CINE EN EL cine: he aquí una fórmula que resulta bastante atractiva en una película, y todavía más sugerente si se le añade una dosis cautivante de situaciones melodramáticas y un toque muy humano en el diseño de los personajes. El resultado es un filme capaz de seducir, como sucede ahora con El Majestic, cinta dirigida por Frank Darabont.
Para lograr tales resultados, la historia de la película se ubica por los años 50, cuando Hollywood es víctima de la cacería de brujas desatada por el Comité de Actividades Antiamericanas. La investigación inquisitorial de este comité buscaba, de manera enfermiza, comunistas y "enemigos de la democracia americana" hasta debajo de las cobijas de la intelectualidad estadounidense.
En ese ambiente político (conocido como "macartismo"), muchos hombres de cine sufrieron persecución y se vieron condenados al desempleo, a la cárcel o al abandono de los Estados Unidos. Es un pasado que algunos quisieran olvidar, pero la película El Majestic lo recupera para dar lugar a un relato donde son importantes los buenos sentimientos.
Su personaje principal es Peter Appleton, joven guionista de Hollywood, quien es tildado de comunista y puesto en una lista negra. Esto le produce un cuadro depresivo que lo lleva a un accidente de tránsito y a la pérdida de la memoria.
Cuando despierta del accidente, está en un pueblo retirado -Lawson- y todos sus habitantes lo confunden con Luke Trimble, héroe desaparecido en la Segunda Guerra Mundial e hijo de Harry, dueño de un viejo cine abandonado llamado Majestic. Ese cine se convertirá en elemento muy importante en el desarrollo de la historia.
También surge la novia del desaparecido Luke. Ella se llama Adele y está dispuesta a aceptar al recién llegado (¿lo confunde o no?). De nuevo, como era costumbre, los besos de él le quitan el hipo a ella. No hay duda: muchas cosas -muchas- están por suceder.
Hay que destacar, en la película, la buena actuación de Jim Carrey (como Peter o Luke): mejor en papeles serios que en el histrionismo de sus ya conocidas comedias. También hay que mencionar el vehemente trabajo de Martin Landau (como el viejo Harry) y la actuación delicada de Laurie Holden (como Adele).
Tal vez a la película le sobre metraje: se siente larga, como sucede con los filmes de Frank Darabont (recordemos Sueños de libertad, 1994, y Milagros inesperados, 1999). Tal vez peque de ceremoniosa (con la complicidad de la música), tal vez languidece en algunas secuencias, pero es un filme que gusta, emociona y dice cosas importantes.