Hollywood Watch. The New York Times Syndicate.
¿Qué se siente ser el segundón más famoso del mundo?
No es tan bueno, responde James Cromwell.
Y él debe saberlo bien, pues interpreta al príncipe Felipe –que ha pasado medio siglo como segundo violín al lado de su esposa, la reina Isabel de Inglaterra– en la provocativa película de Stephen Frears The Queen .
“No puede ser divertido. El segundo violín realmente nunca se la pasa muy bien”, dice Cromwell con un destello en los ojos.
Pero le ayudó el hecho de tener a un buen grupo para hacerlo y, en lo que se refiere a actuación, pocas pueden ser mejores que Helen Mirren, que encarna a Isabel II –no se debe confundir con el papel de Isabel I que le valió un premio Emmy por la película Elizabeth I de HBO, de 2005– , y entrega una interpretación que le valió el Oscar a mejor actriz este año.
La película se desarrolla en 1997 y se centra en los primeros días después de que la princesa Diana –divorciada de Carlos, príncipe heredero e hijo de Isabel II– muriera en un accidente en París.
Muestra al entonces inexperimentado, aunque hábil político Tony Blair (Michael Sheen), primer ministro de Gran Bretaña, que trata de motivar a la reina y a la familia real para que muestren en público su dolor, mientras todo el país llora por Diana.
La cinta presenta mayormente a Felipe –de origen danés y que nunca ha sido popular en los medios de comunicación británicos–, como un patán grosero e insensible, que desprecia abiertamente no solo a la madre de sus nietos sino al pueblo británico en general.
“¿Y ahora qué hizo ella?”, pregunta cuando un ayudante llega con la noticia del accidente de la entonces princesa.
De hecho, el consorte de la reina parece más preocupado porque no se le enfríe el té de la tarde y la posible cancelación de un viaje de cacería que por la muerte de Diana.
Sin embargo, Cromwell se apresura a defender al príncipe. “La presunción de la película es que uno entra a ver la reacción de un hombre ante la muerte de una mujer, a la que le tenía cariño, pero que había causado mucho dolor a su esposa, incluso en su muerte”, dice.
La elección de un actor estadounidense para interpretar al soberano más prominente del mundo fue una sorpresa, pero Cromwell le resta importancia encogiéndose de hombros.
“Nunca sabré la verdad, pero Stephen dijo que cualquier actor inglés seleccionado como Felipe hubiera tenido que caricaturizarlo y habría exagerado”, afirma.
En efecto, entrevistado por separado, Frears admite que le había echado el ojo al actor británico Bill Nighy, “pero sabía que, en cuanto Bill entrara en escena como Felipe, la gente se echaría a reír”, dice.
En persona, Cromwell se ve tan plebeyo como los puede haber.
El actor, de 66 años de edad, está sentado en su suite de un hotel de Los Ángeles, tomando su almuerzo y con más aspecto de una persona de la calle que entró ahí por error, que la del hombre que no sería rey.
Una gorra tejida azul marino le cubre el cabello plateado y una camisa azul de mezclilla le cuelga sobre los vaqueros. El conjunto se completa con una chamarra de forro gris, que parece haber sido usada para dormir, además de unas sandalias y calcetines marrones.
Se sirve un puñado de papas fritas y sigue hablando.
“A lo que Felipe pone objeciones es al Premier , que apenas acaba de asumir el cargo y ya le está dictando a su esposa que cambie tradiciones que datan de hace más de mil años”, explica Cromwell. Agrega que “lo que Felipe dice es que nadie le va a decir qué hacer a la reina de Inglaterra”.
De hecho, Cromwell conoció al príncipe hace unos años, cuando participó en un programa para recabar fondos para una asociación filantrópica de ayuda a la fauna, apoyada por la familia real.
No conoce muy bien a Felipe pero cree entender sus motivaciones.
“Felipe conocería esa tradición, pues él ha tenido que mantenerse un paso atrás de ella la mayor parte de su vida. Y él lo entiende porque ha estado aislado de todo”, dice.
Cromwell hubiera recibido con gusto la oportunidad de hacer a Felipe “más a fondo y menos pomposo”, agrega, pero no se le presentó esa ocasión.
Aunque él proviene de una familia del espectáculo –su padre, John Cromwell, fue actor y director de cine, mientras que su madre, su madrastra y su abuela fueron actrices– Cromwell inicialmente se alejó del oficio familiar.
“Yo quería ser ingeniero mecánico y fui al Middlebury College y después a Carnegie Tech. Los que yo quería era diseñar autos deportivos. Mi padre siempre me dijo que yo era demasiado alto para ser actor”, recuerda.
No obstante, Cromwell, de 1.99 metros de estatura, empezó a actuar en teatro, dirigió un poco y en 1974 consiguió un contrato para tres episodios de All in the Family , como Stretch Cunningham, amigo de Archie Bunker. Hizo su debut en el cine con Murder by Death (1976), interpretando a un personaje que hablaba con un fuerte acento francés.
Para cualquier actor, asegura Cromwell, esa película era el paraíso. Escrita por Neil Simon, tenía un elenco muy estelar formado por Truman Capote, Peter Falk, Alec Guinness, Elsa Lanchester, David Niven, Peter Sellers y Maggie Smith.
“Pensé que me había muerto e ido al cielo”, manifiesta.
Pero esa promesa inicial no se cumplió y pasarían varios años para que pudiera tener trabajo regular en el cine.
Después de su segunda película The Cheap Detective (1978), no lo volvieron a llamar.
Sin embargo, aun después de que ya conseguía papeles regulares en el cine, Cromwell seguía volando bajo el radar de Hollywood hasta que un cerdo parlanchín llegó al rescate. Fue nominado a un premio de la Academia como mejor actor de reparto, por su papel como granjero en Babe .
De pronto hizo, entre otros, The People vs. Larry Flynt " (1996), L.A. Confidential (l997) y la serie Six Feet Under (2001-2005), como el excéntrico profesor George Sibley, marido de Ruth Fisher matriarca de una familia de directores de pompas fúnebres.