Probablemente todo comenzó con el rezo a los santos, cuando las comunidades celebraban a su patrono con una cadena de rosarios a cargo de un rezador famoso por su galillo y su devoción religiosa.
Dice la periodista y estudiosa de la cultura popular, Ángela Ulibarri, que el rezo del Niño puede tener más de un siglo de practicarse en el país, aunque es difícil identificar con precisión cuándo se inició esta costumbre.
En el libro Devociones populares de Costa Rica, de Carlos María Campos, se menciona que el rezo del Niño ya era una práctica usual en el siglo XVIII. Se sabe que la costumbre de hacer el portal con los españoles. Esta tradición fue instaurada por San Francisco de Asís, un santo italiano, en el año 1223.
De vuelta al rezo de los santos, cuenta Ulibarri que los rezadores iban de lugar en lugar, de finca en finca. “Primero, iban, ubicaban la casa y decían: ‘hoy es en la casa de Matilda; luego, pedían posada y después se marchaban a la casa de otro fulano donde les daban cobijo. Generalmente, eran tres viejillos y llevaban a uno o dos jóvenes para que aprendieran. Como era en el campo, y para prevenir un aguacero, llevaban siempre un paraguas grandote. De ahí viene lo del paraguas del rezador”, contó.
Eran famosos por sus chaquetas enormes, en cuyos bolsillos guardaban todo lo que le daban sus anfitriones.
En el rezo del Niño, no se va de lugar en lugar. “Es aquí y punto. Mañana me dicen que vaya a otro lado y ahí voy. Los rezadores se contratan para el momento y siempre son gente del pueblo, con frecuencia algunas viejitas muy religiosas”, agregó.
Al rezador, por lo general, lo acompaña un grupo musical de al menos tres músicos: uno con guitarra, otro con mandolina y un tercero con acordeón, aunque hay toda clase de variaciones. Generalmente, no cobran pero hay algunos, como Álvaro Alcázar, que piden ¢25.000 por rezo debido al costo del traslado y el mantenimiento de los instrumentos.
En lugares como en La Fortuna de San Carlos o Tres Equis de Esquipulas, no falta en el rezo la reventada de pólvora y los triquitraques. El menú de comida tradicional es muy amplio. Puede incluir desde queque seco y café, hasta rompope, bizcochos, cajetas y aguadulce. También es muy común que se sirvan arroz con pollo o con carne, pan casero y tamal de maicena.
Y como no falta quien quiera ponerse a tono con los tiempos, esta semana empezó a circular un correo electrónico de una empresa que ofrece organizar el rezo y aporta el rezador.