Todo lo cantan en su idioma original desde Serrat a Perales y desde Charles Aznavour a Neil Young pero hay acentos que los delatan. Posiblemente Jean-Marc Perret y Denis Glock sean los únicos trovadores de toda la región que cantan en tres idiomas (francés, español e inglés) pero no hay forma de ocultar que Los Franchutes son franceses por los cuatro costados. ¿Cómo se explica si no que, en vez de cantar lo que les de la gana, tengan la gentileza de ofrecer un menú?
Las noches de los sábados, durante dos horas de concierto, Perret y Glock pasan a mejor vida. A partir de las 8 de la noche, en el cálido rincón de una pizzería, los hábitos diurnos del artesano y del profesor escolar quedan sepultados por las guitarras de Los Franchutes y su repertorio de más de 150 canciones.
Ejecutada a cuatro manos, dos gargantas y tres lenguas, la música los ha hecho amigos inseparables e intérpretes agradecidos, que ven en el contacto con el público una adicción difícil de superar y por la que están dispuestos, según se ve, a llevar un ritmo agotador.
"No tenemos tiempo de componer porque cada 15 días nos tenemos que aprender una nueva canción", dice Perret. "Es una pasión", aclara Glock, antes de que alguien les vea cara de sacrificio. "Es bueno porque así uno no se aburre ni aburre a los clientes", agrega.
Sin más aditamentos que un par de guitarras acústicas, Los Franchutes cultivan con esmero un estilo suave que se adapta a cualquier conversación ajena. "Vamos por la variedad de las canciones, para complacer a todo el mundo. Hay movidas pero no de bulla", afirma Perret. "No nos da la guitarra para hacer distorsiones", explica Glock, consciente de que alguna vez se han echado una balada de Scorpion o Rolling Stones y de que no estaría mal volver a repetirlo.
Durante sus presentaciones, el menú que hacen circular ofrece un listado de compositores en los tres idiomas y, de ellos, el público puede pedir gustos. Si se saben la canción, Los Franchutes la incluyen inmediatamente en el programa de la noche pero, si no, lo más probable es que corran hasta su casa a aprendérsela.
En español, aparecen más de 20 nombres, en inglés, 5 y, en francés, más de 15. Hace poco hicieron un listado de todo lo que se sabían y los números se subieron por las paredes, lo cual se explica, entre otras cosas, porque Perret y Glock llevan 14 años cantando juntos. "Es una linda amistad que perdura en la música", enfatizan.
Revolución francesa
Al principio, juntar sus guitarras los hizo más amigos de sus amigos pues invirtieron la mitad de esos años amenizando fiestas, reuniones y todo tipo de parrandas privadas.
Se conocieron cuando Perret era un recién llegado, Denis Glock ya tenía varios años de ejercer su profesión como maestro de primer grado y Costa Rica se disponía entrar a la década del 90.
Durante un buen puño de años se la pasaron camuflados en una discreta esquina de la crepería Cocorico Verde, en San Pedro, hasta que tuvieron que emigrar por razones municipales: los vecinos y los permisos no estaban preparados aún para su música. "Cantábamos muy pocas canciones en español; algo de Víctor Jara y un poco de duerme negrito y cosas así", narra Denis. "Era practicar pero con público; algo muy reservado", recuerda Perret.
En ese entonces no estaban bautizados y la gente los conocía con la misma mesura con que ellos se hacían propaganda, con una lata al lado para las contribuciones. "En el primer menú decía: si la canción le gusta, puede colaborar . El guachimán ganaba más que nosotros".
Fue como en 1995 cuando empezaron a cantar en público con más regularidad, pese a la genuina timidez de Perret. En esas épocas, Jean-Marc tocaba guitarra pero no cantaba, hasta que su voz fue abriéndose paso poco a poco.
El título de Los Franchutes vino a salir hasta el 2001 de forma muy espontánea de la garganta de Denis. Fue durante una fiesta de vinos llamada Beaujolais Nouveau , cuando el presentador de la noche se quedó mudo en el instante en que decía: "...y ahora con ustedes, el dúo... el dúo..." y el ingenio de Glock dio la cara por los músicos.
Desde entonces, han tocado en una amplia gama de auditorios sin despreciar nunca las históricas parrandas privadas pero con una experiencia musical mucho más atractiva para otros públicos.