De alguna manera, la película El cuarto poder se convierte en daguerrotipo político, aunque su tema no lo sea exactamente, porque se refiere a los juegos de manipulación a que está sometida la sociedad civil, indefensa ante ciertas estructuras de poder, en este caso la prensa.
Se trata de un filme inserto en la sociedad, que habla de una realidad no siempre explícita. Dice el crítico Mark Robbins que "su punto de mira es los medios de comunicación y su influencia a la hora de manipular y controlar la información que llega a los ciudadanos".
¡Claro! Es un largometraje del realizador griego-francés Constantin Costa-Gavras, cuyo itinerario filmográfico es expresión carnal del acontecimiento político y de la denuncia comprometida. Así desde su filme Z, en 1969, su tercer trabajo, denuncia de la dictadura militar griega a partir del asesinato de un pacifista, éxito rotundo de público y crítica, título emblemático.
Vocación de denuncia
Siempre con la enemistad de algunos sectores conservadores, Costa-Gavras cuestionó a la izquierda militante con La confesión, en 1969, donde el actor Yves Montand interpreta a un opositor en la Checoslovaquia comunista en los arbitrarios procesos de Praga. En 1974, con Estado de sitio, afincó su vocación al denunciar la presencia de la CIA en la realidad política latinoamericana, tomando como caso el Uruguay de efervescencia social.
Luego, Costa-Gavras hizo Sección especial (1974), sobre el colaboracionismo de sectores franceses a la usurpación fascista alemana, cinta premiada en Cannes y que le abrió la puerta para su período de realizador en los Estados Unidos. Aquí filmó Desaparecido (1982), sobre la crueldad de la dictadura de Pinochet en Chile, y títulos que refieren a la sutil presencia del fascismo en la vida estadounidense: Traicionados, en 1988, y Mucho más que un crimen, en 1989.
Ahora, ocho años después, con El cuarto poder (1997), Costa-Gavras recurre a un tema candente. Para el crítico español Josep Parera, revista Imágenes, se trata de "una de esas producciones que son necesarias, que ayudan a refrescar la memoria ante acontecimientos que son exagerados, ampliados y manipulados por unos medios de comunicación hambrientos de carnaza, noticias bomba e información amarillista; en fin: el vivir cada día de la televisión y la prensa".
Asunto de poderes
El cuarto poder narra la relación entre un periodista venido a menos y un guardia de seguridad despedido injustamente, quien exige una nueva oportunidad, por lo que se atrinchera en un museo con un grupo de rehenes, especie de destino trágico en el que el secuestrador más bien resulta una víctima del juego manipulador de la prensa, convertida casi en espectáculo, más cerca del sensacionalismo que de la objetividad.
Para Costa-Gavras, la prensa es un cuarto poder, tan fuerte como la justicia, la política y la religión. Su alegato, más allá de la simple recreación de una historia, cuenta con las interpretaciones de Dustin Hoffman y John Travolta. Es película que invita a pensar y a la polémica, todo un reto en el cine actual.