20 agosto, 2000
El poeta conjuró la muerte - 1
El poeta conjuró la muerte - 1

Le decían loco. Por lo menos, a muchos turrialbeños se les parecía a su idea de uno: tenía un andar sin prisa, mientras caminaba llevaba la vista ceñida a las palabras de algún libro, hablaba solo y en voz alta. Así era Jorge Delio Bravo Brenes –el conocido Jorge Debravo–, el loco de Turrialba, el poeta.

Al recordarlo así, Margarita Salazar –su viuda– esboza una sonrisa triste y en sus pupilas se cuelan los recuerdos y nostalgias de hace más de 33 años –sí, hace tanto que murió en un accidente automovilístico–.

"En ese tiempo, a él no lo entendieron. En Turrialba no sabían lo que era un artista", dijo Margarita, quien ya tiene 56 años, se casó por segunda vez con Álvaro Solís y es madre de cuatro hijos: Lucrecia, Raymundo –hijos del poeta–, Juan Carlos y Eunice.

Debravo, quien vivió apenas 29 años, es uno de los más grandes poetas nacionales y ha sido recién declarado Benemérito de las Letras Patrias por la Asamblea Legislativa.

Debravo hizo de la muerte uno de los temas más comunes de sus versos y de sus conversaciones con su esposa. Parece que así conjuró a esa ineludible dama, y aunque su cuerpo fue absorbido por la tierra, su espíritu vive fuerte en su literatura y en la cultura nacional.

El incansable

Margarita no se cansa de contar que Jorge aprendió a leer y escribir gracias a su mamá, doña Cristina. "De cuatro años, él se tiraba de panza y escribía con un palito de durazno en hojas de plátano. Era muy inteligente".

Recuerda que el primer libro que tuvo Debravo fue un diccionario que compró con un dinerito que se ganó al sembrar una milpa.

Los diccionarios siempre fueron sus buenos compañeros. Es más, ya adulto solía usar uno de idiomas en el bolsillo de su camisa. "Le gustaban mucho, sobre todo, el francés".

Tenía la virtud de la decisión estampada en su mirada seria y profunda. Su inspiración lo supo siempre: él moriría joven; quizá por eso se apuró a conquistar lo que quería.

Se casó, a los 21 años (1959), tan solo una semana después de habérselo propuesto a los padres de Margarita.

"Nos casamos a las 6 de la mañana porque en ese tiempo uno escogía si lo hacía en la misa de la mañana o en la de la noche. No teníamos nada; los papás de Jorge le dieron ¢200 y compramos una cocina de canfín, dos jarros, dos platos, dos cucharas... Me acuerdo que fui al matrimonio con un vestido rosado y que Jorge me regaló unos manganos rojos y una camisa blanca, que me encantaban", recuerda Margarita.

Era un hombre incansable; trabajaba todo el día y en su tiempo libre leía, escribía y recitaba. Aprovechaba cada verso que se le ocurría, lo apuntaba velozmente y lo trabajaba.

Estudió periodismo por correspondencia e historia de las religiones y repasaba constantemente sus libros favoritos de autores como Pablo Neruda, Amado Nervo, Miguel Hernández y Whitman.

A ella no le disgustó nunca, expresa, que pasara mucho de su tiempo escribiendo en la mesa de la sala, donde ponía sus papeles. Allí, él creaba con tranquilidad pues ni ella ni sus dos pequeños hijos lo interrumpían. "La poesía era su hijo mayor", agrega Margarita.

"Una noche podía escribir de 20 a 30 poemas; hasta quemó algunos. No los arreglaba mucho y cuando terminaba un poema se ponía a pasear, siempre en pantuflas, y a decirlos en voz alta por toda la casa. Con sus manos iba sintiendo la música de los poemas".

Margarita recuerda cuando él le decía que se había convertido en una buena crítica.

Estaba convencido de que debía ser un poeta que diera un mensaje. "No estamos en tiempos para palabras lindas", solía decirle a su esposa.

Era un hombre pendiente de la realidad nacional y mundial y las preocupaciones que surgían de esa observación fueron impregnadas en sus trabajos. "El poeta le tiene que hablar a su pueblo", le reiteraba a su compañera, quien cree que en Nosotros los hombres(1966) él logró concretar todo su pensamiento. De hecho, ese libro obtuvo en 1967 el Premio Nacional de Poesía, el cual tuvo que ser aceptado por Margarita y sus dos hijos.

Su pensamiento fue influenciado por una época convulsa a finales de la décadas de los años 50 y principios de los 60: eran los tiempos de la Guerra Fría, de la invasión de Bahía Cochinos, la era de Kennedy, el otorgamiento del Nobel de la Paz a Martin Luther King y la guerra de Vietnam.

La muerte, siempre la muerte

"Aunque mucha gente no lo crea, nosotros hablábamos mucho de la muerte y lo hacíamos de una forma natural. Él planeaba qué haríamos si él moría primero o si era yo", recordó Margarita, al hablar de uno de los momentos más dolorosos de su vida.

Cuando ella supo que su esposo había muerto en un choque, se acordó de sus deseos: "Me pidió que no llevara luto, que lo enterrara en la tierra –no en una bóveda–, que no le pusiera cruz, no lo pasara a la iglesia y no le hiciera novenario. Por supuesto, en aquella época todos creyeron que eran inventos míos y me veían como a una diablilla".

Ella perseveró y con los únicos ¢40 que tenía le pagó una fosa que le costó ¢20. "Yo le dije a don Joaquín, el papá de Jorge, lo que su hijo quería, pero me dijo que la misa ya estaba pagada, así que debíamos pasar y yo accedí".

Después, cuenta Salazar, alguien escuchó las peticiones del poeta y se lo comentaron a los curas de la iglesia. Cuando llegaron con el cuerpo, bajo un terrible aguacero, las puertas de la iglesia estaban cerradas.

"Fue terrible, los papás seguro creyeron que los había traicionado". Finalmente, los deseos del poeta se cumplieron. Los restos del poeta se confundieron con la tierra y su tumba, en el Cementerio de Turrialba, está marcada por una escultura de piedra de Néstor Zeledón.

Margarita no pudo despedirse de él en vida, aunque asegura que se pidieron perdón mutuamente en un sueño que tuvo días después. "Él llegó y conversamos toda la noche. Otra vez, pero ya cuando vivía en San José, él me recitó poemas toda la noche", expresa emocionada.

La muerte de Jorge no paró su obras. Sus libros se han seguido publicando y actualmente, confiesa Margarita, quedan inéditos varios poemas, cuentos y hasta una novela. "Queremos formar una fundación con su nombre y publicar lo que falta", añadió.

El poeta no murió ni en el corazón de sus seres queridos ni en los pensamientos de quienes lo leen ardientemente. "Es que era un poeta futurista", dice Margarita.

Así, Debravo cumplió su promesa: "Y le he dicho a la muerte que no puede matarme!/ Y le he dicho a la vida que no puede vencerme!"...

Básico

Nombre: Jorge Delio Bravo Brenes.

Nació: 31 de enero de 1938.

Murió: 4 de agosto de 1967.

Pueblo: Turrialba

Estudios primarios: Escuela de Santa Cruz.

Secundaria: Colegio Nocturno de Turrialba.

Libros: Milagro abierto(1959), Bestiecillas plásticas(1960), Devocionario del amor sexual(1963). Nosotros los hombres(1966), Canciones cotidianas(1967) y Los despiertos(1972), entre otros.