Ciudad del Vaticano . Con un gesto de gran valor ecuménico y en una sugestiva ceremonia, Juan Pablo II abrió hoy la Puerta Santa de la basílica romana de San Pablo Extramuros junto al metropolitano ortodoxo Athanasios y el arzobispo de Canterbury y presidente de la Comunión Anglicana, George Carey.
Por primera vez en la historia, un Papa ha abierto una Puerta Santa junto a representantes de otras confesiones cristianas, por lo que el gesto ha sido considerado un importante paso adelante hacia la unidad de los cristianos, que Juan Pablo II quisiera ver hecho realidad en el tercer milenio.
El Papa siempre ha afirmado que los cristianos tienen que buscar nuevos puentes para que con un solo corazón y una sola mente proclamen juntos el Evangelio.
En la homilía de hoy imploró al Espíritu Santo la gracia de la unidad, manifestó que la división contradice abiertamente la voluntad de Cristo y afirmó que esta división es un "escándalo" que daña la santísima causa de la predicación del Evangelio.
Reconoció que la unidad no es posible sin una conversión interior y abogó para que este Año Santo sirva para dar un nuevo impulso al compromiso ecuménico, "aceptándolo como un imperativo de la conciencia cristiana".
"De ello depende en gran parte el futuro de la evangelización, de la proclamación del Evangelio a los hombres y mujeres de nuestros días", subrayó el Papa, que presentaba un buen aspecto físico y quien con voz clara y fuerte concluyó su discurso insistiendo en "la unidad, unidad".
La puerta de San Pablo extramuros es la cuarta y última que abre el Papa durante este Año Santo. También por primera vez en la historia un Pontífice ha abierto las puertas de las cuatro grandes basílicas romanas (las otras son San Pedro del Vaticano, San Juan de Letrán y Santa María la Mayor).
La apertura de la Puerta Santa de la basílica dedicada al apóstol de los Gentiles se produjo pocos minutos antes de las 11.30 horas local (10.30 GMT).
Tras pronunciar la tradicional frase "Haec Porta Domini" (Esta es la puerta del Señor), Juan Pablo II, que se cubría con una capa dorada, se acercó ante la puerta de bronce, de época bizantina, y la empujó ligeramente.
Después, Juan Pablo II, Athanasios (del patriarcado ecuménico de Constantinopla) y Carey la empujaron cuatro veces, con fuerza, hasta que se abrió.
Mientras los presentes aplaudían, los tres se arrodillaron y rezaron bajo el umbral de la puerta.
Sólo estaba previsto que se arrodillara Juan Pablo II y el hecho de que lo hicieran también los otros dos fue considerado como otro importante gesto ecuménico más de esta jornada en la que se celebra el comienzo de la Semana de Plegarias para la Unidad de los Cristianos.
Un diácono ortodoxo presentó al Papa el libro de los Evangelios, que lo mostró al exterior de la basílica. El metropolitano ortodoxo y el anglicano Carey también recibieron los Evangelios y lo mostraron hacia los otros puntos cardinales.
Juan Pablo II fue el primero que atravesó la Puerta Santa, después lo hicieron los otros dirigentes cristianos.
El rito de hoy no fue una misa, ya que la celebración común de la eucaristía todavía no es posible entre los cristianos.
A la ceremonia acudieron representantes de 22 iglesias cristianas. Sólo faltaron la Alianza Reformada Mundial, debido a la controversia que mantiene con la Iglesia Católica por el tema de las indulgencias, y la Iglesia Valdese Italiana.
Tampoco acudieron representantes ortodoxos georgianos, debido a que en estas fechas están reunidos en Sínodo. El patriarca de Moscú, Alejo II envió en su nombre a Longin, arzobispo de Klin y representante del patriarcado moscovita en Alemania.
El encuentro de San Pablo Extramuros está considerado como el momento ecuménico más importante del este año jubilar. Nunca hasta ahora se habían reunido tantas iglesias cristianas, ni siquiera durante el Concilio Vaticano II, según precisó el cardenal Roger Etchegaray, presidente del Comité del Gran Jubileo del Año 2000.
Durante el rito se leyeron en varios idiomas lecturas bíblicas y textos de dos eminentes representantes del mundo ortodoxo y protestante ya fallecidos: el sacerdote ruso ortodoxo Georgij Florovskj y el pastor y teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, que fue ajusticiado por los nazis en abril de 1945.
En la ceremonia participaron asimismo un ortodoxo, un precalcedonio y uno de la reforma protestante, para constatar las grandes divisiones de los cristianos surgidas a través de los siglos.
El precalcedonio recordó a aquellos cristianos que no aceptaron el concilio de Calcedonia, el ortodoxo a la gran división de la Iglesia en el año mil y el protestante a la separación ocurrida en Europa en el siglo XVI.
Tras la ceremonia, Juan Pablo II almorzó junto a los representantes de las 22 confesiones no católicas presentes.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.