La niña de ocho años usa tanto una iPad como un Nook, y disfruta los libros electrónicos en su casa y en la escuela.
“Es increíble que puedas leer en tu iPad”, dijo Julianna, quien empezó a usar libros electrónicos a los seis años. “Es más divertido y aprendes más”.
Los niños dicen eso. Son divertidos los libros en las iPads y algunos lectores electrónicos, como los Nook Color o el Kindle Fire. Incluyen música, animación y otros elementos interactivos que hacen que leer un libro se sienta como jugar un videojuego.
En Pete the Cat: I Love My White Shoes, un libro electrónico para niños de tres a siete años, pueden cambiar el color de los zapatos de Pete tocándolos, cantar con la música y la letra que va apareciendo en la pantalla, escuchar a un narrador o grabar su voz mientras leen en voz alta.
¿Acaso es mejor que un libro? Podría llevarse una generación saber con seguridad, e, incluso, dentro de 10 o 20 años se debatirá tal como hoy se discuten los efectos de la televisión y los videojuegos.
Kourtney Denning, la maestra de Julianna, ve a los libros electrónicos como esenciales. “Los libros viejos ya no funcionan bien”, dijo. “Tenemos que transformar el aprendizaje como lo conocemos”.
En un intento por dilucidar si los padres deberían adoptar los libros electrónicos con gran entusiasmo o dosificar el tiempo de pantalla en los aparatos como lo hacen con la televisión, el grupo de Julianna participa en un proyecto de investigación del Centro para la Alfabetización de la Universidad de Akron.
El objetivo del proyecto es encontrar la mejor forma para integrar los libros electrónicos al salón de clases. Es parte de un estudio más amplio sobre el uso de diversos aparatos y computadoras en preescolares hasta niños de segundo año.
Cathy Ivancic, la madre de Julianna, se alegró al enterarse de que el grupo de su hija participaría en el estudio. Comentó que los aparatos como la iPad son nuevos y divertidos, y dan un incentivo a los niños para leer, incluidos los que podrían ser renuentes.
“Es una nueva motivación para explorar la lectura”, expresó. “A esta edad es cuando aprendes a amar la lectura o no amarla”, dijo.
La otra hija de Ivancic, Jessica, de 13 años, también usa un lector electrónico, y prefiere los libros electrónicos a los tradicionales porque son más fáciles de leer. “Y entre un libro y otro puedes jugar con aplicaciones”, manifestó.
Una forma en la que ello sucede espontáneamente es a través del diálogo continuo que se desarrolla en forma natural entre el padre y el hijo que comparten un libro.
“Lo más importante es sentarse y hablar con tus hijos”, declaró Gabrielle Strouse, un profesor adjunto de Vanderbilt, quien ha estudiado los libros electrónicos. “Ya sea que estés leyendo un libro, que estés leyendo uno electrónico, que estés viendo un video. Interactuar y ver conjuntamente, es la mejor forma para que ellos aprendan”.
Lisa Guernsey, la directora de la iniciativa de la educación temprana en la Fundación Nuevos Estados Unidos, dice que los ejemplos de diálogo espontáneo son las conversaciones sobre cómo las situaciones de una historia se relacionan con la propia vida de un niño, o la formulación de preguntas abiertas sobre lo que sucedió. Sin embargo, este tipo de interacción es a menudo diferente con los libros electrónicos, dijo, y desaparece en algunos casos.
“Estamos viendo cierta evidencia de que los padres esperan que los libros electrónicos lo hagan todo y retrocedan en el compromiso con sus hijos”, explicó.
Cristy Ludrosky, otra madre con un hijo en el grupo de Denning, es una defensora de los libros electrónicos, aunque sí tiene inquietudes en cuanto al potencial de las distracciones.
“Está ahí esta lucha”, indicó. “En ocasiones lo ves y piensas: ‘¿están leyendo o están aprendiendo a leer, o están jugando con una aplicación o con un juego?’ ”.