir el anillo en el fuego del Monte del Destino. Es cuando conocen a Gollum, extraña criatura deformada por el anillo, y se forja una asombrosa sociedad de confianzas y recelos.
Segundo: el humano Aragorn junto con Legolas -elfo y arquero- y con el enano Gimli siguen en búsqueda de los hobbits Pippin y Merry. Momento importante, porque vemos que el mago Gandalf no murió en el hoyo de Khazad-dum, más bien ahora tiene mayores poderes y energía.
Por último: Pippin y Merry se escapan, huyen hacia el bosque de Fangorn y se unen a la lucha contra el mal con la ayuda de Bárbol, hombre-árbol de los llamados ents. Todos, paralelamente, se enfrentan al poder oscuro que surge desde dos torres: Barad-dur (de Sauron) y Orthanc (de Saruman), alianza maligna y destructiva.
También hay una mirada, entre romántica y trágica, hacia el mundo de los elfos, en Rivenderl, donde nos encontramos -de nuevo- con la belleza de Arwen y su pacto de amor con Aragorn.
No hay duda: estamos ante un filme donde el destino de la Tierra Media da lugar a la exaltación de lo maravilloso; lo hace con mucha creatividad visual y con riqueza argumental. La película resulta sorpresiva y fascinante con su trama y sus personajes. Tiene una puesta en escena laboriosa y espléndida (genial uso de los efectos especiales). Además, resulta impecable con su banda sonora, su fotografía y sus actuaciones (Elijah Wood, Ian McKellen, Viggo Mortensen, Liv Tyler, Cristopher Lee, entre otros).
Filme inolvidable: cuando el cine de verdad es arte y espectáculo.