EN LOS CAMINOS DE LA buena cocina es comprensible que muy pocos tomen el atajo de Cinco Esquinas. Esta zona de barrios populares, talleres y fábricas, no es privilegiada en asunto de restaurantes, y los prejuicios culinarios suelen alejarnos de ciertos sectores de la ciudad y arrinconarnos en otros. Sin embargo, hay lugares que nos invitan al redescubrimiento de la capital, con espacios exóticos e inesperados, como si lo que nos rodea fuera realmente desconocido. Uno de estos refugios se llama Goyi.
Ubicado frente a la vía principal de Cinco Esquinas de Tibás, Goyi es una pequeña fonda de comida japonesa, donde impera un ambiente casero y popular. Seis mesas de madera (tres para cuatro y tres para dos) y una modesta barra son todo el mobiliario, animado por una serie de imágenes fotográficas de Japón y cuadros de menor envergadura.
Cualquiera pensaría que este restaurante se esmera en pasar inadvertido, por la sencillez de su fachada Ðblanca y remotaÐ y la austeridad de sus decorados interiores. A lo mejor es así o a lo mejor sus propietarios no necesitan mayores desplantes publicitarios para atraer a su clientela, entre la que abundan los propios japoneses. Estos datos nos abren el apetito y el interés.
En su jornada de la tarde, Goyi abre a las 5:30 p. m. Llegamos a cenar una hora después, un lunes. Somos los primeros, pero no los únicos.
La boca y la cultura
El menú, en español y japonés, exhibe una justa y apetitosa cantidad de platillos, todos con nombres que suenan biensísimo y evocan (a oídos sordos occidentales) los nombres de conocidos cineastas, poetas y actores japoneses.
La oferta de Goyi no excluye carnes ni arroces ni verduras; también incluye sopas y una rica variedad de entradas y salsas de la casa (como acompañamiento), que pueden convertirse más tarde en platos fuertes. La ventaja es que la señora que atiende los pedidos, aunque no es japonesa, se conoce al dedillo el menú y sus combinaciones. Lo examinamos con detenimiento y hambre, mientras Radio Omega, con su lloriqueo tex-mex, aporta la música de fondo.
Como entrada, pedimos una porción de yakitori (cinco pinchitos de cerdo con salsa dulce) y otra de gyoza (seis empanaditas rellenas de carne molida, con una salsa agria de la casa). Como plato principal, nos adelantamos a pedir un tempura teisyoku (camarones y verduras fritas, con arroz, salsa, sopa, ensalada y té) y un sashime teisyoku, (pescado y calamar crudo, acompañado con unas fajitas de pescado, mostaza arreglada con picante, ensalada, salsa y té).
Crudos y variados
La espera sirve para descubrir que, a nuestro alrededor, todo es divergente: los platos, los vasos, los manteles, la música y hasta un pequeño mueble de biblioteca, que exhibe los libros más diversos (por supuesto, en japonés). Nada rima, pero no importa: desde la cocina comienzan a llegar los olores, que nos ponen a tono inmediatamente.
A punto de terminar las empanadas y los pinchos, llegan los platos fuertes, en diversidad de olores y platitos. Una especie de cofre, humeante y redondo, contiene la sopa. Vale decir que, además de abrir el apetito, las entradas sirven para ejercitar el uso de los palillos, como única herramienta para interactuar con la comida. La sopa se sorbe sin cuchara, directamente del plato.
Más exótico resultó el sashime teisyoku, con su delicioso pescado crudo y sus tiritas de calamar cubiertas por una rotunda yema de huevo, que revienta con gusto. Tanta "crudeza" es poco común al paladar, y la oferta de las salsas impactan aún más la seducción de los sabores desconocidos. El famoso tempura, tan apreciado por los amantes de cocina japonesa, tenía los típicos trozos de verduras y camarones recubiertos de harina de arroz, pero dos camarones son muy poco camarón para un plato principal.
A diferencia de otros platos, los teisyokus viene acompañados de pequeñas porciones de otras cosas, como para probar un poco de todo.
La jornada se hace larga, pero corta. Tanto estímulo gastrovisual necesita un buen postre para clausurar la sesión. Sin embargo, este es el gran vacío de Goyi pues no ofrecen postres japoneses: con costos, un flan de caja. Habrá que ir por un helado, aunque, claro, a lo mejor estas exigencias almibaradas son un desaire a lo que acabamos de comer y bastaría con el té aromático y delicado que nos sirvieron.
Nos devoran las dudas, pero ya no importa. Con o sin azúcar, volveremos por más.
Cómo, dónde, cuándo
¿Qué? Restaurante Goyi.
Dirección: Cinco esquinas de Tibás, 200 metros al este del puente; frente a la panadería Durán.
Horario: De lunes a sábado, de 12 m. a 2 p. m., y de 5:30 p. m. a 9:30 p. m. Domingos, de 12 m. a 8 p. m.
Teléfono: 233-6419.
Ofrece : Pasta japonesa, pescado y calamares crudos, arroz con salsa de curry, queso chino al estilo japonés, verduras fritas, camarones envueltos en harina y otros platillos del Japón.
Precios : Entradas, entre ¢250 y ¢1.300; platos individuales, entre ¢350 y ¢1.200; platos completos (con arroz, sopa, ensalada y té), entre ¢1.250 y ¢1.600.
Tarjetas : Todas.
Correo electrónico : binbin@racsa.sol.co.cr