Waris Dirie, modelo de la firma de cosméticos Revlon, tenía cuatro años cuando sus padres entraron en su habitación por la noche y le dijeron: "Tienes algo malo entre las piernas que debemos quitar".
Dirie, que procede de una comunidad nómada de Somalia y ha decidido luchar contra la terrible práctica que sufrió aquella noche, la remoción quirúrgica del clítoris. Acaba de ser nombrada, por el Fondo de Naciones Unidas para la Población (UNFPA), como su embajadora especial contra la mutilación genital femenina.
La madre vendó los ojos de la pequeña Dirie y la sujetó mientras le seccionaba el clítoris con una hoja de afeitar sin desinfectar. La hija mordió un trozo de tela, mientras intentaba soportar el dolor.
El mismo procedimiento, asegura Dirie, mató a su hermana, al igual que a muchas otras niñas de Somalia que murieron desangradas o por posterior infección.
La nueva embajadora viajará a muchos de los 28 países, en especial de África, donde la mutilación femenina aún se práctica, y promoverá planes de enseñanza y programas que pongan fin al procedimiento. "Haré todo lo que pueda para terminar con esto", recalcó Dirie.
Su tarea es inmensa. El UNFPA supone que cerca de 130 millones de mujeres de todo el mundo sufrieron mutilación genital y que dos millones de niñas soportan el procedimiento cada año.
Un mal enorme
La mutilación genital femenina es un procedimiento doloroso e innecesario que deja a las mujeres con secuelas de por vida, denunció Nafis Sadik, directora ejecutiva de UNFPA.
El procedimiento "expone a las jóvenes a la infección y puede provocar graves heridas, incluso la muerte, y dañar el bienestar sicológico, social y sexual de la persona", advirtió.
Además, la mutilación se practica en silencio. La sociedad tradicional somalí se opone a que las mujeres discutan sobre ella o sobre la sexualidad en general. "Nadie habla del asunto. Solo ocurre, pero le pasa a todas las mujeres", explicó Dirie.
La embajadora ni siquiera sabía que existían sitios en el mundo donde no se practicara la mutilación genital femenina hasta que abandonó su casa a los 13 años para escapar de un matrimonio arreglado.
Sadik espera que el nombramiento de Dirie fomente la discusión de la mutilación genital, en especial en las sociedades tradicionales donde el procedimiento sigue practicándose.
"Las leyes no modificarán la situación en gran medida. Lo que se necesita es cambiar las normas sociales", afirmó Sadik mientras explicaba que la mutilación genital aún persiste en países que aprobaron legislación que la prohíbe.
El cambio de las tradiciones será difícil. Dirie sostiene que, en Somalia, muchas madres realizan esa "circuncisión" a sus hijas por voluntad propia, y que muchas niñas la aceptan para evitar que las consideren "incasables" o las marginen de los demás.
Para la sociedad, el asunto se relaciona con la propiedad. Un hombre explicó a Dirie que, así como no dejaría abiertas las puertas de su casa, tampoco se casaría con una mujer que no estuviera mutilada.
"Por desgracia, los hombres hacen las tradiciones", arguyó Dirie. En algunas zonas, musulmanes y cristianos también toleran la práctica, aunque "no tiene nada que ver con la religión, ni consta en el Corán", afirmó.
La costumbre se extiende desde el Cuerno de África hasta la costa occidental del continente, y a países de otras regiones, como Yemen, Omán, Indonesia y Malasia.
La forma más brutal del procedimiento es conocida como "infibulación" e implica la remoción de los órganos genitales externos y la sutura de la apertura vaginal.
La infibulación es habitual en Djibouti, Somalia y Sudán, y se informó de su existencia en Egipto, Eritrea, Etiopía, Kenia, Malí y Nigeria.
Un paso
Muchos de los países donde la práctica es habitual emprendieron programas de educación sobre el peligro que esta tradición conlleva para la salud. Egipto, Malí, Mauritania y Senegal, entre otros, formaron grupos de trabajo o planes regionales para erradicar la mutilación genital.
Desde 1995, la agencia de la ONU ayudó a promover un programa en el distrito de Kapchorwa, en Uganda, donde se persuadió a ancianos y líderes de la comunidad de adoptar una ceremonia de maduración alternativa en que la ofrenda simbólica de obsequios reemplaza a la "circuncisión".
La mutilación genital femenina disminuyó 36 por ciento en Uganda oriental entre 1994 y 1996, aseguró UNFPA.
Dirie afirma que en las sociedades del Cercano Oriente y África que visite se concentrará en los problemas que el procedimiento provoca a la salud pública, porque está consciente de la reticencia cultural que existe para hablar sobre el asunto.
La nueva embajadora recuerda que cuando era joven,"no podía hablar de hombres ni de sexo", y agrega que ahora discutirá la cuestión porque el silencio permite que continúe el terror que sufrió de niña.