Alguien lo dijo antes: es posible que la película Mr. Woodcock: El novio de mamá (2007) le sirva a más de uno para recordar sus propias situaciones traumáticas durante la escuela, que por ahí va este largometraje dirigido por Craig Gillespie y protagonizado por un elenco bastante solvente (el reparto es lo mejor del filme).
Tenemos a Billy Bob Thornton como un endurecido maestro de Educación Física, capaz de mortificar a su alumnos por el cuento ese de que la enseñanza con la sangre entra. El cinismo aflora en la buena actuación de este buen actor (parece redundante, pero no lo es), para luego mostrar un logrado cambio en el registro emocional de su personaje (último tercio del relato).
Susan Sarandon está como salamandra en el fuego, con su espontaneidad y desparpajo como la novia del profesor y madre del joven que, en su niñez, sufrió las groserías del tal maestro (Thornton).
Finalmente, Sean Scott William responde con definición como el hijo de la novia y el exalumno que odia a su viejo maestro.
Con solo eso, podemos entender el argumento de esta comedia ( El novio de mamá , el título lo resume), que se estira como goma de mascar en su propias volteretas narrativas: es lo mismo de lo mismo a cada mismo, como perro al echarse: solo vueltas que son idénticas vueltas. O sea, lo que hace es repetir chistes semejantes.
Por supuesto que las debilidades básicas de esta cinta están en el guion, en su poco intelecto para azuzar las peripecias del relato. Los responsables de tal guion son Michael Carnes y Josh Gilbert.
Al margen, como glosa, uno no entiende esa huelga de guionistas en Hollywood: la creatividad anda allá por muy bajas formas en este aspecto, de ahí tantos refritos y muchas secuelas, amén de guiones tirados con resortera, a como caigan y con personajes esquemáticos o mal diseñados.
Esta comedia intenta moverse en un fondo supuestamente duro, para –desde ahí– alcanzar un humor sulfuroso, pero finaliza con una visión muy convencional de lo planteado, con penuria imaginativa. Lo que queda es una actitud mecánica en las puesta en escena, con cancioncitas al albur y deficitaria para construir situaciones.