Hay momentos en la vida que se aferran a la mente para siempre. Y el doctor Isaías Salas Herrera, director del Centro Nacional de Control del Dolor, lo sabe muy bien.
Años atrás, mucho antes de especializarse en medicina paliativa y de convertirse en uno de los médicos que mejor domina este campo en el país, vio fallecer a una prima en medio de tremendos dolores producidos por un cáncer de mama con metástasis al hueso.
Los quejidos de su pariente aún le desgarran el alma, pues fue grande la frustración que sintieron él y sus familiares al no poder proporcionarle una muerte más digna dado que la seguridad social de aquel entonces no ofrecía facilidades.
Por eso, cuando en 1987 obtuvo una beca para realizar un posgrado en farmacología clínica, en la Universidad de Gales, en Gran Bretaña, este tilaranense se percató de que nada ocurre por azares del destino y que su misión en la vida sería ayudar a otros a manejar el dolor. En Europa, este tema estaba en boga y Salas aprovechó la oportunidad que le ofrecieron en el hospital San Bartolomé para formarse en esa área con pacientes oncológicos.
Sabía que al regresar a Costa Rica le correspondería emprender un camino empinado, ya que aquí muy pocas personas hablaban sobre cuidados paliativos. Era en el Hospital Nacional de Niños donde estaban dándose los primeros pasos en este sentido, bajo la conducción de la doctora Lisbeth Quesada Tristán, otro ángel para muchísimos padres de familia que han debido despedirse de sus hijos a causa de enfermedades terminales.
Infográfico: Señal de alerta
Lleno de ilusiones y con la esperanza de hacer algo por su país, Salas solicitó el apoyo del director del hospital Calderón Guardia, Luis Paulino Hernández, para iniciar en ese centro médico lo que sería la primera Clínica del Dolor para adultos, en 1991.
Así, dos días por semana, en una pequeña e incómoda oficina ubicada en la sección de consulta externa de la antigua clínica central, el médico se dio a la tarea de atender a personas con cáncer, al tiempo que emprendió toda una campaña para que sus colegas, enfermeras, pacientes y familiares, le perdieran el miedo a la morfina.
Recuerda que cada vez que hablaba sobre la necesidad de subir las dosis de esta droga o de incrementar el consumo de otros opiáceos, opioides, antiinflamatorios o esteroides, no faltaba quien lo viera como un "bicho raro". Incluso, según afirma, hubo enfermeras que se atrevieron a desacatar sus prescripciones, convencidas de que estaban librando a los pacientes de una muerte anticipada.
"Esos años fueron muy duros. Muchos me acusaron de intentar envenenar a la población nacional con tanta droga, porque el desconocimiento era enorme. Sin embargo, gracias a Dios, también encontré personas que creyeron en mí. Por eso, seguí adelante. Hoy, ya contamos con 26 Clínicas del Dolor en todo el territorio, una fundación y un Centro Nacional que trabaja muy bien desde 1999 y que atiende a más de 5.000 personas por año, no solo a enfermos de cáncer sino también a pacientes con otros padecimientos muy dolorosos", asegura el galeno, a quien la crítica nunca lo ha doblegado.
A tiempo completo. En Tilarán, la tierra que le vio crecer, algunos de sus profesores lo recuerdan como un alumno excepcional. "Era un muchacho calladito, pero muy inteligente. Siempre destacó por sus calificaciones y su manera de ser, tan respetuoso con los demás. Todas las mañanas venía en bus desde su pueblito de Los Ángeles y, aunque su familia tenía fincas ganaderas, nunca hizo alarde de su condición", asevera monseñor Héctor Morera Vega, obispo emérito de Tilarán, quien en los años 60, impartió clases de religión y psicología en el hoy colegio Maurilio Alvarado.
El prelado no exagera con respecto a la excelencia académica de Sayo (como lo llamaban con cariño en sus años mozos).
A punto de finalizar el décimo año, el aplicado estudiante recibió la buena noticia de que había obtenido una beca del American Field Service (AFS) y que viajaría a Michigan, Estados Unidos a realizar allí parte del high school.
Para orgullo de sus padres, Isaías Salas Vindas y Ana Lía Herrera Zúñiga, el mayor de sus cuatros hijos regresó con honores, al igual que lo hizo de vuelta al país al concluir la secundaria.
Las buenas notas también fueron la constante en la Universidad de Costa Rica (UCR), donde estudió medicina. Fue promedio de honor en cuatro de los seis años que duró la carrera.
Quizá por eso a nadie le extrañó que, al finalizar su servicio social en Nandayure, Salas consiguiera rápidamente una plaza como médico general en el hospital Calderón Guardia.
Entonces -como lo hace hoy- este saprissista y amante de la música clásica se levantaba muy temprano para dedicarse a sus pacientes hasta caer la tarde. En las noches se entregaba al estudio, decidido a sacar su maestría en ciencias médicas.
Luego le llegó la beca otorgada por el gobierno de Gran Bretaña para cursar una especialidad en Gales.
Se estableció allá con su esposa, Ivette Elizondo, a quien conocía desde niña, pues vivía a escasos 500 metros de su casa.
Esta mujer y su hijo, Isaías Guillermo, de 11 años, son quienes con mayor propiedad pueden hablar de la faceta humana de este catedrático de la UCR, un hombre obsesionado por el orden, los valores morales y el trabajo.
"Es muy fácil describir a Isaías. Es una persona diáfana y sensible. Se identifica con sus pacientes y sufre con ellos. No se enoja porque lo llamen a las 3 de la mañana para pedirle un consejo. Se tomó muy a pecho lo que le dijo su papá: si te vas a hacer médico tenés que serlo a tiempo completo", recalca Elizondo.
Alex Salazar Arroyo, vecino de Tibás, no la deja mentir. Hace dos años, cuando su madre falleció debido a un cáncer de cérvix con metástasis al pulmón, tuvo la oportunidad de conocer a Salas y al equipo de profesionales del Centro Nacional del Dolor.
"Todos estuvieron muy pendientes de mamá. Cuando ella no pudo movilizarse hasta el Calderón Guardia, el mismo doctor la visitaba en la casa. Nos dio su número de celular y lo podíamos llamar en cualquier momento. Recuerdo que un domingo, no le importó sacrificar su día de descanso y, con toda su familia llegó a atender a mi madre que estaba muy mal", rememora con profundo agradecimiento.
Huellas y sueños Cuando se le pregunta qué pacientes han dejado huella en su vida, responde con una vasta lista de historias. Sin embargo, la de un jovencito que sufría de un cáncer en los huesos aún lo derriba anímicamente.
Era un muchacho guanacasteco que, tras ser diagnosticado en fase terminal, fue abandonado por su madre en el hospital México. Una señora de León XIII que llegaba a ver a otro enfermo, se encariñó con él y decidió llevárselo a su humilde vivienda, mientras llegaba su muerte.
Cada vez que visitaba a aquella casa, relata Salas, su corazón se estremecía pues el dolor físico y emocional del muchachito se mitigaba con el amor de aquella sencilla mujer y sus hijos, quienes, hasta el último día lo atendieron como uno más de la familia.
Para sobreponerse a esta experiencia y a otros cientos de dramas que lo han impactado durante sus 28 años como médico, Salas aplica una fórmula que, dice, le ha funcionado muy bien: entregarse más a su trabajo.
La mística que impregna a su profesión lo ha hecho merecedor de reconocimientos nacionales e internacionales y le confiere el derecho de exigir mejoras en el campo de la medicina paliativa.
Él no se cansa de tejer proyectos. Además de sus continuos estudios -ahora está cursando una maestría en servicios de salud en la Universidad Estatal a Distancia-, Salas está abocado a lo que será, en un par de años, el nuevo edificio del Centro Nacional del Dolor. Estará en un terreno de 2.000 metros cuadrados, en el parqueo sur del Calderón Guardia.
"Allí sí que podremos atender a más pacientes y ofrecerles alternativas para que lleven una vida con calidad, a pesar del sufrimiento físico y emocional que les causan sus enfermedades", manifiesta Salas, convencido de que Costa Rica se merece ese legado.
Y es que, para él y para un ejército creciente de profesionales en salud que se le han ido sumando en esta cruzada, el dolor es inhumano y hay que dar una batalla sin tregua para someterlo.
Así opina sobre ciertos temas
1.
Dolor. "Es una experiencia con componentes físicos y emocionales, y debe ser tratado y controlado para que no afecte la calidad de vida de las personas".
2.
Muerte. "Es el proceso final que tienen todos los seres humanos. Es, a la vez, la oportunidad del descanso para entrar a la vida eterna".
3.
Eutanasia. "Nunca debería darse, porque eso significa que la medicina paliativa ha fracasado como un medio para mejorar la calidad de vida de los pacientes".
4.
Familia. "Es la razón de ser de todas las personas y el centro de la sociedad. Es también un bálsamo para los enfermos con dolores crónicos o en fase terminal".
5.
Seguridad social. "Una institución pilar que los costarricenses debemos defender a toda costa. Gracias a ella somos un país especial".
El dolor, sobre todo el crónico, puede alterar dramáticamente la calidad vida de las personas. La ciencia lucha por controlarlo.
Ivannia Varela Q.
Es, sin duda, una de las sensaciones humanas más desagradables. Y también una de las más temidas.
Desde tiempos remotos, los hombres han buscado cómo prevenir y tratar los dolores y, aunque es mucho lo que han logrado, el tema sigue atormentándolos.
En Costa Rica todavía se carece de un estudio nacional sobre prevalencia del dolor benigno, pero ya se sabe que es una de las quejas más comunes en las consultas médicas.
Por eso, entre el personal de salud existe hoy una mayor conciencia de que este síntoma debe mitigarse a toda costa, pues el dolor mina la calidad de vida de las personas, deprime su sistema inmunológico y causa estragos psicológicos, sociales y económicos de altísimos costos.
En Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que cada año se pierden $80.000 millones por incapacidades atribuidas al dolor.
De acuerdo con Isaías Salas Herrera, especialista en medicina del dolor, la reacción a esta desagradable sensación es subjetiva y varía de una persona a otra (todos tenemos un umbral distinto o diferente capacidad para soportar). Y por tal motivo, no puede afirmarse cuál enfermedad provoca los dolores más fuertes.
Sin embargo, se sabe que cuatro de cada diez personas con cáncer sufren de dolor en etapas tempranas de su afección, y el 75 por ciento lo padece en la fase terminal. Al parecer, los tumores en huesos y en el páncreas figuran entre los más dolorosos.
Si bien es cierto que esta sensación genera mucha angustia y temor, Herrera también sostiene que el dolor tiene su razón de ser. Se trata de un aviso que produce el cuerpo para prevenir males mayores o exigir una cura inmediata. Una fuerte opresión de pecho, podría alertar sobre la amenaza de un infarto.
Vivir sin dolor es una quimera que los científicos desearían alcanzar, pero, a la vez, esto podría convertirse en un arma de doble filo. En la literatura médica, se reportan casos de personas (menos del 1 por ciento de la población) que sufren de una extraña enfermedad congénita que les inhibe todo dolor. Por lo general, solo sobreviven hasta los diez años de edad pues llegan a complicarse por heridas, quemaduras o condiciones que nunca percibieron por la falta de la señal dolorosa.
Y es que, para experimentar este síntoma, lo primero que debe existir es un factor detonante que se encarga de activar todos los mecanismos en el cuerpo: las fibras nerviosas, la médula espinal, el cerebro y las sustancias analgésicas producidas por el organismo para bloquear el malestar. (Ver infográfico).
Algunas sutiles diferencias. Al comprender cómo se produce el dolor, también se puede visualizar mejor la diferencia entre un dolor agudo y uno crónico. De acuerdo con reportajes de BBC y el diario español El Mundo, el primero es aquel que tiene una evolución corta y, por lo general, se produce a raíz de un golpe, una herida o un problema de salud súbito, como una apendicitis. Casi siempre se acompaña de aumento de la presión arterial, sudoración, dilatación de pupilas, taquicardia y ansiedad.
El dolor crónico es el que se prolonga en el tiempo y permanece como una molestia continua. Resulta muy difícil de aliviar porque, al ser constante, el cuerpo termina agotando sus mecanismos para producir el efecto analgésico. Los pacientes en esta situación caen en depresión, lo cual empeora el cuadro.
Los enfermos con cáncer y ciertas enfermedades crónicas (algunos diabéticos, quienes sufren de herpes zoster o lesiones en los nervios) entienden de qué se está hablando. La mayoría requiere de ayuda farmacológica y psicológica permanente.
El dolor, afirma Salas Herrera, también puede catalogarse según su procedencia. En ese sentido, se puede hablar de dolor somático, que se produce por estímulos mecánicos (golpes) o químicos (quemaduras) y que se localiza en músculos, articulaciones, tendones u otras partes del cuerpo fáciles de señalar.
Está también el dolor visceral, que -como su nombre lo indica- se genera en algunas vísceras provistas con receptores del dolor como corazón e intestinos.
Muchas veces, es complicado descubrir la fuente exacta de dolor en las vísceras, ya que ese síntoma se puede extender a otras áreas. Así sucede con la angina de pecho, que se manifiesta también con sensaciones desagradables en la mandíbula, el hombro o el brazo izquierdo.
De igual manera, existen órganos que carecen de receptores del dolor, como el cerebro o el hígado y que, por lo tanto, no duelen por sí mismos. Cuando alguien se queja de dolor en esa zona, este se genera en las envolturas de tales órganos: las meninges y la cápsula hepática.
El otro tipo de dolor es el neuropático (producido por destrucción de los nervios), ya sea por arma de fuego, arma blanca, quemaduras o por un cáncer que ha arrasado con la mielina o envoltura de los nervios. Este, según los expertos, es muy difícil de controlar.
En la lista de dolores, los médicos destacan también los llamados dolores somatomorfos, que son simulados o inventados por el paciente para obtener una "ganancia" secundaria, ya sea económica o afectiva.
Entre los hallazgos que más han revolucionado la medicina paliativa en las últimas décadas, está el hecho de que el dolor no solo es un asunto físico.
A partir de los años 80, los médicos introdujeron el término de "dolor total", pues coinciden en que, además de los malestares orgánicos, hay que sumar factores emocionales y sociales.
Más allá de lo físico. El doctor Vladimir Carazo, especialista en medicina holística, sostiene que muchas veces las emociones no se expresan adecuadamente, por lo que el cuerpo termina sacándolas de alguna manera. Aunque todavía no existen evidencias contundentes, algunos opinan que la fibromialgia podría tener una raíz emocional.
"El estrés, la frustración, el miedo, la depresión, la angustia y otros sentimientos pueden hacer que el dolor se incremente y que la persona necesite otras terapias, más allá de la ayuda farmacológica", explicó Carazo.
Salas Herrera y otros expertos, coinciden con esta nueva visión. Por eso, en las clínicas del dolor y cuidados paliativos que funcionan en Costa Rica, se lucha por integrar dentro de los equipos de atención a psicólogos y trabajadores sociales. Lo mismo sucede en el Hospital Nacional de Niños.
En los últimos años, junto al arsenal de medicamentos, el Centro Nacional para el Control del Dolor ofrece a sus pacientes nuevos procedimientos como la utilización del rayo láser (ideal para la curación de nervios, heridas, úlceras e inflamaciones) y la magnetoterapia o terapia de imanes (recomendada para aliviar el tejido músculo-esquelético y enfermedades como la artritis rematoidea y la osteoartritis), detalló Karla Avadía, encargada de aplicar estos tratamientos.
Asimismo, un estudio efectuado hace un par de años en Alemania por el doctor Hans-Joachim Trampishc, de la Universidad de Ruhr, habla muy bien de la acupuntura para aliviar algunos dolores. En su investigación, nueve de cada diez individuos dijeron sentirse mucho mejor tras someterse a varias sesiones. Las dolencias en que hubo una respuesta más positiva fueron el dolor de espalda, las cefaleas y la artrosis de rodilla y cadera.
Las sesiones psicológicas grupales, cambios radicales en el estilo de vida, la hipnosis, la aromaterapia, la musicoterapia y las técnicas de relajación como yoga, taichi y meditación, también han aportado beneficios en el campo de la medicina paliativa.
Millones de personas en el mundo libran en este instante una batalla contra el dolor. Mas la ciencia sigue trabajando por aliviarlos.
Desde que los especialistas insisten en la necesidad de controlar el dolor, la oferta de productos farmacéuticos indicados para aliviar este síntoma ha crecido sin pausa.
Muchos de estos fármacos tienen efectos secundarios (dolor de estómago, sangrado, estreñimiento, náuseas, mareo, sueño) y, por lo tanto, siempre deben ser los médicos los responsables de prescribirlas.
Estos profesionales son, en realidad, quienes saben qué se debe utilizar en cada caso, pues todo depende del historial del paciente, el examen físico y el tipo de dolor. A continuación, los grupos de medicamentos más empleados:
1. Analgésicos no derivados del opio: En este grupo, sobresalen el acetaminofén o algunos antiinflamatorios no esteroideos como la aspirina y el ibuprofén. Algunos de estos fármacos son de venta libre y se recomiendan para tratar dolores moderados a severos.
2. Analgésicos opiáceos y opioides: Aquí destacan la morfina, la codeína, la metadona, el fentanilo, la oxicodona, el tramadol y otras sustancias derivadas del opio. Todos se dispensan con receta médica especial.
3. Coadyudantes: Son medicamentos no analgésicos pero que, combinados con otros fármacos, ayudan a controlar mejor el dolor. Entre ellos se encuentran:
a) Los esteroides, como la dexametazona, betametasona y prednisona.
b) Los neuromoduladores o anticonvulsivos, como la carbamazepina, la gabopentina y la fenitoina.
c) Algunos antidepresivos como amirpiptilina, imipramina y doxepina.
4. La nueva generación de fármacos: En la actualidad, los científicos están abocados a encontrar analgésicos más eficaces, específicos y que produzcan menos efectos secundarios que los usados hasta ahora.
En fase de investigación se encuentran algunas sustancias provenientes de la fauna marítima, de ciertas plantas del Amazonas y del veneno de algunas serpientes.
Junto a todos estos medicamentos, los especialistas también aplican otras técnicas con el propósito de controlar el dolor. Las más utilizadas son las siguientes:
Radioterapia: Este tratamiento proporciona alivio a los pacientes con ciertos tipos de cáncer porque reduce el tamaño de los tumores y esto hace que disminuya la presión sobre los huesos.
Medicamentos para bloquear los nervios: Se inyectan anestésicos locales alrededor del nervio afectado. Suelen aplicarse en un 20 por ciento de los casos, cuando la terapia farmacológica no surte efectos deseados.
Procedimientos neuroquirúrgicos: Se procede a cortar los nervios involucrados en el dolor que experimenta un determinado paciente.
Cirugía: Muchas veces se utiliza para tratar el dolor de algunos pacientes con cáncer, pues de esta forma se puede extraer un tumor.
Elaborado con información del doctor Isaías Salas Herrera y el sitio electrónico http://www.tuotromedico.com
Si la reacción natural de las personas es huir del dolor, ¿cómo explicar el caso de los masoquistas, individuos que parecen encontrar placer en una amplia gama de sensaciones dolorosas?
Para el médico y sexólogo Eduardo Ruiz Munguía, del Instituto Integral de Salud Familiar, "muchas veces las cosas no son lo que parecen" pues, muy en el fondo, algunas de las personas que muestran estas conductas no necesariamente disfrutan del dolor.
Los masoquistas han crecido en una sociedad enferma desde el punto de vista sexual, en la cual han aprendido, erróneamente, a relacionar el erotismo con la maldad, la perversión y la agresión.
"Estos sujetos llegan a neurotizarse a tal grado que piensan que, únicamente exponiéndose a fuentes de dolor o de violencia, pueden obtener placer sexual.
"Pero están equivocados. Lo que les pasa es que probablemente sufren de un serio problema de autoestima y creen no ser merecedores de un buen trato.
"Algunos hasta podrían llegar a concluir que es mejor sentir dolor que no sentir nada", asevera el especialista.