Si el verso “yo la mujer de barro, hecha y guardada por los siglos...” fuera autobiográfico, sería del todo ficticio porque su autora, Rosario Murillo, es la mujer más poderosa de Nicaragua desde el pasado 10 de enero.
Ese miércoles, su marido, Daniel Ortega, asumió por segunda vez la presidencia de Nicaragua. Desde entonces, el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ha encomendado a la Primera Dama la dirección del nuevo Consejo de Comunicación y Ciudadanía, del que dependen la vocería del gobierno, el control de la publicidad estatal y hasta la aprobación de los viajes de los altos funcionarios al extranjero.
La “compañera Murillo”, como gusta ser llamada, ocupa un papel central en el gobierno sandinista. “Ella tiene una influencia enorme y desmesurada en las decisiones del presidente”, asegura Xiomara Chamorro, editora de política del diario nicaragüense La Prensa y familiar de Pedro Joaquín Chamorro, periodista opositor a Somoza, asesinado en 1978.
Curiosamente, Murillo trabajó en La Prensa entre 1971 y 1973, cuando Pedro Joaquín era director del rotativo que, con el tiempo, se convertiría en azote del sandinismo.
Daniel Ortega y Rosario Murillo se conocieron cuando ella “visitó la prisión donde él estuvo durante un tiempo por robar un banco en Managua para recaudar fondos para el entonces clandestino movimiento sandinista”, según la agencia de noticias Reuters.
Murillo, sobrina nieta deAugusto César Sandino, y Ortega, líder histórico de la guerrilla que se inspiró en el legendario libertador, se casaron el 7 de setiembre del 2005.
El cardenal Miguel Obando y Bravo, opositor acérrimo al primer gobierno sandinista, ofició la ceremonia religiosa que selló más de 25 años de unión civil de la pareja.
Rosario Murillo ya había ocupado el papel de Primera Dama en aquella etapa gubernamental del FSLN, entre 1979 y 1990, aunque su visibilidad pública era muy reducida comparada con la actual.
Juntos tienen ocho hijos, dos de los cuales provienen del primer matrimonio de Murillo con el fallecido Jorge Narváez. Precisamente, del interior de la familia llegaría la peor tormenta imaginable para el ahora presidente de Nicaragua.
La carta de Zoila América. “Desde los 11 años fui agredida sexualmente y de manera reiterada por muchos años, por quien, a pesar de su condición de padre, abusó de su poder...”. El 4 de marzo de 1998, una carta publicada en la Bolsa de Noticias de Managua sacudió a todo el país.
En ella, Zoila América Narváez, hija biológica de Murillo e hijastra de Daniel Ortega, lo acusaba de haber abusado sexualmente de ella durante años.
El escándalo produjo un terremoto en el seno del Frente y amenazó, como nada antes, el futuro político del expresidente.
La defensa de Ortega llegó de sus dos mujeres más cercanas: su madre, Ligia Saavedra, y la propia Rosario Murillo que acusó a su hija de estar manipulada por disidentes del FSLN y enamorada “de forma enfermiza” de su padre adoptivo.
El final del asunto llegó con la sentencia de la magistrada del caso: los supuestos delitos habían prescrito pues estimaba que se habían producido entre 1978 y 1982.
La tormenta se diluyó en el tiempo, aunque Ortega habría de encajar una última derrota electoral en el 2001 a favor de Enrique Bolaños Geyer, antes de acceder, 16 años después, a la presidencia.
Nuevo cargo. El artículo 4 del decreto 03-2007, aprobado el mismo día de la investidura, inauguró el Consejo de Comunicación y Ciudadanía –y otros tres más–, calificado de “supraministerio” por la oposición y creado por Ortega para afianzar la “democracia participativa”.
Tras un debate en la Asamblea Nacional, el papel del Consejo que dirige Rosario Murillo se limita al de una “instancia intersectorial de coordinación, participación y consultas [...] que no podrá originar gastos al Estado, ni recibir el presupuesto de ninguna entidad pública”, según un análisis del diario La Prensa .
“La creación de los Consejos es parte de la estrategia de hacer que el pueblo de Nicaragua sea parte activa en las decisiones gubernamentales. Fue un compromiso de campaña”, afirma Elías Chévez, secretario político del FSLN en Managua y diputado de la Asamblea.
Lo cierto es que el nuevo organismo a cargo de la primera dama ha resucitado a los Comités de Defensa Sandinistas (CDS), instaurados por el Frente en los 80 a semejanza de los todavía vigentes Comités de Defensa de la Revolución en Cuba, órganos de control social presentes en cualquier barrio y calle del país.
“La población está reaccionando de forma positiva a esta iniciativa, ha demostrado mucho interés y no le importa quién tiene más o menos poder, sino si solucionamos sus problemas”, replica Chévez.
Ya surgió una iniciativa contra los nombramientos que acumula la Primera Dama: una denuncia de inconstitucionalidad entregada a la Asamblea por la Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua.
Según Marcos Carmona, secretario ejecutivo del organismo, la Constitución no permite “nombramientos en cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad”.
Poetisa para todo. La última medida polémica fue la centralización del control sobre la publicidad estatal en manos de Murillo y su posterior decisión de no destinarla a medios de comunicación: “No podemos esperar que sea el Gobierno de Nicaragua, en detrimento de los programas básicos que tiene que resolver, el que subvencione a 300 medios de comunicación, es imposible”, aseguró la Primera Dama.
“Ha habido falta de uniformidad y cierto desperdicio en el uso de la publicidad que han hecho los ministerios. Es una buena medida si se hace bien y no para castigar a los medios opositores”, asegura Pablo Ayón, presidente de Ética y Transparencia, una entidad independiente de análisis electoral y político radicada en Managua.
“Ellos argumentan que la publicidad estatal estaba siendo repartida, únicamente, entre dos grandes medios: La Prensa y Canal 2 , los más críticos hacia el gobierno. Pero los más afectados serán los medios pequeños y los periodistas que trabajan en ellos”, argumenta Xiomara Chamorro, de La Prensa .
“El poder no es algo que está ahí, hay que crearlo y doña Rosario es una mujer que, definitivamente, se ha dedicado a crear poder... y disfruta mucho de él”, afirma Rodrigo Carreras, exembajador de Costa Rica en Managua.
Irónicamente, algunos resentidos con el Frente llaman Saturno a Rosario Murillo, por la cantidad de anillos que luce en sus manos. Solo uno de ellos la une al presidente.