Fue excéntrico. Fue talentoso. Fue... Max Jiménez, costarricense, rebelde, artista total, un vanguardista y hombre contradictorio.
Ahora, 52 años después de su muerte, los homenajes reviven su recuerdo y su obra es apreciada como nunca. Libros sobre su trabajo, exposiciones, artículos y comentarios celebran, un poco antes de tiempo, el centenario de su nacimiento. él fue Aries, uno que nació el 9 de abril de 1900.
Cuando su figura vuelve al panorama artístico con tal fuerza y toda su obra nos insinúa características de su ser, surge esta pregunta: ¿quién fue Max Jiménez?
él vivió pocos años; pero, en realidad, vivió mucho. Rebelde y perteneciente a una acomodada familia costarricense, Max fue un trotamundos que visitó las principales capitales de la época y se relacionó con gente que llegó a ser muy importante, como Miguel ángel Asturias, César Vallejo, Carmen Lyra, Joaquín García Monge, Ramón del Valle-Inclán, Teresa de la Parra, Gabriela Mistral y David Alfaro Siqueiros.
Gracias a personas que convivieron con él, es posible realizar un retrato en palabras del ser humano que habitaba tras el pincel y la pluma.
María Huete, su prima hermana, hizo los primeros bosquejos. "En el trato personal, a muchos les daba una impresión de ser una persona brusca e irónica. Sin embargo, yo lo recuerdo como una persona sentimental y que, en ocasiones, actuaba con gran ternura. Yo era su prima más pequeña y me demostró mucho cariño, jamás fue rudo o grosero", recordó esta mujer de más de 80 años.
Ella cuenta una anécdota muy curiosa. Max Jiménez se casó en 1926, pero no recuerda en qué fecha. La ceremonia nupcial de Max y Clemencia Soto Uribe fue a las 6 a. m. en la iglesia de La Soledad.
"Solo estaban los padrinos", dice María, quien en esa época era una niña de nueve años. Esa intimidad fue tan resguardada, que María asegura que su papá la fue a dejar a la entrada de la iglesia y después se fue. Ella se encargó de sostener la cola del vestido de la novia.
Doña María dice que la boda puso de cabeza a la familia; es más, la mamá de Max fue a París a traer el juego de ropa íntima de la novia. "En ese tiempo ese aspecto era muy cuidado", agrega.
Amante de la familia
Max Jiménez fue periodista y asiduo colaborador del Diario de Costa Rica. Como el papá de María fue dueño de ese periódico, su familia fue muy unida a la de él.
Max fue un amante de la familia. "Siempre se preocupó, primero, por los problemas de su gente. él se acercó a quienes necesitaban más afecto", asevera doña María.
Ella nunca podrá olvidar el gran apoyo que le dio Max cuando, en 1928, falleció su padre. "él fue a acompañarme todo el día a la casa de mi tía, donde me habían dejado".
Era una persona melancólica, y para saberlo no hay más que hurgar en la mirada que quedó en sus fotos. María lo reconoce; de hecho, comenta que él era triste y trataba de aislarse.
En su relación con los demás, el artista fue contradictorio. Por un lado, tenía muy buenos amigos en todo el mundo, con los cuales mantenía correspondencia; por otro, buscaba aislarse.
Max -apunta María- fue inseguro y desconfiado: "Siempre pensaba que la gente lo buscaba por dinero".
El matrimonio Jiménez-Soto parecía muy feliz. Clemencia aguantaba todas las excentricidades de Max, hasta cuando metió una vaca que iba a parir en la casa.
Ese artista, además de dedicarse a las labores intelectuales, también incursionó en la ganadería y la agricultura, siempre con buen resultado.
El amigo
Fuera de su familia, se dice que fue "muy rosquero", es decir, peleonero. Según recuerda Joaquín Gutiérrez, notable escritor nacional, él se hizo amigo de Max porque se iban a dar de puñetazos. ¿Por qué? Ya no lo recuerda... ¡fue hace tanto tiempo!
"Aunque la amistad conmigo nació con un poco de dificultad, llegamos a ser muy cercanos. Hablábamos de todo y nuestras esposas fueron, también, muy amigas", asegura don Joaquín, con su voz de cuentacuentos.
Siempre escarbando en sus muchísimos recuerdos, Gutiérrez hizo su propio dibujo del artista: "Imprevisible, talentoso, millonario y caballeroso. Max era de esos besamanos que llegaban a una casa lleno de regalos".
Don Joaquín no olvida uno de los detalles de Max que más le llamaban la atención: "Era talentosísimo y tenía una cabeza muy grande". ¿Una cabeza grande? "Sí, tenía una fortuna inmensa y siempre llevaba las cuentas en la cabeza. Estoy casi seguro de que, con él, la fortuna aumentó por abundancia de talento: nunca hizo un mal negocio", explica este otro trotamundos.
Max se fue a pasar una temporada a Chile, y allá se reunió con Gutiérrez; esto fue en 1937.
"Se pasó un tiempo divino en Chile. Allí conversábamos, hacíamos excursiones fascinantes y nos la pasábamos muy bien", detalla el novelista.
Ellos, Gutiérrez y Jiménez, se admiraban mutuamente. El autor de Manglarr siente mucho cariño por la literatura, poesía y obra plástica de Max.
Don Joaquín termina de recordarlo: "Tenía cejas revueltas y gesto imperioso, pero era blando y muy humano; también, muy fuerte y corpulento. Ahora sí, ¿ya se hace una imagen de él?"
La muerte de Max fue un gran golpe para don Joaquín. ¿La causa del deceso? Un misterio; Max se encontraba en una profunda depresión cuando murió. Ese estado anímico lo llevó a autodestruirse poco a poco.
Max Jiménez fue complejo; descubrirlo significa leer con cuidado su obra, siguiendo las pistas que dejó por aquí y por allá. Significa preguntar por él a su familia, observar sus fotos (para tratar de adivinarle el pensamiento) y saborear sus cartas.
Conocer a Max Jiménez es dibujar con detalle su retrato: para ello, sírvase de los ojos de los demás y de los propios.
De sus manos
Si quiere usted conocer la obra de este gran artista, puede ver la gran retrospectiva llamada Max Jiménez: Un artista del siglo.
Lugar: Museo de Arte Costarricense.
Ubicación: Parque metropolitano La Sabana.
Días: De martes a domingo.
Horario: De 10 a. m. a 4 p. m.