
El hábito de morderse las uñas, llamado por los especialistas onicofagia, es muy común entre los 10 y 18 años edad. Sin embargo, un 5 por ciento de los adultos también presentan este problema y no logran combatirlo.
Según la literatura médica, las personas nerviosas, compulsivas, obsesivas y ansiosas, suelen "comerse" las uñas, como un mecanismo para tranquilizarse. También lo hacen quienes, de una manera inconsciente, buscan cómo autolastimarse o quienes no saben librarse de sus frustraciones e inseguridades personales.
Por eso, para tratar la onicofagia, lo primero que debe hacer la persona es analizar su situación y preguntarse: ¿en qué momentos me "como" las uñas? Si no puede controlar ese comportamiento por sí mismo, es necesario acudir a un psicólogo que ayude a buscar y tratar la raíz del problema.
Los expertos recomiendan a los pacientes hacer deportes o practicar técnicas de relajación como el yoga o la hipnosis, pues todo esto ayuda a controlar el estrés y la ansiedad.
Algunos también aconsejan realizar ejercicios de autodominio. Por ejemplo, llevarse el dedo a la boca y detenerse a los 5 centímetros de distancia. La idea es repetir esa acción varias veces al día para conseguir el control. Otra alternativa es mordisquear una raíz de regaliz o plantas similares en los momentos críticos (vísperas de un examen, mientras se ve televisión o se está en el trabajo).
Para los niños, lo mejor es la psicoterapia y hablarles claramente sobre las consecuencias que tiene este hábito a futuro.
Si se trata de un caso muy severo, también podría funcionar la aplicación en las uñas de aceites o sustancias desagradables, como por ejemplo, el jengibre.