El papa Juan Pablo II apretó las tuercas a los teólogos desde el Vaticano, reforzando la ley de la Iglesia que los obliga a aceptar enseñanzas católicas como la prohibición del sacerdocio femenino, la contraconcepción y la eutanasia.
Los cambios fueron contenidos en una corta Carta Apostólica titulada Para defender la fe. En la carta, el Pontífice de 78 años ordenó cambios en varias secciones del Código Canónico de la Iglesia, que establece preceptos y castigos.
El juramento, que los teólogos tienen que prestar antes de poder enseñar en nombre de la Iglesia, ha existido desde 1989, pero la carta del Papa lo convierte en ley, que ha sido cambiada sólo algunas veces en los últimos siglos.
Parte del juramento es "la profesión de la fe", en la cual un candidato a un cargo de la Iglesia como obispo, teólogo o colaborador papal, lee el Credo de los Apóstoles, la oración de las creencias cristianas básicas pronunciada durante la misa.
Entonces, el candidato expresa una creencia en "verdades reveladas divinamente" y todo lo "definitivamente propuesto por la Iglesia respecto a las enseñanzas de fe morales".
El candidato también promete "sumisión religiosa de voluntad e intelecto" a las enseñanzas como fueron enunciadas por el Papa y el Colegio de Cardenales.
En su carta apostólica, el Papa dijo que los cambios son necesarios para "defender la fe de la Iglesia Católica de los errores cometidos en nombre de la fe".
El documento parece ser otro intento Papa de dejar estampado su sello conservador en la Iglesia de 980 millones de miembros, durante mucho tiempo después de su pontificado.
Un obstáculo en el pontificado de Juan Pablo II han sido los teólogos que enseñan en universidades católicas que han disentido públicamente de algunas de las enseñanzas morales de la Iglesia.
La carta del Papa es similar a una medida tomada en 1995, cuando, en un intento por cerrar el debate sobre el sacerdocio femenino, el Vaticano declaró que la prohibición de su ordenación es parte infalible de la doctrina católica que no puede ser disputada ni cambiada.