El ‘Cabo’ y ‘Pepe Cadena’ llevaban más de una década de lucimiento en obras de teatro, novelas y películas colombianas, algunas de las cuales se habían transmitido en el país.
Pero Robinson Díaz y Diego Cadavid solo arribaron a Costa Rica –masivamente– el año pasado, cuando se transmitió aquí la primera parte de la teleserie o narconovela, como se le llamó después a este género,El cartel de los sapos. Él éxito de esta producción sentó las las bases de lo que serían una seguidilla de culebrones sobre los entretelones del narcotráfico desde Colombia hasta el resto de América. (Vea recuadro Un antes y un después de El Cartel)
Hace dos semanas Repretel estrenó la segunda parte de la tan exitosa como polémica narconovela.
La producción, de la prestigiosa cadena colombiana Caracol, realizó la continuación contra viento y marea, pues las muertes (en la ficción) de algunos personajes gustadísimos en la primera parte (como Óscar Cadena o el Guadaña) implicaban la incorporación de nuevos personajes que sacaran la faena por los caídos “en acción”.
Pero la baja más sensible fue la del relator de la historia, Manolo Cardona, quien hacía el papel del Fresita, un “duro” que, acosado por la ley local y estadounidense, y también por los poderosos traquetos (narcotraficantes) de los carteles rivales, optó por convertirse en el “sapo” estrella de la DEA (Dirección Antidrogas de los Estados Unidos).
Pero, asegura la crítica, ciertamente el director Luis Alberto Restrepo se las ingenió para salir con la segunda parte sin necesidad de revivir muertos ni dar margen para que el televidente extrañara a la estrella ausente.
Y es que Cardona no pudo involucrarse en esta parte del proyecto porque estaba filmando la versión de Sin tetas no han paraíso en España.
Más bien, el director supo leer la ambivalente fascinación que El Cabo y Pepe Cadena causaban en la teleaudiencia y en esta parte de la saga les sacó el jugo al máximo.
Y es que si alguien ha hecho gala de sus preseas actorales en el papel de El Cabo (personaje real originado en un guachimán de segunda que terminó liderando una de las bandas más bravas después de traicionar a sus jefes) ese es Robinson Díaz, el protagonista principal.
El Cabo hasta hizo el milagro de machacar su propia imagen de narco sanguinario al asumir, entre la primera y la segunda parte de El Cartel, el papel del cándido y folclórico Óscar en Vecinos –se transmitió en Costa Rica a principios de año–, y luego volvió por sus medallas para posicionarse de nuevo como el “mero mero” Cabo en la segunda parte.
Una gesta similar tuvo que apechugar Pepe Cadena (Diego Cadavid) quien se echó al hombro el papel de narrador en lugar de Cardona (quien además era su compa de aventuras en la primera parte).
A la vez, se convirtió en co-protagonista estrella, pues junto con El Cabo está a cargo de uno de los papeles más vistosos en la trama actual.
Así, afines a su famosa frase (“¡pa las que sean!”), tanto Díaz como Cadavid y buena parte del elenco inicial, aderezados con un reparto estelar de artistas mexicanos, se lanzaron a la aventura de El Cartel de los Capos II.
Si bien es cierto, los seguidores de la saga pueden extrañar en un principio al Guadaña –casi tanta como la lamenta a menudo el Cabo– o al Fresita –a quien el Pepe invoca de cuando en cuando– , al transcurrir los primeros capítulos las ausencias quedan en el olvido y la simbiosis que se logra entre los viejos y los nuevos personajes empieza a seducir.
Autocríticos
Contentos con la exposición que han tenido sus nombres a nivel internacional, pero ubicados en cuanto al agote que experimenta la fórmula narconovela en su país y fuera de él, Robinson Díaz y Diego Cadavid conversaron, en entrevistas telefónicas separadas, sobre la forma en que lograron “armar” personajes tan difíciles como polémicos, así como lo que sigue tanto para las narconovelas como para ellos en sus roles de actores de primera en los que se graduaron hace rato.
Al hablar con Robinson (El Cabo) es imposible disociarlo de su personaje en El Cartel, aunque él insista en meterlo como uno más en la canasta de todos sus protagónicos.
Pero su acento, el tono autoritario pero simpático de su voz y hasta uno que otro “dicho” o madrazo al aire, al mejor estilo del famoso traqueto, hacen que cueste separar al personaje del actor.
En realidad, lo que seduce de la conversación con Robinson Díaz es descubrir a un tipo humilde, letrado, y ubicado mucho más allá de los reflectores, pero agrandado en cuanto a que no se anda por las ramas para decir lo que piensa de quien sea, incluso de él mismo... exactamente igual que su gustado y tenebroso personaje en El Cartel.
–Dicen que segundas partes rara vez son buenas. ¿Aplica esto al ‘Cabo’, cuya caracterización fue un ‘boom’ en la primera?
– Bueno mi trabajo como actor es defender al personaje a toda costa, igual que a todos los personajes que he hecho o haré. Al Cabo lo idolatran en Colombia y otros países, el público es el que juzgará esta segunda parte pero al menos yo estoy muy satisfecho.
– ¿Cómo logró crear esa línea de grises en que se mueve el ‘Cabo’, quien pese a ser un asesino despiadado y demás, tiene una personalidad tan graciosa que de alguna manera seduce y simpatiza?
– Bueno, es que así era el huevón ese. Se llamaba Wilberth Varela, le decían Jabón y sí tenía esa dualidad: fue un personaje nefasto para este país, pero a la vez tenía esa faceta de fregón. Imagínese que una novia que tuvo el man me buscó para preguntarme si yo lo había conocido personalmente pero no, nunca. A él lo mataron hace como dos años. Y ella no creía que yo hiciera el papel tan exacto sin haberlo visto ni oído nunca ¡cómo le parece!
– ¿Qué opina de las críticas que se han generado a raíz del auge de las llamadas narconovelas?
–¡Ah no, pues que hay razón! Había que contar la historia y yo creo que nosotros ya la contamos en esta segunda parte, y hasta ahí. Ahora viene la película, ya como punto final. Yo, Robinson Díaz, digo que el Cabo fue un hijueputa desquiciado que le hizo un gran daño a este país. Pero como le digo, a mí me toca como actor defender el personaje. Igual lo haría si me tocara interpretar a Gandhi, a Simón Bolívar o a Hugo Chávez.
– Si la fórmula está agotada, ¿qué rumbo cree que seguirá ahora la producción de novelas colombianas?
– Después de El cartel, Sin tetas no hay paraíso, Las Muñecas de la mafia y El capo, ahora lo que toca urgente es entrarle a la historia no contada. Se ha explotado todo sobre las víctimas y los victimarios, pero falta contar la parte de los campesinos que producen la coca, es un proceso largo y doloroso del que viven miserablemente miles de personas. Lo que se ha visto es la droga saliendo de Colombia para que la consuman los gringos, o en París o en Londres. Pero las críticas tienen razón, ya el país esta harto de tanta violencia y todos los santos días crímenes y horrores por esa pendejada, por esa mierda, todos los días caen otros narcos, esto no para.
–¿Qué opina sobre algunas tesis recientes que insisten en legalizar la droga?
–Es un tema complicado. Tiene que verse la parte de los pobres campesinos que viven de sembrar esa porquería porque no existe una reforma agraria que les dé otra oportunidad.
– Cambiando de tema ¿cómo anda esa parte emocional? (Díaz protagonizó un escándalo en Colombia hace unos meses, cuando tuvo una aventura con su coprotagonista en ‘Vecinos’, Sara Corrales, a pesar de tener nueve años de casado con la también actriz Adriana Arango, madre de su hijo.)
–En este momento estoy un poco complicado, tratando de recobrar mi matrimonio y a mi esposa. Metí la pata (...) metí la pata horrible. Yo a mi esposa la amo, la amooo... Mejor dicho, cambiemos de tema porque pensar en lo que hice y lo que pasó me pone de bajón. Estoy tratando de entender qué fue lo que pasó. ¡Ahorita me voy a ver con mi hijo por cierto! Estoy muy dedicado a estar conmigo mismo, a leer ¡tengo como 50 mil libros!, al cine, al teatro que lo necesito tanto (...). Tengo 44 años y la época de rumba ya pasó... ahora solo quiero recuperar a mi familia.
– ¿Y cómo lidia con la fama, máxime en este momento de introspección?
–¿La fama? Pues juicioso. Estuve en República Dominicana y en Panamá y me impresionó la reacción de la gente ¡pero no por eso me voy a creer todo “pirispispispis”! (ojo: palabreja estrella de El Cabo).
–¿Y a Costa Rica no ha venido?
– Oiga viera que me muero por ir. Yo soy como loco por la naturaleza y a lo que me cuentan y he visto en Internet, estoy loco por ir, pero no he podido.
– Ahora que menciona Internet ¿utiliza redes sociales? ¿Cómo hacen sus admiradores –o críticos– para comunicarse con usted.
–¡Ah no, yo cero!. No tengo página, no uso Facebook ¡ay m’hija, por cierto que hay un suplantador mío que tiene una cuenta ahí, diga que ese no soy yo!. Con decirle que ni correo electrónico propio tengo, pero sí leo todo lo que me escriben al correo que maneja una amiga, lolaamapolaprodu@gmail.com y trato de contestar todo lo que puedo.
–¿Qué pasa si por ahí le llega una invitación para venir al país?
– Uy nooo, pues bacán, ¡de una! ¿No le digo que estoy loco por ir?
El turno del ‘Pepe’
El atractivo físico de Diego Cadavid constituye, a no dudarlo, uno de los tantos ganchos de esta producción. Sin embargo, el calibre de su interpretación borra cualquier suspicacia sobre las razones reales de su protagónico que, como ya dijimos, se agiganta en El Cartel II.
Amante de la producción audiovisual y reconocido fotógrafo en su país, Diego interrumpió durante unos minutos una sesión de fotos para atender a la Teleguía. De entrada parece un tipo descomplicado, al punto de que atiende las llamadas a su celular personal.
El tiempo apremia y hay que entrar en materia.
– Con el cambio de relator de la historia en esta segunda parte hay un viraje de fondo enorme ahí, porque aunque el ‘Fresita’ parecía insustituible, ‘Pepe’ es un personaje sobrado en gestos y dichos “de calle”, por lo que ahora el relato es mucho más dinámico y hasta divertido. ¿Cómo fue para usted asumir el reto de “sustituir” a Cardona en ese rol?
– Bueno Manolo simplemente no podía y tuvimos que pensar con el director una nueva fórmula, yo sí tuve que ponerle mucho ingenio porque todo el relato lo hago “encanado” (en la cárcel) y las posibilidades de hacer algo mientras uno habla se reducen mucho. Por eso me veo peinándome, lavándome los dientes, lustrando los zapatos ¡hasta en el sanitario! Pero todo bien, es cierto lo que decís, esta segunda parte tiene que ver con la esencia de la novela con los narcos y todo eso, pero yo siento que está un poco más entretenida y hasta divertida.
– ¿De dónde saca un dicho coloquial, un refrán o un gesto gracioso prácticamente para cada situación?
– Bueno lo primero es que yo soy de Medellín y allá somos muy dicharacheros. Pero para hacer al Pepe no sabés, he tratado de involucrarme con gente en mercados, en la calle, hasta en rumbas de pueblo. En una sola noche he oído cosas tan ingeniosas que llego a anotar hasta 30 en mi celular, y luego las adapto...
– ¿Ese nuevo ‘look’ capilar se lo hizo a propósito para el ‘Cartel 2’?
– (Risas) Nooo, ese look es de Diego. Hace unos meses me estaba rapando porque tenía el pelo muy largo y me quedó la parte de atrás sin cortar, cuando llegó mi novia le dije que me ayudara y me sugirió que me dejara la cresta. Al director le pareció y no me hizo cortármela. ¡Ya anda uno que otro pelaíto por ahí en Colombia con ese estilo!
– ¿En qué se parecen Diego Cadavid y ‘Pepe Cadena’?
– Bueno, yo soy bastante serio e introvertido cuando estoy en mi otra pasión, la de artista gráfico. Pero en cuando estoy grabando siento que nos parecemos mucho al menos en ese desenfado y esa viveza que muestra el Pepe...
– ¿Usted graba prácticamente en Estados Unidos la mayor parte de la serie?
– Sí, de hecho casi no me vi con el resto del elenco. Igual fue muy interesante trabajar con tanto gringo porque si ya los colombianos somos sueltos para hablar, ellos se quedaban como locos con los dichos y las improvisaciones que le hacía yo todos los días al personaje del Pepe... hubo días en que tuvimos que filmar escenas serias, ellos de la DEA o policías de Migración que tenían que poner cara de piedra y no se aguantaban la risa de ver al Pepe , teníamos que volver a intentarlo porque a todos les daba risa y me decían “¡pero de dónde sacás tanto invento!”. Costó salir con varias escenas, pero la verdad lo pasamos muy bien.
– ¿Qué sigue después del ‘Cartel’? ¿Siente que la fórmula de narconovela tocó techo?
–Bueno ahora estamos filmando El Cartel de los Saposla película, que sí es súper exigente y cruda, y con esto yo creo que hay que decir chao y buscar otros rumbos. Sobre el tema, con la película, ya mostramos todo lo que teníamos que mostrar.
–¿Quién es el mejor actor del elenco, tomando en cuenta tanto la primera como la segunda parte?
–Uy, qué difícil. Manolo (Cardona) es buenísimo, además es como mi hermano. Pero si me ponés a elegir a uno te digo que el mejor es Robinson Díaz. Sin duda.