Walter Flores es un hombre de pocas palabras. Por suerte -y por dicha- en el campo de la música es un gran orador, tanto, que Rubén Blades lo hizo una pieza fundamental del disco Tiempos, esa producción que el miércoles 23 de febrero fue ganadora del premio Grammy a la Mejor Interpretación Pop Latina.
De los 14 temas de ese disco, uno es original de Walter -Mar del Sur, la "obertura"Ð y cinco fueron arreglados por él. Al resto le dieron forma Arturo Ortíz, Edín Solís y Carlos Vargas (guitarrista y percusionista, respectivamente, de éditus).
Músicos y productores costarricenses aseguran que si hay alguien responsable de ese sonido particular que tiene Tiempos, ese es Walter, y por supuesto la gente de éditus.
"Para mí, él fue el músico visionario del disco de Rubén; Tiempos tiene el sello de Walter, ese eclecticismo bien logrado, esa versatilidad", afirmó Patricio Torres, cantautor ecuatoriano que desde hace 10 años vive en el país.
"Lo más importante en Walter es que como arreglista y compositor tiene un estilo muy particular, muy de él. Hoy se estandariza el sonido, todos los arreglistas usan las mismas fórmulas, Walter, en cambio, explora, busca y va más allá", dijo Edín Solís.
"Me gusta inventar un ritmo y hacer combinaciones poco usuales, como mezclar un ritmo sudamericano con algún instrumento asiático, o jazz con música clásica...", confesó Walter.
El todo por el todo
A Walter le cuesta salirse de su pellejo y poder verse con ojos de observador. Pero una cosa tiene clara y segura: es músico por los cuatro costados, a todo lo largo, al revés y al derecho, dormido o despierto, en el país o fuera de él.
"Desde niño supe que me iba a dedicar a esto. ¡Nunca he pensado en otra cosa que no sea la música! -dice Walter, mira fijamente, hace una pausa breve pero profunda y continúa- Yo ya no podría pensar en otra cosa, soy músico, es mi mundo y solo eso es lo que sé hacer."
Pero tanta pasión tiene un precio. A veces, la soledad.
"Yo casi no tengo amigos. Desde que entré a estudiar música tuve que dejar de salir con los amigos del barrio. Llegaba a la casa y tenía que hacer tareas y practicar. Y cuando terminé de estudiar, en las noches tocaba hasta la madrugada y a las 7 a. m. ya tenía que estar en la universidad. Así he pasado toda mi vida y no me arrepiento."
Está sentado en medio de un pequeño cuarto de su casa en Guadalupe, ese mismo que le sirve de cueva para trabajar. A sus espaldas, y sobre un escritorio ordinario, reposa el equipo de computación con el cual compone; a sus costados dos teclados que se cruzan, posters de festivales de jazz -incluyendo alguno de la gira de Tiempos en Europa-, una cama que hace las veces de sofá, libros y muchos chanchos de peluche, trapo o cualquier otro material llenan su espacio.
Recuerda que ha hecho lo mismo música para comerciales, como grabaciones para grupos. Y que fue en el disco Calle del Viento, donde Walter tuvo un papel protagonista, el que despertó en Blades el interés porque él fuera parte de Tiempos.
"Rubén escuchó el disco y me dijo que el quería un material que sonara así, con la esencia de éditus. Yo podía haber copiado el estilo de Juan Luis Guerra o de Oscar D' León, pero decidimos hacer un disco honesto donde cada músico tocó como lo sabe hacer."
En escena
Guarda el pasado -y probablemente guardará el futuro- en varios álbumes fotográficos o en carpetas que todavía no ha ordenado. Ahí tiene recortes de lo que se haya publicado sobre sus trabajos en la música popular, al lado del Sexteto de Jazz Latino -del cual forma parte desde que el grupo no tenía ni ese nombre-, y, por supuesto, de su quehacer en Tiempos.
él también fue el pianista de Rubén Blades en ese disco y como parte del Sexteto se mandó de gira con el panameño y con éditus. Fue a tocar a Europa, Estados Unidos, Centroamérica y Suramérica.
Empezó sus estudios musicales a los cinco años de edad. La casualidad no tiene nada que ver, es que sus genes están contaminados con el arte.
Su padre, Walter Flores, era el pianista del grupo Taboga Band y el fundador de la Orquesta Siguaray, su tío Willie Flores y su primo Luigi Flores también son músicos de la Taboga y su tía, Elsa Flores, es una destacada coreógrafa y bailarina de danza moderna.
"Recuerdo que era muy pequeño y mi papá tenía el piano en la casa. Entonces yo conectaba un micrófono a una grabadora, le ponía play y comenzaba a componer. Usaba el sillón como si fuera una batería y así hacía canciones, para entonces ya tocaba la flauta también", narró Walter.
El Conservatorio Castella fue su incubadora. Ahí se encontró con Carlos Vargas, Lalo Rojas, Carlo Magno y Ramsés Araya, con quienes formó el Sexteto de Jazz, que en aquella época ni soñaba con llamarse así.
En 1987, cuando tenía 16 años, Walter dirigía una orquesta del Castella. Ya componía música para teatro, para danza, estaba absolutamente enamorado del jazz y encima ya comenzaba a trabajar como pianista en Taboga Band y en el grupo Expresso.
Del Castella y de la Escuela de Música de la Universidad de Costa Rica, Walter se graduó en piano clásico. Fue alumno en la Manhattan School of Music, en Nueva York y luego en el Berklee College of Boston, una de las academias de música más importantes del mundo.
Walter ha sido desde arreglista hasta productor de discos, como Al ritmo de los santos, de Patricia Saravia; ha sido pianista de Adrián Goizueta y el grupo Experimental.
Ha compartido el escenario con Abraham Laboriel, Ignacio Berroa, Diego Urcola, Paquito D«Rivera, Víctor Mendoza, Tania Libertad, Marc Quiñones y Justo Almario entre otros.
Ahora que pronto cumplirá 29 años, tiene claro que seguirá trabajando para otros, pero que ya es tiempo de hacer algo por sí mismo.
"Mi pasión siempre ha sido el jazz. Yo sueño con hacer algo para mí, con grabar un disco con mi música, espero que eso algún día se me cumpla."