Fósiles de animales, plantas y fragmentos de roca que han visto la luz durante las excavaciones por la ampliación del canal de Panamá replantean que el Istmo se formó hace unos 22 millones de años, y no 3,5 millones de años, como se creía hasta ahora.
El anuncio lo hicieron esta semana geólogos y paleontólogos del Smithsonian Tropical Research Institute (STRI) en Panamá.
La investigación, liderada por el geólogo colombiano Carlos Jaramillo, asegura que una colisión entre las placas tectónicas de las Américas –el bloque de Norteamérica con el de Suramérica– fue la que propició su formación.
El estudio será publicado en la revista
Hace unos 25 millones de años había un espacio entre Colombia y Panamá que no tendría más de 150 kilómetros de ancho. Más adelante, hace 22 millones de años, logramos documentar que Suramérica se estrelló contra la parte de atrás de la llamada placa Caribe y, entonces, allí vemos la primera emersión importante del Istmo.
”Hasta ahora se pensaba que, hace tres millones de años, todavía había un canal interoceánico muy grande, de unos 3.500 kilómetros, (es decir, sin Istmo) pero ahora pensamos que este canal se cerró mucho mucho antes, porque encontramos en la zona plantas y animales (que datan de antes de esa época) y que no habíamos visto antes”.
El cierre de la comunicación entre el océano Atlántico y el Pacífico (por la formación del Istmo) tuvo repercusiones en el clima global. Ha habido muchos modelos climáticos que asumen que el cierre del canal interoceánico sucedió hace tres millones de años, pero, con esta nueva interpretación nuestra, se caen muchos de esos modelos.
”Por ejemplo, algunos dicen que con el cierre del canal se creó la corriente del Golfo, y esta llevó humedad al Ártico, propiciando las glaciaciones. También se ha creído que el clima de estos años ha dependido de ese hielo.
”Ahora no sabemos si esta nueva configuración geológica del istmo de Panamá podría tener implicaciones en la idea que hemos tenido de él. Si la hay, será extremadamente interesante. Aún es un misterio el por qué del hielo en el Ártico y las glaciaciones”.
Una es la termocronología, que nos permite analizar la edad de los cristales que se forman conforme se enfría el magma de los volcanes submarinos cuando sale a la superficie. También nos guiamos por la llamada “proveniencia”, esa que nos permite saber de qué montaña proviene un sedimento en particular. Aquí vimos, por ejemplo, que hubo un intercambio de sedimento entre los bloques de Panamá y Colombia hace 15 millones de años.
”Un tercero es el estudio de los fósiles. Encontramos osamenta de caballos, rinocerontes y camellos provenientes de América del Norte, mostrando que había un puente terrestre entre lo que hoy es ciudad de Panamá y México, así como plantas, caimanes, culebras y murciélagos de Suramérica que datan de hace 17 millones de años”.
Uno de los principales problemas del trabajo en geología en el trópico es que hay niveles de degradación muy intensos. La ampliación del canal de Panamá nos dio la posibilidad de ver roca fresca que antes no se conocía.
”Creo que trabajaremos solo un año y medio más, porque, cuando construyan las esclusas, muchas de estas rocas estarán cubiertas”.
Todavía nos faltan ciertos análisis. Hay una nueva localidad fósil que tiene unos 20 millones de años y que no conocíamos antes. Se trata de una localidad que tenemos que estudiar mucho más, antes de que el afloramiento se pierda. Sería la fauna más antigua de Centroamérica.
”También queremos ir más hacia Colombia, al sitio mismo del choque, a estudiar una serie de rocas que existen allá, y explorar las implicaciones del clima y la paleoceanografía”.