Con una evidente vocación por el arte dramático, Al Pacino se atreve a convertir su primera película en búsqueda estética, ejercicio lúdico y ansia de riqueza conceptual. Es lo que está presente en esta cinta tan fascinante como esencial que es En busca de Ricardo III, estreno de la Sala Garbo, punto alto del buen cine.
Se trata de un filme original en su propuesta escénica, entre la ficción y la recreación cinematográfica del documental, decisión de Al Pacino no solo como director de la película, sino también como guionista (junto a Frederic Kimball) y como productor (junto a Michael Hadge).
Y la ocasión es, para Pacino, vehículo para cumplir un compromiso dramático: el suyo con Shakespeare y, en concreto, con la obra Ricardo III.
En el sétimo arte, el nombre de William Shakespeare (1564-1616), dramaturgo, poeta y actor inglés, ha vuelto a ponerse (últimamente) al corriente con versiones que toman sus distancias frente a la tradición clásica del texto. Así, vimos hace poco una versión postmoderna y videoclipera de Romeo y Julieta (de Baz Luhrman, 1996) y también una versión actualizada de Ricardo III (de Richard Loncraine, 1995).
El texto shakesperiano de Ricardo III conoce versiones desde el cine mudo, pero fue la propuesta de Laurence Olivier (de 1955) la que le dio personería cinematográfica. La versión de Al Pacino es una intensa mirada personal por descifrar las pasiones del sanguinario, ambicioso y deforme Ricardo de Gloucester.
Poder, amor y pasión
En busca de Ricardo III juega con la pregunta de si Ricardo III será el personaje más perverso en el temario de Shakespeare y añade otra inquietud: cuánto esfuerzo actoral hay de por medio para desmenuzar el drama teatral con un personaje tan complejo. Por esto, la cinta indaga (incluso en las calles de Nueva York) con preguntas a los transeúntes y entrevistas a expertos. Además, describe el proceso de trabajo para montar Ricardo III y alterna el desarrollo de la tragedia con los preparativos y ensayos de ella.
En busca de Ricardo III es apasionada historia sobre el ansia de poder, el amor y la traición, con un interés agregado sobre el proceso que sufren los actores, directores y productores mientras intentan posesionarse de sus personajes y viven el entusiasmo de llevar la obra de teatro a la pantalla grande. Así puede resumirse el filme. Digamos que Al Pacino demuestra que cualquier persona puede disfrutar de Shakespeare.
El reparto es antológico. Tenemos las actuaciones (amén de Pacino) de Alec Baldwin, Kevin Spacey, Winona Ryder, Aidan Quinn. Y las contribuciones enriquecedoras de John Gielgud, Derek Jacobi, Kenneth Branagh, Vanessa Redgrave, Kevin Kline, entre otros.
En busca de Ricardo III ha sido rodada tanto en el legendario Globe Theatre de Londres como en los místicos pasillos del Cloister Musseum de Nueva York.
Sin dejar de evidenciar el artificio de las artes dramáticas, el filme demuestra, como dice el crítico español Ángel Quintana, que el cine no puede comprenderse sin recurrir a otras formas culturales.